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Detrás del Alarde

«El odio es el enemigo más peligroso». El ataque a una mujer durante el tradicional desfile mixto de Hondarribia destapa un caso mucho más complejo que pondrá en jaque a la suboficial Ane Cestero

Ana Rivera

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Quizá deberíamos parar nuestra atención cuando las gaviotas acechan en un punto concreto. FOTO: Getty

Quizá deberíamos parar nuestra atención cuando las gaviotas acechan en un punto concreto. FOTO: Getty

A los pies del río Bidasoa y en plena frontera con Francia y con un inconfundible estilo vasco, Hondarribia es otra de esas poblaciones euskaldunes cuya naturaleza deja sin aliento. Cuentan que su significado surge de las palabras ‘hondar’ e ‘ibi: cuya traducción son ‘arena’ y ‘vado’.  ‘El vado de arena’ también podría tener relación con la configuración del espacio donde se asentó la población. 

Es justo su ubicación fronteriza lo que provocó un puntual ataque francés en el marco bélico de la Guerra de los 30 años (1618-1648), que devastó Europa. El 7 de septiembre de 1638 y después de 69 días de asedio, las tropas locales consiguieron expulsar al ejército galo con la intercesión, según cuenta la tradición, de la Virgen de Guadalupe bajo la promesa de realizar una procesión anual en su honor hasta su Santuario, situado en el promontorio de Olearso. Un juramento que los hondarribiarras vienen cumpliendo año tras año con una peregrinación cívico-religiosa, escoltada por Paisanos Armados y que popularmente es conocida como El Alarde.

Hasta hace poco, en él tan sólo desfilaban los hombres como soldados, acompañados de algunas mujeres que tan únicamente podían ocupar el papel de centinelas. Pero en los años 90 surgieron voces femeninas que demandaban su propio protagonismo en la jornada y así es como nació el Alarde Mixto, bajo la compañía Jaizkibel, en contraposición al Alarde Tradicional.

No obstante, no todo el pueblo recibió la decisión con algarabía, llegándose a producir incómodos momentos cuando en diversas celebraciones, cientos de personas silbaron y llevaron pancartas en contra de las mujeres que estaban desfilando con la compañía mixta.
Uno de esos desfiles, el de 2019, es el punto de partida de la novela de Ibon Martín. Durante la comitiva del Alarde Mixto, en el que pueden sentirse los gritos, los insultos y el desprecio del pueblo en la propia piel de lector, ocurre un asesinato. 

La Unidad de Homicidios de Impacto (UHI) se pone en marcha con la suboficial Ane Cestero a la cabeza. Una personalidad férrea, disciplinada y con una fuerte convicción policial que todavía no sabe que el ataque a Camila es tan sólo es el principio de una rueda de muertes cuyo hilo es mucho más largo y enroscado de lo que Hondarribia era capaz de imaginar.

Capítulos cortos en los que a Ibon Martín tiene tiempo (justo) para tratar una infinidad de temas muy cercanos a nuestra realidad social: el machismo, la violencia de género, el maltrato y la violencia, el odio, la envidia y la sed de venganza, la trata de mujeres, la desidia en las altas escalas del poder e, incluso, el terrorismo. Bien ligados, pero me atrevería a decir, que quizá son demasiados.

La hora de las gaviotas

  • Autor: Ibon Martín
  • Editorial: Plaza&Janés
  • Páginas: 464

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