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Marta Mulero: «La música me llena la vida, el cerebro y el corazón»

En el Centre de Lectura sintió un flechazo por el instrumento. Desde entonces, su proyección artística ha sido imparable, llegando a actuar en escenarios de países como México y Francia

SÍLVIA FORNÓS

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La violonchelista Marta Mulero Vinuesa.  FOTO: Cedida

La violonchelista Marta Mulero Vinuesa. FOTO: Cedida

La violonchelista Marta Mulero Vinuesa (Barcelona, 1986) se enamoró del instrumento en el Centre de Lectura de Reus. «Fue amor a primera vista», dice. Y desde entonces, ha sido su compañero musical de viaje. Más tarde ingresó en el Conservatori Professional de Música de Vila-seca donde estudió con David Blay y se graduó obteniendo el Premio de Honor en Violonchelo y Mención de Honor en Música de Cámara. A lo largo de su trayectoria, ha girado por todo el territorio español y por países como México, Italia, Francia y Túnez, entre otros. Actualmente vive en Madrid, pero siempre que puede visita a la familia en Reus, ya que reconoce que «soy muy familiar, y una gran afortunada porque mi familia me apoya en todo».

Comenzó a estudiar violonchelo a los 9 años. ¿Por qué eligió este instrumento?

Comencé mis estudios en el Centre de Lectura de Reus y un grupo de profes muy ‘progre’ proponían hacer una asignatura llamada la rueda de instrumentos y, durante un año, tenías la opción de probar todos los instrumentos que se impartían en la escuela. El día que probé el violonchelo hubo un amor a primera vista, jamás olvidaré ese día. Así que el instrumento me conquistó. Hoy en día, se imparte esta asignatura en todos los conservatorios y escuelas de música.

A diferencia de otros instrumentos, ¿qué aptitudes requiere?

Creo que lo más importante son las ganas y el tesón, el talento sin esfuerzo, no sirve de nada. Aun así, ayuda el tener un buen sentido del ritmo, oído y, sobre todo, muchas ganas.

A lo largo de su carrera, ¿cuántos violonchelos ha tenido y qué modelos?

Tuve un chelo de pequeñita y uno más grande al crecer, instrumentos muy básicos. Cuando supe que quería ser violonchelista heredé el instrumento de mi profesor David Blay, que mis padres compraron años después. Lo tuve en préstamo durante un tiempo, era el instrumento con el que mi profesor había estudiado. A día de hoy, sigo con él, un vienés de 1876.

¿Las cuerdas son la parte más delicada?

No diría que son la parte más delicada, creo que esta es el alma. Pero son muy importantes, y en el caso del cello, muy caras, ya que un buen juego de cuerdas (4 en total) cuesta alrededor de 200 €.

¿Cómo afecta al instrumento el estado de ánimo del músico?

Cuando tocas un instrumento, creas una relación simbiótica con este. Tengo una gran amiga que siempre dice: «Tocas como eres», a lo que yo añadiría: «Tocas como estás». Si no estás bien, el instrumento no suena. Tu sonido es tu voz. Soy una persona muy escéptica y carente de fe, pero si la tuviera, diría: «Tu sonido es la voz de tu alma», pero no creo en la existencia de esta.

¿Cómo de importante es saber escuchar?

Creo que es una respuesta que tú misma me podrías dar, como periodista y como persona. En la música, como en la vida, saber escuchar es primordial, es fundamental, de este modo aprendemos.

En el Conservatori Professional de Música de Vila-seca se graduó obteniendo el Premio de Honor en Violonchelo y Mención de Honor en Música de Cámara. ¿Qué significó?

Representaron el impulso necesario para luchar por ser violonchelista profesional. Me siento feliz y orgullosa de mis orígenes. Mi Centre de Lectura de Reus me inculcó la ilusión y amor por la música con mis dos primeras profesoras de cello: Gabrielle Deakin y Carmen Gómez y, posteriormente, el Conservatori de Vila-seca me otorgó una gran formación, con el que yo considero mi ‘padre cellístico’, David Blay.

Para lograr las máximas calificaciones, ¿ha renunciado a algo?

Creo que no he renunciado, es más, he ganado. Siempre me ha encantado estudiar, bromeo siempre diciendo que soy una friki. Siempre me ha fascinado aprender y jamás suspendí un examen. Pero me encanta el ocio, bailar, salir, comer… Y eso no me quita la curiosidad de averiguar cómo respiran las moscas o cuál es el proceso de reproducción de la avispa esmeralda. Al mismo tiempo, que soy concertista, también hago grabaciones y doy clases, sobre todo de cello, aunque también de cultura musical. Un poco de todo, para no aburrirme.

¿Y en qué momento decidió que iba a dedicarse profesionalmente a la música?

Creo que siempre lo supe. No hay nada que me llene tanto la vida, el cerebro y el corazón, como hacer música. No podría hacer otra cosa en la vida.

