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Arturo San Agustín: «Sin determinadas mujeres, el Vaticano, tal como lo conocemos, ya no existiría»

El periodista y escritor rinde homenaje a cantantes, actores, actrices y músicos italianos en 'Amanecer en el Gianicolo', publicado por Catedral Llibres.

Gloria Aznar

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El periodista y escritor Arturo San Agustín. Foto: cedida

El periodista y escritor Arturo San Agustín. Foto: cedida

Arturo San Agustín es periodista y escritor. Ha sido entrevistador, columnista y cronista en 'El Periódico de Catalunya' y actualmente escribe en 'La Vanguardia'. Ha publicado Tras el Portón de Bronce y Mis días terrenales. Su última obra es Amanecer en el Gianicolo (Catedral Llibres. Grup Enciclopèdia), donde rinde homenaje a su Roma más personal, la de los adoquines y las canciones populares, la del cine y las terrazas nocturnas. Una ciudad poblada de recuerdos, sensaciones y placeres imperecederos.

¿Qué le cautiva de Roma, que le hace volver una y otra vez?
Me gusta la ciudad y me gustan sus gentes. Me gustan sus amaneceres, que son mi mejor desayuno. Los atardeceres, en todas partes, se han convertido en un artículo turístico. Ha sido precisamente para demostrar que Roma me gusta por lo que he escrito el libro ‘Amanecer en el Gianicolo. Para eso y para homenajear a cantantes, actores, actrices y músicos italianos a quienes tanto debo. En Roma me siento en plenitud total. Por eso la considero mi ciudad.

La elogia, a pesar de lo que no le gusta, dice usted. ¿Por ejemplo?
De Roma no me gusta el estado de abandono de algunos de sus edificios históricos y, sobre todo, sus omnipresentes bolsas de basura. Creo que he visto bolsas de basura que conocieron los tiempos imperiales. Exagero, claro. Pero no demasiado. En cuanto al estado de algunos edificios históricos, soy muy consciente de que mantener vivo el patrimonio artístico de Roma exige muchos euros.

Admiro el Coliseo, pero me interesa más la cafetería que frecuento, el restaurante donde disfruto de la insuperable alcachofa a la judía.

Con la cantidad de sacerdotes y monjas que se ven por sus calles, nadie diría que es pagana. ¿Por qué la califica así?
Utilizo el término pagano con intención muy literaria. Pero, como dijo alguien, Roma es pagana, papal, solar y subterránea. Una moderada forma de paganismo es siempre agradable y evita ciertas radicalizaciones.

¿Qué otras historias le han contado los gatos, además de la de César?
En Roma, como en todas partes, los gatos lo saben todo. Y fue precisamente el gato de un influyente monseñor vaticano el que me aseguró que en el Vaticano se puede decir todo menos la verdad. Si hablo del Vaticano es porque Roma sigue siendo muy vaticana.

¿Por qué la Vespa es femenina?
La Vespa es femenina porque yo, y si usted me lo permite, cuando veo una Vespa veo a una mujer. Quizá es que siempre asocio esa moto de formas amables con la actriz Audrey Hepburn. En determinada película interpreta el papel de una princesa contemporánea que se enamora de un periodista, de un corresponsal. Y es con una Vespa que recorren Roma.

¿Ha pedido algún favor en Roma?
Por supuesto que he pedido favores en Roma. Sin mis amigos no hubiese podido acceder a ciertos personajes y círculos romanos y vaticanos. Lo cierto es que pedir un favor en Roma exige de una cierta información previa. En una ocasión accedí a un influyente político gracias a una amiga romana que me acompañó hasta la puerta del edificio donde tiene su despacho oficial. Me extrañó que no quisiera entrar conmigo. Fue entonces cuando me contó que si entrábamos los dos juntos, su amigo el abogado consideraría que ella le debía un favor. Y si entraba yo solo ese favor no existía.

Pasa un poco de puntillas por la antigua Roma...
No es que pase de puntillas por la antigua Roma, sino que ya se han escrito muy buenos libros sobre esos lugares. Lo que yo he querido es hablar del placer de vivir en mi Roma personal, que abarca desde determinados palacios del poder a, por ejemplo, el Trastevere, barrio popular que aún le planta cara a la especulación inmobiliaria. Admiro el Coliseo, pero me interesa más la cafetería que frecuento, el restaurante donde disfruto de la insuperable alcachofa a la judía o la cena que comparto en la terraza del ático de un amigo.

De Roma me gustan sus amaneceres, que son mi mejor desayuno. Los atardeceres, en todas partes, se han convertido en un artículo turístico.

Usted que tiene tantos contactos en la Curia y que en 'Amanecer en el Gianicolo' cuenta que el Vaticano es muy humano, ¿Por qué cree que la Iglesia no aborda el tema del celibato?
Este tema exigiría otro libro. Como el de la mujer en la Iglesia. Sin determinadas mujeres, el Vaticano, tal como lo conocemos, ya no existiría.

¿Cómo ha cerrado Italia los años de asesinatos y violencia contra arzobispos, jueces y políticos como Aldo Moro? ¿Lo ha hecho mejor que España con la Guerra Civil?
El italiano, a diferencia del español, sabe pactar y mantener los pactos. En este país nuestro son muchos los que con la llamada memoria histórica han solucionado económicamente su futuro. El oportunismo nada tiene que ver con la justicia. Soy hijo de un anarquista que sufrió el campo de concentración francés de Argelès.

Andreotti, ¿víctima o villano?
Andreotti sigue siendo lo que fue en vida: un misterio comparable al de la Santísima Trinidad.

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