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Clara Sánchez: «Es clamoroso cómo Occidente desvía la mirada del drama de las princesas árabes»

La escritora denuncia en 'Infierno en el paraíso', la situación de la falta de libertad de la mujer en Arabia Saudí, a través de un thriller psicológico y de suspense.

Gloria Aznar

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La escritora Clara Sánchez. Foto: Luca Brunetti.

La escritora Clara Sánchez. Foto: Luca Brunetti.

La escritora Clara Sánchez viaja con Infierno en el paraíso (Editorial Planeta) a la Marbella de los bikinis y los pareos que se funde con esa otra de las chilabas y los velos de la monarquía saudí. En un thriller psicológico y de suspense que denuncia la falta de libertad de las princesas saudíes y, por ende, de todas las demás. La trama arranca con Sonia, una joven que empieza a trabajar como camarera en uno de los hoteles más elitistas de Marbella, donde acude la familia real saudí. Allí conocerá el lujo y la opulencia, pero también la desgracia, en la mirada de Amina. Clara Sánchez es autora, entre muchas otras, de las novelas PresentimientosLo que esconde tu nombre, Entra en mi vida o El amante silencioso.

¿Qué le ha llevado hasta la monarquía saudí?
Me fascinaba muchísimo la imagen de toda esa realeza que mentalmente nos resulta tan lejana, metida en un lugar tan turístico, tan de veraneo como es Marbella. El hecho de que allí se creara un escenario muy surrealista porque tenemos la vida cotidiana de la gente que está en la playa con pantalón corto, bikinis y pareos, y al mismo tiempo chilabas, abayas y velos, todos tomando el chocolate con churros en la plaza. Codearse la gente de a pie con el poder y el dinero más bañado en oro que se pueda uno imaginar.

Es lo que hace con Sonia, su personaje.
Sonia es una chica normalita que tiene los problemas de su edad y se da de bruces con un mundo absolutamente desconocido en el que por circunstancias se enreda en una tela de araña muy peligrosa de la que le va a costar salir. Pero también pone a prueba su capacidad de decisión, su madurez y los recursos que ella no creía que tenía para salvar las situaciones complicadas y, sobre todo, para salvar su propia vida.

Sonia se enreda en una tela de araña muy peligrosa de la que le va a costar salir.

Arabia Saudí es una de las monarquías más duras contra la mujer.
Sí. Esta otra realidad que a mí también me ha fascinado mucho es la de la huida constante de princesas árabes de los países del Golfo. En este sentido, el vídeo de Latifa se hizo viral, donde nos cuenta con toda crudeza esa fuga rocambolesca y terrible y a través de ella podemos acceder al dramatismo que están viviendo muchas de estas mujeres.

¿Latifa es Amina?
Amina está muy inspirada en Latifa. En el año 2000 ella quiso ayudar a su hermana Shamsa a huir. Me parece clamorosa la desviación de la mirada de Occidente de estos hechos porque no porque ellas sean superricas, acomodadas, no deja de ser dramático. Y Amina tiene hasta los rasgos físicos de Latifa.

Habla de las libertades más elementales.
Sí. Mezclados con la trama están asuntos muy importantes como es el deseo de libertad, como poder llevar un bikini o besarse con un chico en la calle, que es lo que quiere Amina. A ella no le importaría nada cambiarse por una de las chicas que ve por la calle y de hecho, lo intenta. Otro de los temas es hasta qué punto somos capaces de arriesgarnos para ser libres porque la libertad es algo que nos toca a todos. A ella, en caso extremo porque es que no tiene absolutamente ninguna. Pero en el caso de las personas de Occidente, también nos afecta. 

¿En qué medida somos libres en Occidente?
Hacer uso de la libertad entraña muchos riesgos. Aunque seamos libres, entre comillas, nos da miedo hacer uso de esa libertad. En una pareja, donde uno está hartísimo del otro, cuesta romper. Da miedo, da la impresión de que fuera está el abismo. Y con el trabajo ocurre lo mismo.

