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La aventura cubana de Víctor Ros

Jerónimo Tristante envía a su detective estrella al otro lado del Atlántico en busca de su amigo Martin Roberts, en una isla que es un avispero en el ocaso del Imperio español. 

Gloria Aznar

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El escritor Jerónimo Tristante.

El escritor Jerónimo Tristante.

Víctor Ros cruza el Atlántico en su última aventura, Los secretos de ultramar (Algaida histórica. Grupo Anaya), del escritor Jerónimo Tristante. Novela en la que el detective tendrá que viajar a Cuba en busca de un desaparecido Martin Roberts, que ahora trabaja para el servicio secreto español.

«Hay que recordar que estamos a unos años de la guerra con Estados Unidos, de la pérdida de Cuba. Por lo que el escenario tendrá independentistas, norteamericanos intrigando, empresarios del azúcar e insurgentes. Además, es la época de la egiptología, que también intervendrá en la trama», explicó el propio creador del detective, el murciano Jerónimo Tristante, en una rueda de prensa virtual con los medios, en la que también estuvo presente Carles Francino, el actor que da vida al personaje en la serie televisiva del mismo nombre.

El escenario tendrá independentistas, norteamericanos intrigando, empresarios del azúcar e insurgentes.

Víctor Ros y los secretos de ultramar es la sexta entrega de una serie que, como apuntó el editor de Algaida, Miguel Ángel Matellanes, «es una conjunción de todos los géneros. Tiene intriga, novela negra, investigación policíaca y componente romántico».

Por su parte, Tristante adelantó que en La Habana las cosas podrían cambiar para Ros. «Los lectores siempre me han reprochado que era un detective muy perfecto. Me preguntaban por qué no hacía cosas malas. Por lo que en esta novela decide que para luchar contra los malos, no te puedes comportar como un pardillo».

Así las cosas, el relato de Tristante será como un GPS para el lector, quien podrá casi pasearse por La Habana de antaño, aquella que ya no existe. Para dibujarla, el escritor comentó que tuvo su buena dosis de documentación. «Tienes que conseguir planos de la ciudad en esa época porque hay calles que ya han desaparecido. Moverte por el plano, viendo cómo estaban ubicadas las cosas. Yo no he visitado La Habana, pero he podido recorrerla de esta manera», reconoció.

Una Cuba colorida en relación con la moral de la metrópoli y sus reglas sociales encorsertadas, aunque también con sus pros y sus contras. «La Habana era una ciudad muy abierta. Había un decorado maravilloso», aunque también existía el mundo de los esclavos.

En su empeño por encontrar a Martin Roberts, Ros tendrá que adentrarse en las profundidades de la selva cubana.

En la isla, las costumbres eran más laxas y se permitían los matrimonios mixtos. «Las mulatas y los mulatos siguen provocando esa atracción. Son personas de una gran belleza física, que vienen de la mezcla de razas. Y a Ros también le llaman la atención. Hay una especie de erotismo flotando, muy diferente al de la metrópoli, donde las damas y las mujeres españolas estaban controladas por ese catolicismo rancio. En Cuba no existía la moral tan rígida. Vivían con una mentalidad como la nuestra», señaló Tristante.

Es en ese escenario donde Ros se tendrá que desenvolver junto a su amigo Alfredo Blázquez y su cochero Arístides. Sin embargo, todo es en vano porque Martin Roberts parece haberse evaporado. Y la principal pista sobre su paradero puede estar en el lugar más insospechado: una exótica exposición del Museo Metropolitano de Nueva York, auspiciada por el Habana Club y donde se exhibe la momia del faraón Khnumakht.

La principal pista sobre el paradero del desaparecido puede estar en una exótica exposición egipcia del Museo Metropolitano de Nueva York.

Y de Nueva York a la jungla, ya que su empeño por desvelar la incógnita lo llevará también a adentrarse en las profundidades de la selva cubana, la manigua, para encontrarse con viejos enemigos y fantasmas del pasado.  

Víctor Ros y los secretos de ultramar es la gran reaparición del investigador en el papel tras el final de la segunda temporada televisiva. Un personaje al que el autor vuelve una y otra vez. «La sombra de Ros es alargada», dice Jerónimo. «Lo inventé en otra novela que nunca publiqué, un thriller esotérico en el que aparecía. Ese personaje me enamoró y luego funcionó. Fui viendo que se escapaba un poco de mi control y que los lectores reclamaban más aventuras».

Tristante se las continúa dando y con cada una de ellas el personaje es un poco más de los lectores y un poco menos de su creador. «Esto se acrecienta con la serie. Se te escapa, ya no es tuya», sentenció.

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