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La épica del pintor reusense entre los avatares mundanos

El especialista Carlos Reyero desnuda al artista para presentar al hombre, en el libro ‘Fortuny o el arte como distinción de clase’

GLORIA AZNAR

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Imagen de la obra 'La Vicaría' pintada por el pintor reusense. FOTO: DT

Imagen de la obra 'La Vicaría' pintada por el pintor reusense. FOTO: DT

«Marià Fortuny es un reusense internacional. No es un pintor  catalán ni español. No hay otro como él que haya vivido en Roma o en París». Carlos Reyero, especialista en arte del siglo XIX y principios del XX, tiene en su haber un libro dedicado al reusense. Fortuny o el arte como distinción de clase (Cuadernos Arte Cátedra), es un relato a medio camino entre el ensayo y la investigación histórica, que se lee como si de una novela se tratase, aunque, como apunta su autor, «todo está documentado».
El interés de Reyero se centra, cada vez más, en la repercusión mediática del arte. En cómo las grandes figuras y los grandes temas se difunden al margen de la obra. En este sentido, señala que «Fortuny se prestaba a ello porque La Vicaría, por ejemplo, es un cuadro tan famoso que se reprodujo, se representó en teatro, en cuadros vivos». En este caso, el interrogante es si Fortuny se aprovechó de los políticos y de la sociedad de la época o fue al revés. «Con el arte siempre hay un aprovechamiento mutuo», asevera Reyero. «Marià Fortuny lo necesitaba, sin duda alguna, para promocionarse. Huérfano, lo había cuidado su abuelo, tenía unos medios económicos bastante limitados y, por lo tanto, necesitaba demostrarse a sí mismo que podía llegar a alguna parte. Se aprovechó de eso, pero en el mejor sentido de la palabra, como lo hacemos todos los que no somos millonarios. Y después, siempre hay un toma y daca. La sociedad supo sacar partido, los que compraban cuadros pensaban invertir en ellos, prestigiarse». 

Sin embargo, el fin último de la obra de Reyero es desmitificar al artista, al pintor. «Siempre se cuenta como una figura épica, preclara, que tiene un destino glorioso y yo lo trato de colocar en el mundo. Todos procuramos sobrevivir y nos utilizan. Y también utilizamos».
Algunas de las obras del reusense son La batalla de Tetuán, El vendedor de tapices, La odalisca o La matanza de los Abencerrajes. «Lo pintó todo», comenta Reyero. «Pero quizás a Fortuny le falta una obra maestra. La Vicaría intentó ser esa obra icónica. Todos los artistas la tienen. Velázquez, Las Meninas; Picasso, El Guernica; Leonardo, La Gioconda. Cuando uno piensa en Fortuny, se le ocurren muchas obras importantes». Para este especialista, la época más interesante del reusense es posterior a este lienzo.

«Esos paisajes, esas pinturas en Nápoles, en Portici, con esas gamas cromáticas tan atrevidas. Y por supuesto, como acuarelista es prodigioso. Ahí es donde verdaderamente demuestra la certeza del trazo». Asimismo, Reyero también destaca su capacidad para captar los gestos, las características de las figuras. «Es una cosa muy fortuniana». Reyero cuenta que utilizó muchos modelos. «Pintó escenas taurinas, gitanos y también cotidianas. Es una época, la del realismo, donde el motivo no es lo importante, sino la forma». 

Fortuny, Gaudí, Prim... A la pregunta de si llegó a conocer a este último, Reyero se decanta por la negación. «Él habla de Prim porque es el personaje de Reus, pero no sé si lo trató. De hecho, cuando matan a Prim, en 1870, Fortuny en esa época no está en Madrid». No obstante, aunque el pintor «no se pronuncia en exceso sobre ideas políticas, sí que hay un componente liberal en su actitud, por las cartas que envía». Son tiempos de la Gloriosa y «probablemente tenga que ver con la tradición liberal de Reus».

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