Imagen del Dúo Sitnikava-Mulero en una actuación. foto: Cedida

¿Pensó en tirar la toalla?

Una vez a los 13 años…. Adolescente total, pero mi familia me animó a seguir y ¡menos mal!.

Ha formado parte de orquestas de toda España. ¿Qué le ha aportado esta experiencia?

Tocar en una orquesta es una experiencia brutal. Formar parte de una masa sonora de tal magnitud, donde las relaciones personales, musicales y profesionales se mezclan en un perfecto equilibrio. Siempre me ha fascinado la mente de compositores como Beethoven o Brahms, cómo podían contener tanta información en sus cerebros y haberla transformado en tanta belleza. Creo que mi admiración y fascinación nunca cesa.

¿La relación alumno-profesor en la música es más estrecha?

Sí y es algo maravilloso. Creo que he tenido muchísima suerte con mis profesores, de algún modo, siempre me sentí adoptada por ellos y con mis alumnos/as me pasa igual. Es una relación tan bonita, llena de respeto y admiración por ambas partes. Ahora que soy más profe que alumna, creo que mis alumnos forman parte de mi familia. Y ver como se forman como violonchelistas, me hace sentir muy afortunada. Si pudiese escoger un objetivo como profe este sería que mis alumnos sean mucho mejores que yo.

De los maestros que ha tenido, ¿qué consejo nunca olvidará?

Un maestro ruso con el que estudié muchos años, Leonid Gorokhov, me dijo: «Toca bien siempre, sea donde sea, nunca sabes quién te está escuchando». Y, de hecho, a veces tocando en una boda, un funeral o incluso en un bar, había allí un producto, que me ha dado muchísimo trabajo…

Ha sido premiada en varias ocasiones. ¿Qué han significado estos reconocimientos?

Tengo sentimientos encontrados con este tema, porque lo paso mal en concursos o competiciones. Yo disfruto tocando, pero estos reconocimientos me han dado oportunidades. Y creo que, por eso, ya vale la pena haber luchado.

Algunos premios han sido becas. ¿Existe competencia?

Sí, hay competencia pero, más allá de esto, lo que hay son pocas becas. Creo que se debería premiar más el trabajo y el talento, y que las personas que brillan no tuvieran que marcharse a otros países.

Compagina el violonchelo clásico con el moderno. ¿Qué supone?

Diversión y constante formación. Siempre quise tocar ‘todo’ con el cello, desde un concierto de Haydn, hasta una versión de Queen. Actualmente, hay más oportunidades de estudiar todo este abanico de posibilidades. Cuando yo era pequeña, no era así. Intento, en la medida de lo posible, ofrecer todas las opciones a mis alumnos, al mismo tiempo que me sigo formando. No perder la curiosidad es la clave.

Vive en Madrid. ¿Tiene tiempo de venir a Reus?

¡Sí!... Aunque, desde lo acontecido con la pandemia mundial no, obviamente. Pero en circunstancias ‘normales’ suelo venir una vez cada mes y medio aproximadamente. Sigo tocando con un compañero del Conservatori de Vila-seca con el que formamos el Duo Miró y seguimos haciendo conciertos y proyectos, mi gran amigo y compañero, Medir Bonachi.

Ha estado de gira por España y por otros países. ¿Qué es lo más difícil de estar lejos de casa?

Soy muy familiar y soy una gran afortunada, ya que mi familia me apoya en todo y se vienen a los conciertos por toda España, además de venir asiduamente a verme a Madrid.

Está especializada en la pedagogía del violonchelo. ¿Qué le transmite a sus alumnos?

El amor por la música y por este instrumento. Desde que era pequeña, la figura de Pau Casals me marcó profundamente e intento transmitir su mensaje de paz y amor, sin dejar de lado la exigencia. Una de las personas con las que más amo tocar es con mi compañera bielorrusa Elina Sitnikava, una violinista espectacular de reconocido prestigio internacional, con la que hacemos muchos conciertos (Dúo Sitnikava-Mulero), y de ella aprendo cada día, que con esfuerzo y trabajo puedes conseguir todo lo que te propongas. Esto me llevó a crear un proyecto llamado Musica Omnia, que en latín significa toda la música. Un proyecto personal que consiste en una plataforma de músicos, formada con los mejores profesionales de España, llegados de todos los países del mundo; dedicados a hacer conciertos, grabaciones, eventos, etc. Todo ello gestionado y organizado con el mayor rigor y profesionalidad.

¿Nota cuando un alumno recibe clases por qué sus padres insisten en ello?

Hace unos años, abandoné la enseñanza en centros como escuelas de música y conservatorios y solo imparto clases particulares, con lo que los alumnos/as que estudian conmigo, lo hacen porque quieren. Incluso en vacaciones damos clases. No me puedo quejar. Inculcar a un/a niño/a el amor por la música, así como cualquier disciplina artística o deportiva, es el mejor regalo que le pueden hacer sus padres.

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