«Los guerreros se untaban el cuerpo con cacao en las celebraciones»

El origen del chocolate en las culturas prehispánicas y su llegada a Europa centran un taller dirigido a niños

JAVIER DÍAZ

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La investigadora de la URV Laura Bricio impartió la actividad ayer en Solivella. FOTO: PERE FERRÉ

La investigadora de la URV Laura Bricio impartió la actividad ayer en Solivella. FOTO: PERE FERRÉ

«El cacao jugó un papel muy importante en las culturas maya y azteca. Era un bien preciado no solo como alimento, también como elemento de conexión con los dioses y como moneda de cambio. Las habas de cacao eran monedas y, además, de alto valor», explica Laura Bricio, investigadora del Grup de Recerca Seminari de Protohistòria i Arqueologia (GRESEPIA) de la Universitat Rovira i Virgili. Ayer un impartió un taller sobre el origen del chocolate, en La Societat de Solivella, en el marco de la Setmana de la Ciència. «Esta actividad sirve para que los niños y niñas sean conscientes del valor que puede tener un alimento en la sociedad que lo consumos. También es importante que entiendan que tiene un alto valor nutricional y que su forma más saludable es con el menor porcentaje de azúcar posible», dice.

El cacao empezó a tomarse como bebida en las distintas culturas mesoamericanas. «Solo la podían cosnumir los hombres, mayoritariamente de alto rango social, y en celebraciones religiosas, reuniones comerciales o acuerdos matrimoniales. En la cultura azteca se replicaron estos usos mayas y se añadieron más: los guerreros se untaban el cuerpo con cacao durante las ceremonias de celebración, pues su tono rojizo simulaba la sangre de los vencidos; y se llevaba cubos de cacao a las batallas, que funcionaban como una pastilla de caldo actual -disuelta en agua era como una bebida instantánea», explica Bricio.

El chocolate llegó a Europa tras la conquista de América. «La introdujeron los religiosos del Monaterios de Piedra, cerca de Zaragoza, ya que algunos acompañaron a Hernán Cortés en su viaje».

La bebida de cacao se podía consumir caliente o fría. «Consistía en cacao puro disuelto en agua con algunos saborizante, sobre todo polo de chile. Era una bebida amarga y picante que nada tenía con ver con la que tenemos hoy en día», comenta Bricio.

Fueron los primeros colonizadores, los que empezaron a añadir azúcar de caña para disimular el amargor y el picante. Y empezó a ser una de las preferencias de sus esposas. «Ese tipo de chocolate es el que llega a Europa, un alimento dulce que no tenía nada que ver con su origen como bebida destoinada a aristócratas y gierrero prehispánicos», apunta.

Los niños que participaron en el talller de ayer elaboraron una receta de cacado tal y como se hacía primigeniamente por las civilizaciones mesosamericanas. «Esta actividad también es una forma de visibilizar la investigación arqueológica, que necesita de disciplinas científicas transversales para avanzar en el conocimiento. Cuando me preguntan, para qué sirve la investigación arqueológicas siempr respondo que es una de las mejores formas de entender nuestro mundo y el comportamiento de la humanidad a los largo de los siglos», concluye Bricio.

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