¿Se considera una persona libre?
Más que libre, con un gran sentido de la independencia. Siempre me ha gustado ser muy independiente de los grupos, de las modas, no sentirme atada.

He querido escribir la cara B de un cuento oriental.

¿Eso significa para usted ir a contracorriente?
Sí, un poco. No me gusta que me manipulen porque esta es una novela que habla fundamentalmente de la dependencia y de la manipulación. ¿Soy libre? Me pasa como a todo el mundo, que también me da miedo a veces tomar determinadas decisiones que es como que te lanzan en una barquita al océano y no sabes qué va a pasar. Pero en el grado en que yo puedo ser independiente, lo soy.

También es una novela de venganza.
Sí. Es una novela tejida a través de las emociones y sentimientos. Con deseos de amor, como le pasa a Amina. Para ella, el amor no es algo real, es como un deseo que anhela conseguir. 

La escritora Clara Sánchez. Foto: Luca Brunetti.

Sonia no tiene ningún problema con meterse en el piso de Karen, pero no quiere ser Amina.
Claro, porque ella tiene muchos problemas, pero cuando se mete en el hábito de Amina, es consciente de que fuera tiene un poder sobrenatural que es el de la libertad. Que luego puede hacer uso de ella o no, pero la tiene. Y ahí dentro se da cuenta de que tendrá lujo, dorados y sedas, pero no es libre. Le aterra ese mundo, tener que acostarse con un hombre de 80 años. Ella, en su vida normal, por muy precaria que sea, no lo haría.

La mascarilla nos ha puesto en común con estas mujeres que tienen que llevar el niqab o un burka y a las que nada más se les ven los ojos.

Ha evitado tocar la monarquía española a pesar de que son íntimos.
Sí, además vemos fotos del rey emérito con el saudí, en su palacio precisamente de Marbella. Pero sería otra novela y yo he querido escribir la cara B de un cuento oriental. Me interesaba más Amina. Y esa sería otra novela más política. De todos modos, se sobreentiende porque rezuma corrupción por todas partes. 

Arabia Saudí también está acusada de haber matado al periodista Jamal Khashoggi.
La escandalosa falta de libertad de las mujeres es un reflejo de la falta de libertad que hay allí y de alguna manera yo lo he querido poner de relieve. A las mujeres les toca más, pero eso no quiere decir que los demás vivan en un país democrático. Viven en un país con unas leyes muy estrictas, donde el que manda es el monarca y se hace lo que él diga.

Esta es una novela que habla fundamentalmente de la dependencia y de la manipulación.

¿Se imagina viviendo en una jaula de oro?
No. Porque el oro y el lujo no me han tentado nunca. Para mí viajar al mundo del lujo es como viajar a Marte. Es algo completamente desconocido porque mi vida es muy austera. Pero si me tentase, me andaría con cuidado de que no se convirtiera en una necesidad. Hay gente a la que le gusta el lujo, pero si no se convierte en una necesidad, que te obliga a hacer cosas que no quieres hacer, pues adelante. Pero yo estoy a salvo de eso porque me da igual. Para mí el lujo tiene mucho de hortera. 

Como escritora está en un momento dulce.
Es genial y a nivel personal también. Ahora mismo me encuentro más serena, mejor porque ves un recorrido detrás y pones las cosas en su sitio. Me encuentro muy bien. Creo que es la mejor etapa.

¿Cree que gracias o a causa de las mascarillas hemos aprendido a sonreír con los ojos?
Sí. Además, me doy cuenta de que vamos por la calle con la mascarilla y de que nos miramos todos mucho a los ojos, a ver si nos reconocemos. Esto es algo que nos ha puesto en común con estas mujeres que tienen que llevar el niqab o un burka y a las que nada más se les ven los ojos.


 

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