Una vecina de Vila-seca denuncia hasta 14 veces a un examigo por acoso

La mujer, de 47 años, asegura que el hombre habría quebrantado por novena vez la orden de alejamiento

Carmina Marsinach

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Ana María mostrando la última denuncia que interpuso a un examigo por acoso. FOTO: Fabián Acidres

Ana María mostrando la última denuncia que interpuso a un examigo por acoso. FOTO: Fabián Acidres

Ana María está viviendo un calvario. Esta vecina de Vila-seca de 47 años lleva un año y medio sufriendo el acoso de un examigo. Según explica, en esta relación no hubo más que amistad. Ha denunciado los hechos hasta en 14 ocasiones. La última denuncia la puso este pasado domingo, después de que el hombre se hubiera saltado por novena vez la orden de alejamiento. 

Esta persona la conoció a través de una amistad común. Según la afectada, iban quedando de vez en cuando pero no tuvieron ninguna relación especial: «Alguna vez me había pedido de salir, pero yo siempre fui muy clara: no»

Pero llegó un momento en que su amistad se enrareció. Él empezó a reprocharle por qué no le hablaba por WhatsApp cuando ella estaba en línea o por qué no le respondía los mensajes. Al principio le pedía perdón y rectificaba pero se repitió en distintas ocasiones y ella decidió cortar el contacto con él «porque no lo entendía». Lo bloqueó de su móvil y decidió no verlo más

A principios del 2018 se lo iba encontrando en muchos sitos a pesar de que él vive en Torredembarra. Y en febrero de este mismo año Ana María vivió una de las situaciones más desagradables. Sobre las ocho de la tarde empezó a oír que llamaban muy fuerte a la puerta. Primero pensó que le pasaba algo a algún vecino y salió para socorrerle.

Pero se encontró a su examigo, que siguió reprochándole que ya no le escribiera. Entonces ella intentó cerrar la puerta, pero él entró en su casa. «No me agredió físicamente pero no había manera de sacarlo de allí», explica. Al verse acorralada en el recibidor llamó al 112 y se puso a gritar para ver si conseguía ayuda. Cuando uno de los vecinos apareció, su examigo se marchó pero la Policia pudo identificarle. 

En aquel momento ella no lo denunció. Pensaba que se terminaría aquí, pero no. Se lo encontraba en todas partes, ya fuera en la playa, en el supermercado o bien en el gimnasio. Hasta que en julio Ana María dijo basta y presentó su primera denuncia por acoso. 

Él quería tener más que una relación de amistad, pero ella le había dicho que no 

«Me está ocasionando un estado de alerta y un estado de ansiedad. Y todo te asusta (...) un mes lo aguantas porque piensas que se le pasará, pero ya no puedo más (...) No es un daño físico, porque no me está agrediendo, pero me hace daño psicológicamente», asegura la afectada, que señala que el «acoso es duro, pero el proceso de denuncias y juicios es aún más duro». 

Ahora está en tratamiento psicológico y con la ayuda de los profesionales del SIE (Servei d’Atenció Especialitzada) para mujeres que han sufrido violencia de género. 
Ana María lamenta que en su caso, al no tratarse de su expareja, desde el juzgado no lo consideran violencia de género y se encuentra con que no tiene derecho a un abogado de oficio ni tampoco a una psicóloga. Pero por contra, al denunciado sí se le asigna un abogado de oficio. 

En una de las denuncias pidió una abogado alegando que ella era la víctima y se encontraba en situación de indefensión, ya que no puede pagarse a un letrado. Y se lo concedieron de forma excepcional durante unos meses.

En una ocasión, su examigo también siguió a un chico con el que ella había ido al cine. Resulta que era Policía Nacional, se dio cuenta y lo denunció. Esta denuncia se juntó con las de Ana María y tras celebrarse el juicio, se le concedió al fin la orden de alejamiento.

Pero mientras la sentencia no fue firme, el juez ordenó como medida cautelar una orden de alejamiento de 300 metros. Pero el hombre se saltó en ocho ocasiones la orden. Pero tan sólo fue penalizado cuatro de estas veces en las que ella pudo demostrarlo con testigos. Le sancionaron con multas de entre 700 y más de 1.000 euros. 

La orden de alejamiento no fue firme hasta este último mes de marzo. Y la semana pasada hubo otro quebrantamiento. Hoy tiene que celebrarse el juicio rápido de esta última denuncia. Y ahora ella vuelve a estar sin abogado. 

«Estoy agotada. Esto es el cuento de nunca acabar (...) Parece que hasta que no pase algo, no van a hacer nada», dice ella. 

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