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Ana Lena Rivera: «Dinero y poder son los grandes motores delictivos»

La escritora asturiana es la nueva dama del crimen. En su tercer caso 'Los muertos no saben nadar', la investigadora Gracia San Sebastián se verá inmersa en un fraude a escala internacional con consecuencias mortales.

Gloria Aznar

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La escritora Ana Lena Rivera.

La escritora Ana Lena Rivera.

Un brazo amputado en una playa es el detonante. Pocos días después, un cuerpo mutilado en un barco... La investigadora de fraudes fiscales Gracia San Sebastián se estrena como colaboradora policial en su tercer caso Los muertos no saben nadar (Ediciones Maeva/Maeva Noir), en la nueva novela de Ana Lena Rivera. «Un thriller con un ritmo trepidante, aunque con sus puntos de humor», como explica su autora. Asimismo, aunque es el tercer caso de la serie, son novelas autoconcluyentes con una detective, eso sí, que va evolucionando en su faceta más personal.

Aunque de Oviedo, Ana Lena Rivera ha tenido relación con la provincia de Tarragona tanto a nivel personal como profesional. «Solíamos escaparnos todos los años por vacaciones para visitar la zona histórica y también viajaba al polo petroquímico por trabajo, cuando aún no me dedicaba a escribir», cuenta Lena. Y por supuesto «para comer calçots». Ahora, mientras no se pueda producir un encuentro presencial, los lectores tarraconenses aguardan a Ana con su nuevo relato.

Los investigadores de la Seguridad Social y del fraude no son muy bien acogidos por la sociedad.
Hacen su labor. Ellos luchan contra el fraude contra las arcas públicas, que al final es un dinero de todos. Pero yo creo que la protagonista, Gracia San Sebastián, es bastante popular entre los lectores. La gente se identifica con ella precisamente porque es normal, dentro de lo que es el trabajo. Es una persona con un entorno que puede tener cualquiera, con una familia, con amigos, muy alejada del típico detective o policía que suele aparecer en la novela negra.

Lo que sí tiene son muchos problemas sentimentales.
En este tercer libro sí.

Gracia San Sebastián está muy alejada del típico detective o policía que suele aparecer en la novela negra.

El fisco recorre toda la novela.
El dinero es lo que mueve la mayor parte de los delitos, mueve muchas de las actuaciones humanas. Al final es un gran motor, mucho más que la venganza, incluso o que los celos. Los seres humanos somos más fríos de lo que parece a veces en las novelas.

¿El dinero más que la venganza?
Yo creo que sí, que el dinero y el poder son los grandes motores, por lo menos de la parte delictiva. La venganza supone meterse en un problema una vez que la cosa está ya hecha y no tiene más remedio. Cualquier persona madura no es vengativa, pero el dinero sí que es muy goloso.

En cuanto al titular, los muertos no saben nadar, sobre todo si llegan a la playa a trocitos.
El título viene porque ella está investigando un caso de fraude internacional por encargo de la policía, un tema de inversiones inmobiliarias. Entonces, el brazo del director financiero de la empresa que ella está investigando aparece en la playa de Gijón, luego aparece un trozo de pierna en otra playa y por último aparece el cadáver vestidito, seco y acostado en el barco de unos empresarios de Gijón. Es evidente que alguien lo ha colocado allí porque los muertos no saben nadar.

Y con la corrupción que tenemos aquí, se ha ido al Este.
Porque esto está basado en empresas que existen en realidad. No porque sean tapaderas de blanqueo de capitales, sino porque la inversión inmobiliaria internacional ahora es un sector al alza.

Los seres humanos somos más fríos de lo que parece a veces en las novelas.

