Leer nos hace libres

Mujeres lectoras. Una delicada selección de obras en las que resuena la pregunta: ¿qué leen ellas y por qué?

Ana Rivera

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Una mujer lee, en una obra de 1905 de Julius Garibaldi Melchers. FOTO: ARTSDOT

Una mujer lee, en una obra de 1905 de Julius Garibaldi Melchers. FOTO: ARTSDOT

Siempre reservo una pequeña joyita para despedir el año, literariamente hablando. Este es uno de esos libros que siempre miraba en mi librería favorita y que pensaba «la próxima vez, me lo llevo conmigo». Y así todas las veces. Hasta que una tarde de otoño, mi madre y mi suegra (un bonito tándem, sí señor. Además de ser absolutamente maravillosas ambas, tengo la suerte que, aunque son la noche y el día, se llevan espectacularmente bien) me apremiaban (a decir verdad, el torbellino de mi madre) a decidirme por un libro ya porque íbamos con un poco de prisa. «¿Ese te gusta? Yo te lo regalo», me dijo mi madre mientras llegaba a un acuerdo con mi suegra porque ella, otra apasionada de la lectura, también había pensado en hacerme ese regalo. Y yo, ensimismada como andaba entre ese precioso mundo de páginas llenas de historias, miré mis manos y me di cuenta que era verdad: ya llevaba un ejemplar abrazado a mí. Lo giré, Las mujeres que leen son peligrosas, leí y sonreí. Ese libro que me había llamado tantas veces la atención por ese título que me gustaba tanto y que había dejado en el estante en tantas ocasiones. «Ay, es que ese libro es tan especial... una joyita», comentó mi admirada Isabel de Bellart mirándolo pausadamente, con aire soñador, como rememorando sus momentos de lectura con él. Sin duda alguna, era mi libro.

Una obra en la que Stefan Bollman exploraba «la presencia de mujeres y niñas lectoras en el arte occidental, desde la Edad Media hasta nuestros días». Una selección de obras de arte donde el escritor busca una explicación a la sorpresa que atañe a esos artistas al ver a una mujer leyendo un libro... y el peligro que podría conllevar.

Durante mucho tiempo, seguramente demasiado, a las mujeres se nos ha otorgado un papel y unas tareas específicas y concretas: madres, cuidadoras, cocineras, vigilantas del hogar, costureras, lavanderas, limpiadoras...  sin ningún tipo de libertad de decisión. Durante siglos se dificultó e incluso prohibió, el acceso a la lectura a las mujeres. Y cuando se nos permitía, eran los hombres quienes tenían que escoger nuestras lecturas. Y no tan lejos: lamentablemente, hace pocos años, mientras yo dirigía una biblioteca, presencié estupefacta cómo el marido revisaba las lecturas que podía llevarse su mujer con ella esperando cabizbaja unos pasos detrás de él.

La lectura interesa más al género femenino: el 80% de los lectores son mujeres

Por suerte para mí y las féminas de mi generación, esa escena nos parece grotesca porque vivimos otra realidad. Una donde, gracias a la lucha de otras mujeres, somos más libres. Dice sabiamente Esther Tusquets en su prólogo que «el acceso a la lectura es la puerta de ingreso a la cultura» y, citando a la escritora francesa Laura Adler, especialista en feminismo, «el libro enseña a las mujeres que la verdadera vida no es aquella que les hacen vivir. La verdadera vida está fuera». A los hombres que temen el poder de las mujeres, forzaron su sumisión durante años bloqueándoles el acceso a la lectura. Una actividad que, por cierto, interesa más al género femenino: y es que el 80% de los lectores son mujeres, dice Tusquets «porque los varones se mueven más y escuchan menos. Eso es lo fundamental: se interesan menos por las historias de otros, mientras que nosotras sentimos una curiosidad insaciable por los otros». 

Felices fiestas... y lean felices.

Las mujeres que leen son peligrosas

  • Autor: Stefan Bollmann
  • Editorial: Maeva
  • Páginas: 149

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