Cultura Entrevista

Fernando Marín: «El músico debe ofrecer una experiencia sensorial»

Especializado en música antigua, este artista elabora artesanalmente sus propios instrumentos para que suenen como antaño, con cuerdas confeccionadas con los intestinos de animales

Gloria Aznar

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El músico Fernando Marín Corbí en la calle del Mar, con la vihuela de gamba que él mismo ha elaborado. Foto: Alba Mariné

El músico Fernando Marín Corbí en la calle del Mar, con la vihuela de gamba que él mismo ha elaborado. Foto: Alba Mariné

Fernando Marín Corbí recupera con su música el espíritu de épocas pasadas. Una sonoridad que consigue tocando con instrumentos como los que se utilizaban antaño, en los siglos XV y XVI, con cuerdas de tripas de animales. Nacido en Alicante, reside en Tarragona desde el 2004. Siendo muy joven se marchó a Europa a acabar de formarse, a Praga, República Checa, Bruselas y Alemania.

Es precisamente en este último país en el que más conciertos ha ofrecido, con su dúo Cantar alla Viola, junto con la soprano Nadine Balbeisi. Especializado en música antigua, la recrea y la reconstruye, de igual manera que elabora sus propios instrumentos. La mayoría de sus discos han sido grabados en localizaciones de la provincia, el último en Vimbodí, aunque también en Ulldemolins, Siurana o Altafulla.

¿Por qué música antigua?
El primer escollo que yo encontré es que la educación musical en Europa presenta una manera estándar de interpretar la música clásica. Pero como artista, entiendo que cada época tiene su esencia, sus técnicas y sus métodos. No es lo mismo interpretar el barroco, el romántico o el contemporáneo.  

«En Alemania conseguí unas maderas de los años 50, 60 y 70. En una fábrica no las hay. Eso es oro para nosotros. Para otro, leña»

¿Qué ocurre cuando toca con un instrumento del barroco?
Es una experiencia sensorial muy evocadora. Lo que se busca es el bienestar físico y espiritual que causa la belleza del arte, en concreto de la música, pues es una cosa muy efímera, muy instantánea y para mí algo vital, una especie de meditación. Si hablamos de la restauración de un patrimonio inmaterial, sonoro e histórico, bajo mi punto de vista no se ha hecho bien. Está todo por hacer.

¿Qué quiere decir?
Si compras un instrumento, ya está fabricado y la música que se interpreta está bastante adaptada a unas estéticas comerciales porque al fin y al cabo, conviene que se pueda vender. Personalmente, me interesa el espíritu de la época, de las personas que los fabricaban y que disfrutaban de la música cuando era parte del día a día y no ahora, que es una especie de actividad extraordinaria o no vital, no esencial, que es lo que nos ha perjudicado con la crisis. Cuando en realidad, en la época sí que era esencial.

¿De qué siglos habla?
De todos. Siempre ha habido música como parte principal de la vida. Porque antes era en vivo y para tener música en directo, hacía falta un músico. Hoy en día es diferente. Yo mismo tengo muchas grabaciones, pero como experiencia, no es lo mismo. Aunque sigo grabando discos y editándolos porque es la mejor manera de llegar al público. También participo en el proceso de edición y masterización para que el sonido sea como a mí me gusta. El sello lo tengo en Osaka, Japón.

«Cualquier artista que cree se tiene que abrir camino entre las grandes superficies. Esto perjudica al producto de calidad»

¿Cuáles ha elaborado?
Ahora toco el chelo barroco con cuerdas de tripa, con los intestinos de los animales. Interesado en ello, fabriqué mi primera vihuela de arco, modelo siglo XV-XVI hace unos cuatro años, me gustó cómo sonó y ya me enganché. He hecho algunos más, así como arcos renacentistas. Me interesa la búsqueda de la fabricación propia y el sonido porque este período histórico no se ha tratado mucho. Es como tener tus propios tomates en el jardín.

¿De qué animales son?
Desde fuentes muy antiguas se menciona la tripa de ovino. Ovejas, cabras y carneros. Dependiendo del uso, un tipo de animal u otro.

¿En qué caso se utilizaría una de oveja, por ejemplo?
No es el animal únicamente. También se tiene en cuenta la edad y procedencia. Por ejemplo, eran sobre todo de la zona del Abruzo, muy volcánica. También de cabras de Irán, que yo he probado. Según lo que he estudiado, si eran cuerdas delgadas, medias o gruesas para registros agudos, medios o graves, usaban diferentes tipos, cosa que hoy en día no se tiene en cuenta. Por eso busco las mías propias e incluso mis animales. Del mismo modo ocurre con las maderas.

«Cada época tiene su esencia, técnicas y métodos. No es lo mismo interpretar el barroco, el romántico o el contemporáneo»


¿Dónde las va a buscar?
En Alemania conseguí unas maderas de un señor mayor que se murió, de los años 50, 60 y 70. En una fábrica para instrumentos no las encuentras. Eso es oro para nosotros. Para otro, leña. 

¿Qué lugares son idóneos para tocar?
Donde mejor suene. Lugares pequeños, con capacidad para entre 40 y 60 personas.

¿En Tarragona?
En las casas históricas, en Castellarnau suena muy bien. Pero el músico se tiene que reinventar.

¿Por la pandemia?
Esta crisis no es solo de la Covid. Es anterior. Socioeconómica, de valores, cultural. Cualquier artista que cree, no solo arte, se tiene que abrir camino entre las grandes superficies. Y esto perjudica al producto de calidad, incluido el nuestro. La gente va a un concierto y no sabe que detrás hay una industria de crear eventos y de filtrar lo que interesa o no. De tal manera que si yo organizo mi propio concierto y lo promociono, probablemente no vaya nadie. 

¿Cuál es la solución?
Hay que buscar nuevas localizaciones, nuevas ideas, estructuras y conceptos de ofrecer música como una experiencia sensorial. No está muy visto. Está por explorar. Un nuevo formato más pequeño para disfrutar en momentos más íntimos, más significativos.

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