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Atapuerca, un tesoro arqueológico

Una lasca avala que la ocupación humana en la Sierra de Burgos es más antigua de lo que se pensaba.

Gloria Aznar

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Una imagen de la Sierra de Atapuerca, en Burgos.Foto: gettyimages

Una imagen de la Sierra de Atapuerca, en Burgos.Foto: gettyimages

Año tras año Atapuerca continúa dando sorpresas, aportando valiosa información sobre nuestros ancestros. En esta línea, la última campaña veraniega, llevada a cabo el pasado mes de julio, revela que la ocupación humana en los yacimientos de Burgos es más antigua de lo que originariamente se pensaba. Así lo constata una lasca de cuarzo de hace 1,4 millones de años, recuperada en el nivel 7 de la Sima del Elefante, el más antiguo de la Sierra. Ello supone que ya había ocupación al menos cien mil años antes de lo que se había podido demostrar.

Los yacimientos de Atapuerca suponen un conjunto de primer orden para unos investigadores de excelencia procedentes del Institut Català de Paleoecologia Humana i Evolució Social (IPHES-CERCA) y de la Universitat Rovira i Virgili (URV). Este año han participado con 52 personas y se ha excavado en Gran Dolina, Galería, Sima del Elefante, Cueva Fantasma y El Mirador, 5 de los 11 yacimientos en activo, unos trabajos coordinados por miembros de estos dos centros tarraconenses. Junto a ellos  también han trabajado investigadores de otras instituciones.

Eudald Carbonell. Foto: María Guillén/IPHES

¿Algún día se agotará Atapuerca? «Algún día, aunque será dentro de bastantes generaciones», manifiesta Marina Mosquera, coordinadora junto a Eudald Carbonell del Proyecto Atapuerca, así como del nivel TD8 de Gran Dolina, junto con Palmira Saladié y Andreu Ollé. Precisamente en Gran Dolina han aparecido también nuevas piezas líticas de hace 700.000 años en TD8, herramientas que confirman la presencia continuada de humanos en el lugar a lo largo del tiempo. Junto a estas piezas se han encontrado abundantes restos de fauna, lo que permitirá comprender cómo funcionaba la cavidad en aquella época y cómo era su entorno. Destacan los fósiles de osos muy viejos, que tal vez murieron durante el periodo de hibernación y también se han identificado hienas, rinocerontes, caballos y bisontes, como explicó Eudald Carbonell en rueda de prensa al término de las excavaciones.

Marina Mosquera, investigadora del IPHES-CERCA y profesora de la URV, es una asidua de Atapuerca, donde participa desde hace 34 campañas. Desde los inicios, con el tiempo se han ido abriendo más yacimientos y también se aumentó el número de participantes. Hasta la llegada de la pandemia, que obligó el año pasado a reducir de forma drástica tanto una cosa como la otra. Menos personas en menos yacimientos, menos riesgo de contagio. «Esta campaña contamos con las mismas medidas de seguridad que el año pasado, aunque muchos ya estamos vacunados. Y hemos aumentado el número de personas. No tanto la cantidad en cada yacimiento, sino que se han abierto otros que quedaron cerrados en 2020», explica Marina.

Andión Arteaga. Foto: María Guillén/IPHES

Esta investigadora estudia el Pleistoceno inferior y medio a través de las herramientas líticas, a partir de las que infiere el comportamiento de los homininos. En relación a las excavaciones de Atapuerca puntualiza que hay que tener en cuenta que tan solo se excava aproximadamente un mes al año. «Es arqueología de investigación, de largo recorrido. Por lo tanto, cada año tenemos que estudiar lo que posiblemente vaya a salir, teniendo en cuenta lo que ya ha surgido. Si excaváramos continuamente sería imposible poder entenderlo todo». Justamente la interdisciplinariedad es clave a la hora de interpretar los hallazgos, así como una de las bases del IPHES-CERCA promovida por Carbonell desde sus inicios. «Todo se debe estudiar a través de los diferentes especialistas para reconstruir el paisaje y discernir lo que pertenece al ámbito natural de lo que se debe al comportamiento humano», apunta Marina.

De los 11 yacimientos abiertos este año, cinco están coordinados por miembros del IPHES.

En este sentido, una de las discípulas de Marina Mosquera, Andión Arteaga, manifiesta que el trabajar en equipo es «una oportunidad única de aprender. Puedes tener una visión más global que te ayude a la hora de hacer interpretaciones comportamentales». Andión es doctoranda, estudiosa del conjunto lítico del TD 10.2 en Gran Dolina, nivel en el que prácticamente el 98% del material es sílex neógeno y el cretácico. «Se terminó de excavar en 2013. Está caracterizado como el primer evento de caza comunal especializada en bisontes documentado en la Prehistoria. Y ahí tenemos dos comportamientos muy diferenciados. Por un lado, la caza comunal y por otro, la captación especializada en sílex, que es lo que estoy estudiando, cómo se asocia la tecnología a lo que ya está interpretado», cuenta Andión.

Marina Lozano. Foto: María Guillén/IPHES

«Gran Dolina tiene una secuencia estratigráfica que nos da información de los homininos y de la evolución desde casi un millón de años», comenta por su parte la también investigadora del IPHES-CERCA y profesora asociada de la URV, Marina Lozano. Esta arqueóloga participa en las campañas de la Sierra de Burgos desde 1996 y del trabajo realizado hasta ahora destaca también la excavación del nivel TD10. «Aparecieron dos subniveles con mucho material. Les llamamos la manta porque literalmente era una manta de huesos y de industria lítica. Tardamos diez años en excavarlo, aunque en la época de verano. Hay que contextualizarlo», resalta Marina. «Igualmente, nos dio información del día a día de los cazadores recolectores, a través de restos de basura que dejaron hace unos 350.000 años. Era espectacular».

Marina Lozano es arqueóloga y paleoantropóloga especializada en el desgaste dental, «tanto para ver los usos paramasticatorios de los dientes como para inferir la dieta». Es decir, analiza los dientes al microscopio con el objetivo de descifrar a través de sus marcas para qué los utilizaron los homininos. «Podemos saber si trabajaban piel o fibra, por ejemplo. Es lo que se llama usos culturales de la dentición», en un estudio que recorre una franja desde el Homo antecessor, de un millón de años atrás, hasta los más modernos de la Edad del Bronce, de hace 3.000 años. Y es también a partir de esta investigación dental cómo se conocen las patologías de entonces e incluso, a nivel evolutivo, en qué momento se empezó a practicar la división del trabajo por géneros.

Imagen de la lasca hallada en la Sima del Elefante. Foto: María Guillén/IPHES

Campaña 2021
Otros hallazgos

En el nivel 7 de la Sima del Elefante se han recuperado restos óseos de diferentes taxones, entre los que predominan el de suido y tortuga. Cosa que refuerza la interpretación que el Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA), había planteado con anterioridad, según la cual las condiciones ambientales en la Sierra hace más de un millón de años eran más templadas y húmedas que en la actualidad.

Mientras, en la unidad TD4 de Gran Dolina se han encontrado numerosos restos óseos de especies que habitaron Europa hace 900.000 años, como  una cadera y una mandíbula de rinoceronte de la especie ‘Stephanorhinus etruscus’.  

En la cueva de El Mirador los hallazgos realizados siguen aportando información relevante sobre la importancia de las prácticas ganaderas y la cultura de las primeras comunidades pastoriles y agricultoras que colonizaron estas tierras durante el Neolítico. Destaca la gran cantidad de restos de fetos y neonatos de ovejas y cabras recuperados en esa zona.

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