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Bellvei ensalza la novela negra

Premio. Con un relato de suspense psicológico, Eva Molina y Jerónimo García Tomás son los ganadores del certamen

Sílvia Fornós

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Jerónimo García Tomás y Eva Molina, ganadores del premio. FOTO: Cedida

Jerónimo García Tomás y Eva Molina, ganadores del premio. FOTO: Cedida

«La mejor novela que ha habido hasta el momento. Con una calidad narrativa extraordinaria y unos personajes construidos con gran precisión. Una historia que atrapa al lector y con un desenlace redondo». Con estas palabras el alcalde de Bellvei, Gerard Colet, dio a conocer el veredicto del jurado de la quinta edición del Premi Bellvei Negre de novel·la, que recayó en la obra Las alas rotas de la libélula, de Eva Molina y Jerónimo García Tomás; mientras que El lamento del Urco, de Raúl Montilla, fue la obra finalista, tal y como anunció la concejal de Cultura de Bellvei, Mercedes Martín.

Igual que el año pasado, la edición de este 2021 de la V Jornada Bellvei Negre –que organizan el Ayuntamiento de Bellvei, Serial Ediciones y Bellvei Ràdio– también fue virtual, y sus actos se concentraron en la mañana de ayer. Como novedad, este año el consistorio aumentó el premio para el ganador y añadió un premio en metálico para el finalista. Los ganadores recibirán 1.200 euros y la publicación en papel de la novela, y el finalista, 500 euros y la edición electrónica de su novela. De hecho, los escritores y escritoras de las diez novelas finalistas del premio estuvieron presentes en el acto –a través de videoconferencia– y, simultáneamente, todos conocieron en directo al finalista y a los ganadores de este año. Tras dar las gracias al jurado por el premio, Jerónimo García Tomás y Eva Molina reconocieron que «ya estábamos más que satisfechos por haber llegado a la última fase. Ser ganadores ha sido una grata sorpresa»; mientras que Raúl Montilla expresó su deseo de «poder celebrar una jornada presencial con todos los autores y tener la oportunidad de visitar un municipio como Bellvei».

Por su parte, el comisario de la Jornada Bellvei Negre y secretario del Premi Bellvei Negre de novel·la, Ramón Valls, reconoció que «he disfrutado mucho leyendo las diez novelas finalistas, porque ha sido una edición muy reñida, ya que la diferencia entre los ganadores y el finalista ha sido de 0,25 puntos» y añadió que «como lector de novela negra he disfrutado mucho y me habéis hecho muy feliz». Antes de conocerse el veredicto del jurado los espectadores pudieron visualizar diferentes vídeos de presentación de los patrocinadores y colaboradores del certamen, así como conocer los entresijos del género literario.

Suspense psicológico

Según describieron los premiados en el vídeo de presentación de todos los finalistas, el libro Las alas rotas de la libélula «es una novela de crímenes y suspense psicológico ambientada en Génova, a finales de los setenta. Narra la historia de Natalie, una joven ingresada en contra de su voluntad en una casa de reposo. Allí se van a suceder los crímenes que Natalie va a ir descubriendo, poco a poco, y que le van a hacer dudar de su propia salud mental».

En cuanto al proceso de escribir a cuatro manos, Eva Molina y Jerónimo García Tomás reconocieron que «fue un experimento, ya que hasta ahora no lo habíamos hecho. Se nos ocurrió escribir algo conjunto, y primero pensamos en un relato corto, pero al final decidimos intentarlo con una novela». Después de pensar en cómo plantear el proceso, dijo Jerónimo García Tomás, «optamos por elaborar la idea entre los dos, hacer el esquema de partida, dividir la acción por capítulos y repartírnoslos».

En este sentido, reconoció que «como tenemos estilos de escritura diferente, lo que hacíamos era que cada uno escribía sus capítulos y el otro se los releía y los reescribía. Así conseguimos un estilo homogéneo, ya que era lo que más nos preocupaba».

Como anécdota, ambos aseguraron que «cuando les dejamos a nuestros amigos leer la novela, no sabían diferenciar qué partes había escrito cada uno de nosotros. Que la novela parezca escrita por un mismo autor es una satisfacción porque era nuestro principal objetivo».

Raúl Montilla es el finalista de la quinta edición del Premi Bellvei Negre de novel·la con la obra ‘El lamento del Urco’. foto: Cedida

Al respecto, Ana Ballabriga autora seleccionada junto a David Zaplana por su obra conjunta El deseo eterno, reconoció que «como pareja literaria, nuestra forma de trabajo la hemos creado sobre la marcha. Nosotros hablamos mucho, estructuramos, dividimos los capítulos y revisamos lo que escribimos».

Este año se han presentado 86 novelas al certamen, de las cuales se descartaron 26 por no cumplir las bases. De estas, el jurado seleccionó a diez finalistas mediante un sistema de evaluación individual, que este año resultó en puntuaciones mayoritariamente elevadas y muy cercanas entre ellas. «Las diez novelas se merecían ganar el premio», afirmó Ramón Valls, quién también tuvo palabras para alentar al resto de participantes a seguir con la «increíble tarea de escribir y como dice mi salvapantallas del ordenador: Escribe, no pares». Los ocho autores y sus obras seleccionadas fueron: Rafael Novoa (Cada infierno); Hernández y Alejandro Otero (Cielo envenenado); José Antonio Jiménez (Diario de un maldito); Javier Hernández (Un país en llamas); Ana Ballabriga y David Zaplana (El deseo eterno); Juan Iglesias (Las esperanzas rotas); Eloi Calvo Pérez (Los Cuadernos de Max Stein); y Gabriel Gómez (Los hijos de Crono).

Dada la calidad de las obras presentadas en esta edición del Premi Bellvei Negre de novel·la, la editora de Serial Ediciones, María Tortosa, recordó que «el esfuerzo que el sector editorial y cultural, en general, está haciendo a nivel mundial es extremo, ya que nos hemos adaptado y seguimos apostando por certámenes, presentaciones, etc. Compartir la cultura con todo el mundo es loable por parte de todos».

Asimismo, expresó las ganas de la editorial por empezar a trabajar con los ganadores y el finalista. «Seguimos apostando por el libro en papel porque es un formato que no debe morir, y que debe seguir estando en las librerías y en las mesitas de noche. Los libros son un tesoro más en casa», aseguró María Tortosa.

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