El plástico, el ‘criminal más buscado’

El investigador Joaquim Rovira imparte en Móra d’Ebre un taller sobre los pros y los contras de este versátil material.

Gloria Aznar

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Joaquim Rovira con algunos de los materiales que utiliza para impartir su taller del ‘Plasticoceno’. Foto: Pere Ferré

Joaquim Rovira con algunos de los materiales que utiliza para impartir su taller del ‘Plasticoceno’. Foto: Pere Ferré

«Si nos extinguiéramos y llegara al planeta Tierra una civilización externa, sus arqueólogos comenzarían a desenterrar plásticos de todo tipo y tamaño, de tal manera que datarían la época que va del 1950 hasta la actualidad como la Era del Plasticoceno», ironiza Joaquim Rovira, investigador del grupo TecnATox del departamento de la Universitat Rovira i Virgili (URV). Justamente Benvinguts al Plasticocè, l’edat del plàstic, en la plasticesfera es el título del taller que este domingo impartió en Móra d’Ebre, en el marco de la Setmana de la Ciència, que este año se celebra del 8 al 19 de este mes. Un taller que se repetirá en diferentes días en La Pobla de Mafumet y en Blancafort.

En este Plasticoceno, Joaquim Rovira guió a los presentes, unos 12 niños y niñas acompañados por sus padres y madres, por el mundo del plástico desde sus inicios, allá por la mitad del siglo pasado, hasta la actualidad, en una amena charla divulgativa. «El plástico actualmente es el criminal más buscado, el número uno», bromea el investigador. «Sin embargo, es un material muy útil, que se utiliza para todo. Es ideal porque es estable, ligero, resistente y versátil con el que se puede hacer un producto flexible o, por contra, rígido». 

Tarragona tiene los niveles más elevados de microplásticos del Mediterráneo.

Esos plásticos diminutos
Cargado con pipetas y muestras de microplásticos, informaciones aparecidas en la prensa y resultados de estudios científicos, Rovira invita a sentirse como un astronauta en la Luna, al estilo de Neil Armstrong. «imaginad que se rompe una pieza que depura el agua. Hoy en día, desde la otra punta del Universo os podrían enviar un archivo, imprimirlo en 3D en la Luna y solucionar la avería. Por lo tanto, el plástico es bueno para muchos retos actuales». Entonces, ¿cuál es el problema? «La culpa es de los humanos», responde el científico. «El vaso en el que bebemos y que tras unos segundos de utilizarlo, lo tiramos; las manzanas y los plátanos que vienen envasados, cuando su propia piel ya es una protección natural eficiente; o las botellas de agua de un solo uso, que se pueden sustituir por otras de vidrio».

Microplásticos que el investigador muestra a los participantes para concienciar sobre el mal uso de los plásticos. Foto: Joan Revillas

Así las cosas, Rovira recuerda que hay plástico en los océanos y en el hielo del Ártico o los Glaciares de los Alpes, lugares donde ha llegado a través del viento, que lo arrastra. «Incluso se puede datar el momento en que se tiró, ya que se queda congelado», sostiene. Y después están los microplásticos, esos plásticos diminutos, inferiores a un grano de arena, que están por doquier. Justamente Tarragona tiene los niveles más elevados del Mediterráneo, alerta Rovira. Y en cuanto a los pellets, esos microplásticos que son pequeñas esferas, «también somos referencia mundial, en La Pineda, en Vila-seca». Pero si la contaminación de la naturaleza ya de por sí es alarmante, Rovira hace hincapié en la cadena alimentaria. Es decir, si los seres vivos marinos ingieren agua contaminada, «esta entra en los alimentos que nos comemos, como mejillones, navajas, tallarinas o caracolas de mar». De hecho, se han encontrado microplásticos en la sal de mar e incluso en la cerveza, para sorpresa de los amantes de esta bebida. 

Rovira echa mano de su perfil de Twitter (@QRovira2) para mostrar los microplásticos que también se encuentran en el agua embotellada y en la del grifo, algo que explica con toda lógica. «El río Ebre está contaminado, por lo que aunque las depuradoras eliminan las partículas casi en un 99%, son incapaces de acabar con todas». Plásticos de los que una vez en el estómago, sus aditivos o colorantes pueden migrar a otras partes del cuerpo. Así se ha comprobado en estudios realizados en el Hospital Sant Joan de Reus con mujeres embarazadas, a través de pruebas de sangre y orina. «Son sustancias que pueden llegar a la placenta y, por ende, al bebé». 

Para terminar, un viaje al pasado, al siglo XV, con una broma que ya es un clásico en este departamento de la URV. «Si Colón hubiera tirado una botella de plástico en el Nuevo Mundo, en 1492, ahora se sabría exactamente dónde desembarcó. Los turistas podrían ir a hacerse selfies, puesto que todavía estaría allí. Se necesitan miles de años para que el plástico se degrade».

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