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Vecinos de Cambrils, hartos de vivir con malos olores de aguas residuales

Los residentes en el edificio Antinea 2 de la avenida Diputació afirman que llevan años con esta problemática. Si no lo solucionan ya, dicen que presentarán una demanda por la vía judicial
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Antonio Dorado y Pere Nat, vecinos de esta zona junto a la avenida Diputació, mostrando la estación. Foto: Pere Ferré

Antonio Dorado y Pere Nat, vecinos de esta zona junto a la avenida Diputació, mostrando la estación. Foto: Pere Ferré

Vecinos de Cambrils llevan años conviviendo con los malos olores de las aguas residuales. Viven en el edificio Antinea 2 -ubicado en la avenida Diputació-, y justo al lado tienen una estación de bombeo. Creen que ha quedado pequeña y que los problemas de los olores se producen casi a diario, dependiendo de las condiciones climáticas. Llevan desde 2007 reivindicando una solución. Y todavía hoy siguen esperando.

«Nos hemos quejado a todas las administraciones. Se pasan la pelota unos a otros. Estamos en 2015 y la situación es cada vez peor», lamenta Josep Maria Giné, presidente de la comunidad de propietarios. La última reclamación la realizaron el pasado julio. Explican que remitieron un escrito a la empresa Comaigua pidiendo una vez más que actuara para arreglar el problema. «Nos comunicaron que lo trasladaban al departamento correspondiente. Pero no hemos sabido nada más.No tenemos por qué aguantar esto, y mucho menos durante tanto tiempo. La situación, insostenible», lamenta Giné. Los vecinos afectados afirman que han pasado por el Ayuntamiento, el Consell Comarcal y la Generalitat, y dicen que de momento «la vía administrativa no nos ha servido de nada».

 

Recurrir a la vía judicial

Los residentes en el edificio Antinea 2 aseguran que no están dispuestos a esperar más. Por ello, «si no hacen las obras correspondientes para poner fin a esta situación, presentaremos una demanda por la vía judicial», apunta Giné, quien asegura que están dispuestos a llegar «hasta donde sea necesario», aunque todavía tiene esperanzas de no tener que llegar hasta aquí.

Pere Nat es otro de los afectados. Su terraza da directamente a la calle donde está la estación de aguas fecales. «No puedo ni invitar a mi familia. Huele tan mal que me daría vergüenza», apunta. Nat insiste en que no es un problema puntual, sino que se repite a menudo, y cuando pasa dura varias horas. «Esto es un desastre», añade.

«Aquí hay 48 apartamentos, un restaurante, un hotel... Y nos preocupa también que todo esto pueda convertirse en un problema de insalubridad para los niños. Deberían venir a hacer una inspección», apunta otro vecino, Antonio Dorado. El restaurante, por su parte, tiene una terraza a primera línea de mar, pero muy cerca de la estación. Y los clientes se quejan muy a menudo de los malos olores.

La temporada turística ya ha entrado en su recta final. Pero los vecinos no quieren dejar el caso en un cajón. «El problema en octubre acabará, pero volverá el año que viene, así que deberían hacer algo durante el año», señala el presidente de la comunidad de propietarios.

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