¿Es fácil entrar?
Se puede acceder relativamente con poca cantidad. Son empresas que recaudan dinero de inversores particulares, a lo mejor puedes entrar con 15.000 o 20.000 euros, y lo que hacen es que invierten en propiedades en países en los que en este momento el sector inmobiliario está emergiendo y está subiendo el precio. Inversiones rentables a las que uno solo, como particular, pues no accede. En Angola, en Rumanía o en Moldavia. Por eso lo trasladé ahí porque hay mucha inversión inmobiliaria en este momento en Rumanía. Vi una de estas empresas y empecé a preguntar cómo funcionaban.

¿Son seguras?
Me advirtieron de que tuviera cuidado. No por blanqueo, sino porque hay mucho riesgo. No tienes ninguna garantía realmente. No hay un tope, por lo que se podría perder todo si las cosas fueran mal. Son empresas que parecen seguras, pero que después no lo son tanto. Y a partir de ahí empecé a montar un modelo de cómo podría ser un blanqueo de capitales en el sector.

¿Cree que cuando hay una pérdida de un hijo es insuperable como pareja?
No. Creo que hay parejas que lo pueden superar y parejas que no. Depende mucho de cómo uno viva el dolor. El caso de Gracia y su marido, de Jorge, es que cada uno lo procesa de un modo diferente. Ella necesita hablar del tema, necesita sacarlo, necesita poner fotos en su casa. Y él intenta dejarlo atrás, empezar de cero y no volver a hablar de nada. Entonces, llega un momento que esa falta de comunicación los separa. La pérdida del hijo es el detonante. Pero claro que hay parejas que lo pueden superar. En general me parece una tragedia tremenda, no ya como pareja, sino como persona. Posiblemente es de lo más difícil que uno pueda tener que superar en la vida. 

¿Considera a Jorge machista?
No sé si es machista, pero sí que es superegoísta, es muy egocéntrico. El novio de Gracia, Rodrigo, va de prepotente, pero el prepotente de verdad, el interiormente prepotente es el marido. Él piensa en él y luego en los demás. Todo gira a su alrededor.

La trama está basada en empresas que existen en realidad. No porque sean tapaderas de blanqueo de capitales, sino porque la inversión inmobiliaria internacional es un sector al alza.

Usted era directiva en una multinacional. ¿Cómo empezó en esta aventura literaria?
Yo llevaba toda la vida queriendo escribir, de pequeña decía que quería ser detective y escritora. Pero era la época de estudiar una carrera que tuviera salida, por lo que me vine a Madrid y estudié Derecho y Administración de empresas y cuando terminé, me puse a trabajar. Fueron pasando los años y no tenía la oportunidad porque son trabajos de muchas horas y mucho estrés y no tenía tiempo para ponerme a escribir y concentrarme. Lo que sí que hice fue ir formándome en la escuela de escritores, que tiene un campus online y empecé con cursos pequeños hasta que al final hice el máster de novela. Pero me quedé embarazada, ya pasados los 40 y fue un embarazo de riesgo. Me mandaron para casa y además sin teléfono y sin conexión. Cero estrés.

¿Fue su momento?
Pues llegué a casa un poco desconcertada, pero me puse a escribir porque con algo tenía que ocupar el tiempo. Me gusta mucho y le dedicaba muchísimas horas al día. Terminé la novela tres días antes de dar a luz y durante la baja maternal fui barruntando, me fui haciendo mi plan de negocio y de proyecto y al final di el salto. Y ya no volví. Es muy distinto levantarte todas las mañanas con la ilusión de ponerte a trabajar porque te gusta tanto lo que estás haciendo que lo que quieres es que suene el despertador. Saltas de la cama con una sonrisa. Es muy distinto a cuando tienes un trabajo y piensas ¡uf, lunes!

Le avala el Premio Torrente Ballester.
Vino mucho después de que tomara la decisión. La misma semana del Torrente Ballester por Lo que callan los muertos, tuve la respuesta de la editorial para publicarla. Yo en ese momento ya estaba escribiendo la segunda, Un asesino en tu sombra. Los inicios son muy complicados.

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