Lluís Pascual: 'En el teatro tienes que ver al de al lado cómo suda igual que tú'

Artes escénicas. El prestigioso director de teatro reusense resalta el buen momento que vive el sector gracias al regreso apasionado del público a los teatros del país

Marc Libiano

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Lluís Pascual: 'En el teatro tienes que ver al de al lado cómo suda igual que tú'

Lluís Pascual: 'En el teatro tienes que ver al de al lado cómo suda igual que tú'

El prestigioso director de teatro Lluís Pascual (Reus, 1951) regresó ayer al Teatre Bartrina como segundo invitado del ciclo Prosceni Reddis para contar parte de su extensa carrera.

Vuelve a estar sentado en el Teatre Bartrina, que usted mismo reinauguró. ¿Qué siente?
Acabo de cumplir 70 años y ahora esta pregunta me suena distinta. En efecto, con Núria Espert hicimos el espectáculo de reinauguración, pero aquí me veo pequeño. Antes, allí en el escenario, he visto un aparato rudimentario para regular las luces con agua y sal, más el polvo y el olor que hace allí detrás. Sinceramente me han venido recuerdos de un mundo de infancia.

Cuenta que con 70 años siente libertad para decir lo que piensa. ¿Y qué es la libertad?
Yo he intentado decir siempre lo que pienso, aunque a veces todos nos construimos o nos construyen un personaje e interpretan aquello que decimos o pensamos de muchas maneras. Creo que si con 70 años no te puedes permitir ser directo, siempre con educación, quiere decir que no has aprendido nada en la vida.

¿Y la dignidad es marcharse de un lugar en el que no está a gusto como hizo en el Teatre Lliure?
Esto es una dignidad profesional, que también existe, sobre todo cuando la Guardia Civil no te obliga a hacer este trabajo. En este caso fue un ejercicio de libertad. Pensé que siempre me había ido de los lugares por propia voluntad y había un grupo de gente que no estaba conmigo, no tenía sentido continuar. Por eso me fui. Por otro lado, la gente de teatro no es nostálgica, el teatro es presente, no nostalgia. De esto hace cuatro años y ahora lo veo como si le hubiera pasado a otra persona.

En 2018 le acusaron de maltrato. ¿Con la perspectiva del tiempo, qué análisis ha hecho de la situación?
Voy por la vida como un francotirador y los francotiradores están expuestos a que también les apunten y les disparen desde abajo. Aquello fue una mentira en aquel momento y continúa siendo una mentira ahora. Los propagandistas nazis decían que una mentira repetida muchas veces acaba en verdad. Esa situación ocurrió hace un tiempo e imagínate, hemos pasado hasta una pandemia.

¿La cultura nos ha salvado?
No tengo ninguna duda. En un país en el que las dos salidas naturales son el deporte y la cultura, muy poquito, y de repente el deporte deja de existir, la gente se va a la cultura. Cuando hablo de cultura, hablo de muchas cosas, desde un vídeo de YouTube de un humorista hasta un libro. Yo he leído más que nunca durante el confinamiento. Cuando empezó la pandemia, tenía programado trabajo en China y Estados Unidos, dos lugares imposibles de entrar. Se paralizó todo. Personalmente me sirvió para frenar cuando no me lo esperaba y eso me hizo cambiar el paso. Antes, cuando me ponía a leer me sentía como culpable porque pensaba en las cosas pendientes que me quedaban por hacer. Ahora, no pienso en nada.

¿Cuándo se enamoró de Lorca?
Recuerdo cuando mi madre nos ponía canciones de Lorca sin saber ella ni nosotros que eran de Federico. Me regalaron el libro de poemas cuando apenas tenía 12 años y a partir de entonces fue algo natural, progresivo. Para mí Lorca es un ejemplo, si tuviera un modelo a seguir único se llamaría Federico García Lorca. Él tenía una empatía con el mundo y con la vida increíble y además lo explicaba como nadie.

¿Es necesario conocer los paraísos y los infiernos de un actor antes de ofrecerle un papel?
Conocer sus registros y adivinar su personalidad. Los actores son como una cajonera que siempre tiene un cajón vacío, ese cajón es el que llena el director. Un agujero vacío que se puede llenar de tragedia, de comedia o drama, pero que es distinto para cada actor. No hay ninguno igual.

¿Y llegan a mejorar, con su interpretación, lo que usted les pide?
Todos. Los directores somos una gente que solos no podemos hacer nada. Ensayas con alquien, haces luces con el encargado de luces, haces el sonido con el de sonido. En realidad, el director no hace nada, su trabajo es dejar ir la energía entre gente creativa. Me niego bastante conscientemente a tener imaginación, porque no te puedes imaginar a una persona. A los actores los quiero y me gusta verles crecer. 

El teatro es piel, ¿verdad?
En el teatro tienes que ver al de al lado cómo suda igual que tú. Por eso creo que  está en un momento fantástico con respecto a la relación entre el público y el escenario. El público ha sufrido mucho durante la pandemia, ahora ya todo tiene forma de tablet, pero la gente ha demostrado muchas ganas de volver. Hay espectáculos en donde la gente se ha mostrado entregada y eso nos da alegría. Las butacas del teatro no son tan cómodas como las del cine, te tocas con el de al lado. Por eso es algo vivo. Somos conscientes de que sin el público no somos nada. 

El lunes, en la presentación de la Setmana de l’Art, definieron a Reus como la capital cultural de la Catalunya sur. 
No creo que sea una expresión de márqueting. Ahora estamos en un teatro que pertenece al Centre de Lectura. Cuando yo explicaba el significado del Centre de Lectura fuera, de su características de club inglés, la gente no se lo creía. Es algo extraordinario. En Reus siempre ha habido espacio para la cultura, por eso pienso que esa expresión no es una casualidad sin contenido.

¿Cuándo se emocionó por primera vez en un teatro?
Fue en el Orfeó de Reus, con la obra Èdip Rei. La protagonizaba un actor llamado Roig, que era panadero. Esa fue mi primera vez.

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