Las salas de conciertos recuperan el pulso

Los locales de la provincia de Tarragona retoman las programaciones estables... pendientes de la Covid

JAVIER DÍAZ PLAZA

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Concierto de Belako en la Sala Zero el pasado 15 de octubre. FOTO: PERE FERRÉ

Concierto de Belako en la Sala Zero el pasado 15 de octubre. FOTO: PERE FERRÉ

«El primer concierto ‘de verdad’ -con el público de pie- durante la pandemia fue un bolazo. Vinieron los vascos Belako, el 15 de octubre, ante unas 200 personas y mentiríamos si dijésemos que no fue emocionante, tanto para el público como para nosotros. Ver a tanta gente feliz durante dos horas y a una gran banda dándolo todo sobre el escenario nos devolvió sensaciones que hacía demasiado tiempo que no vivíamos», cuenta Ángel Lopera, copropietario de la Sala Zero de Tarragona.

Las salas de conciertos, uno de los sectores más afectados por la Covid -fue el primero que tuvo que cerrar y el último en reabrir-, vuelve a recuperar el pulso con programaciones estables cada fin de semana, eso sí, pendientes de la evolución de la sexta ola y las medidas sanitarias. «Los grupos quieren tocar y el público quiere ir de conciertos. La incertidumbre respecto a la incidencia del virus es lo único que dificulta las cosas», afirma Lopera.

La Sala Zero abrió sus puertas el pasado octubre tras prácticamente 18 meses cerrada. En ese tiempo, pese a no tener actividad, siguió generando «muchos gastos» que cubrió, en parte, gracias a las aportaciones económicas de más de cien personas en una campaña de apadrinamiento. Ahora ha retomado su actividad y ya tiene programada el 90% de su temporada hasta junio. Mañana pasará por su escenario Cala Vento y el sábado el tributo a Muse Uprising. También contará, entre otros, con Fundación Tony Manero (15 de enero), Invisible Limits (4 de marzo), Corizonas (18 de marzo) o Ángel Stanich (22 de abril).

Lo Submarino de Reus también está en marcha tras 20 meses parada y un ERTE. «Hemos recuperado a gran parte del personal», explica Víctor Bladé, copropietario de esta sala. «Empezamos a programar tarde por las circunstancias, pero volvemos a tener música en directo», apunta. Entre sus propuestas hay actuaciones que tuvieron que ser canceladas el año pasado o este mismo 2021 a causa de la pandemia y que ahora, por fin, se podrán llevar a cabo. Mañana es el turno de Mabel Flores y el sábado de Ready to Rock, que ha colgado el cartel de no hay entradas. El viernes 17 tendrá a Arc de Triomf.

Bladé asegura que no confía en una programación a largo plazo dada la incertidumbre imperante por la aparición de nuevas cepas del virus y el aumento de los contagios: «No miramos al horizonte, intentamos tener cubiertas las fechas más cercanas. Seguro que si se retoman las restricciones, nuestro sector será el primero en bajar la persiana».

El aforo en las salas de conciertos está limitado al 80% y es obligatorio presentar el certificado covid para acceder y el uso de mascarilla. «Tal como están las cosas, el certificado es la única alternativa que tenemos. Como sector llevábamos meses pidiéndolo, tanto para la reactivación de la actividad como para contribuir a la vacunación. Y los dos objetivos se están cumpliendo moderadamente bien. Ojalá en breve no hagan falta ni certificados ni reducciones de aforo, pero hoy por hoy no hay alternativa», señala Lopera.

Para el copropietario de la Sala Zero, ir a un concierto en un recinto cerrado es «seguro, sin duda» si se cumplen todas las medidas sanitarias vigentes, «sobre todo teniendo en cuenta la alta sensibilización del sector».

Brett, responsable artístico de la Sala Oxid de Reus, incide en que «hacemos todo lo que nos ordenan las autoridades, pero no sé si ellas saben cómo actuar». El local -antigua Toman- arrancó su programación el pasado fin de semana con la primera edición del Rock’n Cat Fest, celebrado durante tres días: el domingo, el lunes y el próximo sábado. «Es un momento complicado. Hemos tenido anulaciones (de entradas) por miedo del público a reunirse», comenta. Aun así, se muestra optimista y avanza que, cuando la Covid dé una tregua, su voluntad es que haya conciertos a diario en esta sala reusense. «De momento, el 18 de diciembre tendremos a Mastertallica, un tributo a Metallica: el 26 una noche jam y el 31 una Noche Vieja fantástica», subraya.

En Valls, la RedStar también va a buen ritmo. Entre sus fechas cerradas figuran Skaparapid (este viernes), Segis (18 de diciembre) y Manolo Kabezabolo y Josetxu Piperrak (4 de marzo).

«Cuesta que la gente vaya»

Mojo Club, en Tarragona, está a tope, con actuaciones viernes, sábado y domingo cada fin de semana. «No paramos, intentamos recuperar todo el tiempo perdido», dice Marilén Selva, encargada de sala y coordinadora. Ya tiene cerrada buena parte de la programación hasta junio. Lo más cercano es Tatas Pearl este viernes y Chatarra y Brote el sábado. Su cartel incluye a The Roosters (14 de enero) King Sapo (22 de enero), Los Salvajes (19 de febrero), King Khan Unlimitated (26 de febrero) o The Shivas (27 de junio).

«En Tarragona cuesta que la gente vaya a ver música en directo a no ser que sean bandas locales. Pero cuando reabrimos hubo una gran respuesta del público, que se ha apagado las dos o tres últimas semanas, no sé si por el pasaporte covid, por temor a contagios o porque hay más oferta», añade Selva.

Las salas de conciertos han conseguido ser considerados espacios de cultura. «Esperemos que el consenso para lograrlo se mantenga con o sin pandemia. En el resto de Europa no ha discusión al respecto y aquí, hoy, estamos más cerca de esa concepción que antes del coronavirus. Confiemos en que no se deshaga el camino», puntualiza Lopera.

No obstante, sostiene Bladé, no son un negocio rentable: «Como siempre, necesitan que la noche continúe con una sesión de Dj para complementarse».

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