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De Calafell a ser los vecinos 90 y 91 de Chía

Reportaje. Dos vecinos apuestan por un cambio de vida y se lanzan a llevar el bar que quedaba vacío en un pequeño pueblo del valle de Benasque en Huesca

| Actualizado a 24 enero 2023 16:22
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Son decisiones que se forjan a fuego lento, explica Itziar. «Al relentí». Porque Itziar y su marido Fran conocieron el Calafell desde hace décadas. De cuando se iba en bicicleta y se jugaba en la playa. «Aquel Calafell en el que se conocían todos» y que decora los recuerdos de la infancia.

Pero aquel Calafell quedó muy atrás. «Ya poca cosa nos ligaba tanto a Calafell». La fragua iba moldeando la idea.

La pareja optó por un giro de vida. De esos que muchos piensan y pocos cumplen. Fran e Iitziar se aventuraron a llevar el bar de Chía, un pequeño pueblo en el valle de Benasque. El bar quedaba vacío y el Ayuntamiento sacó a concesión el local y la vivienda.

Abuelos y niños

Al empadronarse la pareja, la localidad se acercó al centenar de habitantes. En un pueblo de cien residentes todo el año el bar es más que eso. «Los abuelos vienen a charlar y a jugar a las cartas, a la botifarra y al guiñote, a leer y a hablar. Y los niños al Monopoly. Es un punto de encuentro». El club social sobre todo cuando el invierno dicta las normas.

$!De Calafell a ser los vecinos 90 y 91 de Chía

Y de servicio. Fran e Itziar tienen en su Serreta de Chía un pequeño colmado de productos no perecederos «para que cuando nieva los vecinos no tengan que ir al pueblo de abajo». Chía está a 13 kilómetros de Cerler y cuando nieva, nieva.

Trabajaron en la hostelería en Calafell. «Sabemos de qué va, pero decidimos montar algo propio y salió la oportunidad». Itiziar ya conocía el valle de Benasque, donde iba con su familia. Su padre, aparejador, hizo la plaza del pueblo.

«Hablaba mucho a Fran del valle y cuando lo conoció se enamoró».

Ahora o nunca

El cambio ha sido total. «Pero era ahora o nunca». Y esa sensación de que, de no haberlo hecho, algún día se hubiese lamentado. «En muchos momentos nos acordamos de Calafell, pero tocaba un cambio. Cambiar de aires y hacer nuestra la posibilidad de ir a otro sitio».

$!La pareja explica que el cambio ha sido total.

Y muy diferente. De un lugar de costa que no deja de crecer a un pueblo de montaña que marca el bioritmo más natural. Itziar explica que «hemos sido muy bien acogidos. Los vecinos nos traían verduras. El cariño ha sido brutal. Todo el pueblo es como una familia».

A pesar de ser un centenar de habitantes, no se para. La proximidad de las pistas de esquí, las segundas residencias, la temporada de caza, las rutas de senderismo, de 4x4... «Siempre hay actividad».

En la Serreta de Chía el fuego mece la sopa de recao con judías secas, patatas y arroz, los huevos rotos, las calderetas de corzo o ciervo en la época de caza... «Cuando vamos al mercado los vecinos nos piden que les subamos algo de fruta o de carne y se lo llevamos a casa». Porque «aquí somos una familia».

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