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La barca del poeta

Tarragona. Una embarcación del escritor Carles Barral es una de las piezas del ‘nuevo’ Museu del Port

XAVIER FERNÁNDEZ JOSÉ

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La ‘Capitán Argüello’ y la reproducción de una galera. FOTO: PERE FERRÉ

La ‘Capitán Argüello’ y la reproducción de una galera. FOTO: PERE FERRÉ

Desde la barca que inspiró a un poeta a un balandro con un trágico episodio detrás. Desde la reproducción de una galera que sirvió para ampliar la gloria de la corona catalanoaragonesa al enorme motor de un barco hundido por su relación con el narcotráfico. El renovado Museu del Port de Tarragona alberga piezas con historia al tiempo que narra la historia de la navegación comercial pero también lúdica.

Veinte años después de su apertura el 13 de mayo de 2020, el Museu del Port, ubicado en el Moll de Costa de Tarragona, decidió emprender una profunda renovación. El objetivo era, según explica su directora, Mercè Toldrà, adaptarlo a los nuevos tiempos.

Un balandro tipo pulga. FOTO: PERE FERRÉ

Los museos, sea cual sea su temática, deben mantener su esencia, por supuesto, pero al mismo tiempo hacerse más ‘divertidos’, interactivos, ágiles.... incluso táctiles. Es una época en la que la cultura se consume de un modo más visual y rápido, en la que visitante ya no puede ser un mero espectador pasivo sino que debe experimentar. De un mero ver las piezas y leer las explicaciones a sentir el recorrido por las salas.

El pasado 17 de julio se inauguró la remodelación del Museu que incluye, por ejemplo, un simulador de navegación. Los pequeños, y también, porque no, los mayores, pueden convertirse en capitanes de un velero y demostrar sus habilidades náuticas.

No es el único atractivo audiovisual del Museu del Port. Un vídeo envolvente de 360 grados sumerge al visitante en un día de la pesca de arrastre en el Serrallo. Las vertiginosas imágenes dan idea de la dureza, pero al mismo tiempo de la belleza, de un oficio casi en extinción.

Un panel interactivo explica al detalle el funcionamiento de las químicas: cómo una materia prima se convierte en un producto de uso cotidiano a través de unos complejos procesos. Los visitantes podrán entender así la finalidad del mar de chimeneas que cercan la ciudad.

Un juego en el que el/la visitante puede manejar de manera virtual un velero. FOTO: PERE FERRÉ

Dos vídeos más detallan la evolución del Port en sus diferentes etapas o la historia de la navegación en general. Se cubren así todas las vertientes del puerto: la comercial, la química, la pescadora, la lúdica y la cultural.

El Museu del Port ha programado una serie de visitas guiadas, tanto en catalán como castellano, cuyo horario se puede consultar en su web. Las visitas desvelan los ‘secretos’ de algunas de las piezas del Museu.

La barca de Carles Barral

Al entrar al Museu se observa la ‘Capitán Argüello’, una sencilla barca de pesca desde la que el poeta y editor barcelonés Carles Barral se inspiró para escribir su Catalunya des del mar. Barral pasaba largas temporadas en Calafell, de ahí su vinculación a Tarragona. Como explica la escritora mallorquina Carme Riera, «Catalunya des del mar es más que un cuaderno de bitácora e incluso va más allá del relato de las peripecias de un viaje marítimo, aunque también se puede hacer esta lectura. A menudo los recuerdos y las reflexiones actúan de contrapunto al texto que se enriquece y nos enriquece al mostrarnos las vicisitudes de su principal protagonista, el escritor Carles Barral, haciendo trabajos de patrón de la ‘Capitán Argüello’».

Cerca de la ‘Capitán Argüello’ permanece varado un balandro del tipo pulga, el ‘Bruja’. El ‘mestre d’aixa’ Sebastià Roch Carles construyó solo 75 unidades en los años 40 del siglo XX. El ‘Bruja’ lo utilizaba LLuís de Muller i de Ferrer, barón de la Real Jura, para competir en regatas. La familia De Muller la cedió al Museu.

Una embarcación similar, la ‘Gavina’, naufragó con el vástago del carpintero de ribera, Sebastià Roch hijo, y con Marià Mallol, un amigo del Serrallo, a bordo. Barcas de pesca del Serrallo los salvaron, pero el padre juró que nunca más construiría una embarcación de ese tipo. Cumplió la promesa.

El motor de la ‘Dragonera’, una embarca-ción hundida en el Parc Subaquàtic de Tarragona, en la escollera, a 3,5 kilómetros del Museu. FOTO: PERE FERRÉ

A unos pocos metros, se puede juguetear con un motor de 32 toneladas de peso. Impulsaba la ‘Dragonera’, una embarcación implicada en el narcotráfico y que fue incautada por las autoridades. Antes de ser desguazada, el SES (Societat d’Exploracions Submarines de Tarragona) consiguió que el chasis de la embarcación se convirtiese en biotopo y hábitat de unas 300 especies marinas. La carcasa yace hundida en el fondo del Parc Subaquàtic. El motor, no muy lejos, en una sala del Museu. Todo queda en casa.

Una cuarta embarcación evoca las glorias de Jaume I. Reproduce a escala una de las galeras con las que el rey hizo honor a su apodo y se lanzó a la conquista de Mallorca. La flota partió desde Tarragona, Cambrils y Salou el 5 de septiembre de 1229.

Las cuatro historias náuticas se combinan con las historias vitales que se desprenden de fotos, instrumentos, uniformes... que se pueden contemplar en el Museu. Un museo imprescindible si se quiere navegar en la vida de una Tarragona que, al menos aquí, no da la espalda al mar.

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