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Ethel Martí, una visión femenina a partir de sus retratos más intimistas

La tarraconense expone ‘La remor del silenci’ en el MAMT, tercera propuesta de la galería para este verano.

Gloria Aznar

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Una imagen de la sala protagonizada por el mosaico de retratos. Foto: Alba Mariné

Una imagen de la sala protagonizada por el mosaico de retratos. Foto: Alba Mariné

«En su estudio escondido, Ethel Martí siempre ha pintado interiores. Nunca un paisaje. Nunca el mar, a pesar de que ha vivido frente a él durante muchos años, en Ibiza. Simplemente observa y pinta los muebles, así como los objetos que le rodean. Pienso que es una actitud de vida». Manuel Allué se refiere así a la manera de trabajar de la artista, a la que le unen lazos de parentesco.

Crítico de arte, Allué es también el comisario de la muestra La remor del silenci, que la tarraconense expone en el Museu d’Art Modern de la Diputació de Tarragona hasta el 26 de septiembre, en lo que constituye la tercera propuesta para disfrutar del arte en verano en la galería del carrer Santa Anna, en la Part Alta.

La remor del silenci se compone de 55 retratos de personas conocidas de la pintora, más o menos cercanas a ella. «Siempre ha trabajado con la figura y este es un mosaico de los últimos tiempos. Se caracteriza por la potencia, ya que destacan los colores muy firmes, limpios, que utiliza desde hace muchos años. Colores de la tierra, ocres o el blauet, su preferido, que se ha convertido en emblema de la muestra, tanto en el catálogo como en la propia exposición», dice Allué. 

En la galería de la calle Santa Anna se pueden visitar tres exposiciones: ‘Antoni Torrell, un esperit lliure’; ‘El teorema de Maslow’ y ‘La remor del silenci’.

Efectivamente, colores vivos, tonos que recuerdan a la profundidad del océano y a la luz de la ciudad. Los inmortalizados por sus pinceles exhortan al visitante con la intención de la mirada, encuadrada en gafas multicolores; lucen innumerables sombreros y muestran algún dedo acusador. «En cierta manera son autorretratos. Se está pintando ella misma. Es un reflejo de lo que tiene delante», señala Allué.

«Para mí es una pintura absolutamente de mujer que observa, que mira, pero que a su vez se siente observada, mirada. Y es un reflejo e incluso una obsesión. Una obsesión para acoger a la gente que le rodea y al mismo tiempo, por explicarse el mundo desde ella misma». Siguiendo con esta mirada femenina, una vitrina expone más  de un centenar de pequeños cubos que presentan rostros de mujer cruzados por una gruesa línea roja, como si de una agresión se tratara. «Es visión de mujer luchadora, arte de mujer abierta, reivindicativa. Los cubos muestran que la mujer está eliminada, borrada», indica el comisario. En ellos es fácil interpretar el papel al que se ha relegado a la mujer en la sociedad. Finalmente, la tercera de las paredes viste con algunos de sus interiores. 

Ethel trabaja con materiales que ella misma elabora, con pigmentos naturales. «Tiene un empeño en lo que es la cocina del autor y siempre en un soporte duro, que prefiere a la tela». Así, madera o contrachapado «y las paredes de su casa. Su mundo está absolutamente pintado».

Asimismo, crea esculturas, aunque ninguna se puede contemplar en la muestra. «Siempre ha rebuscado en fábricas abandonadas, en masías deshabitadas, en tiendas a punto de echar la persiana definitivamente...» El resultado son montajes que carecen de vocación escultórica. «Son inmensos juguetes sin darles más importancia, que se pueden encontrar apoyados en la pared o entre las hierbas. Siempre hay sorpresas».

Ethel Martí nació y estudió en Tarragona. Posteriormente se fue a vivir a Estados Unidos y a Canadá, donde conoció el pop art, movimiento que le interesó particularmente. Y también recibió la influencia de los primeros artistas del grafiti. Con el tiempo volvió a Ibiza y a su ciudad natal.

Paradójicamente, esta exposición cierra un ciclo vital y profesional. «En su trayectoria, más que de evolución, tendríamos que hablar de involución. De hecho, con la madurez se ha visto su propio yo. Es decir, toda esta galería de retratos, que podría ser infinita, está recuperando temas antiguos. Es un círculo. La seguridad del artista que tiene tras de sí una larga carrera», concluye Allué.
 

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