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Mònica Batet: «El cuento se considera un género de segunda»

Autora y editora, esta tarraconense acerca la mejor literatura de los países nórdicos a los lectores catalanes con su editorial Nits Blanques, las mismas noches que comparten los escritores que publica

GLORIA AZNAR

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La escritora y editora Mònica Batet. Foto: Pere Ferré

La escritora y editora Mònica Batet. Foto: Pere Ferré

Mònica Batet Boada es licenciada en Filologia catalana, escritora y editora. Como escritora ha publicado, entre otras, L’habitació grisa, No et miris el Riu, Nou illes al nord o Dins del cor de Chopin. Fascinada por los países nórdicos, sus paisajes, su cultura, su sociedad y su literatura, Batet decidió emprender el camino como editora, para acercar a los lectores catalanes algunas de las mejores obras de aquellos lares. Así, en octubre de 2020 se ponía al frente de Nits Blanques, editorial con la que ha publicado a autoras como Cristina Sandu, Herbjørg Wassmo, Helle Helle o Gunnhild Øyehaug. Recientemente ha sido galardonada con una beca Montserrat Roig, por la que este otoño desarrollará su creación durante dos meses en la Biblioteca Nou Barris.

¿Cómo ha sido el salto de escritora a editora?
No considero que haya dado un salto porque no he dejado de ser escritora. Lo que ocurre es que he viajado bastante por el norte de Europa, donde hay una literatura que aquí, en lengua catalana, no llegaba porque básicamente lo que se publica de aquellos países es novela negra. Y lo que fue una idea inicial se convirtió en realidad, aprovechando que el sector de la imprenta ha cambiado y en la actualidad puedes trabajar con muchos menos ejemplares.

¿Cómo está siendo la experiencia de Nits Blanques?
Es pronto para valorarla porque la editorial arrancó en octubre de 2020 y este año está siendo muy raro. Aunque sí puedo decir que me han escrito lectores felicitándome por la iniciativa. Ver en las redes sociales que alguien se está leyendo uno de los libros de Nits Blanques y le gusta es una satisfacción o entrar en una librería y encontrártelos.

«De los países nórdicos me interesa el paisaje, la organización social o la arquitectura. Y si no te gusta el calor,  el verano es perfecto»

Como editora, ¿cree que hay demasiada oferta?
A lo mejor la oferta no es el problema, sino la poca cantidad de lectores que tenemos.

Aunque solo trabaje con autores nórdicos, tiene un gran abanico donde escoger. A la hora de publicar, ¿qué prima?
En primer lugar, me tiene que convencer a mí. A veces me llegan promociones de libros que se han vendido mucho en otros países, en Alemania o Francia. Pero para mí eso no es significativo. Lo importante es que lea el libro y vea que literariamente tenga calidad. ¿De qué me sirve que se hayan vendido 10.000 ejemplares? Al final, una editorial es su catálogo. Jaume Vallcorba, de Quaderns Crema decía que un editor tiene que mirar su catálogo y no avergonzarse de ningún libro. Y coincido con él.

¿Piensa en el lector?
Por supuesto. La segunda pregunta que me hago es si el libro se merece que los lectores catalanes lo conozcan. Por ejemplo, La casa de la veranda cega, de Herbjørg Wassmo, lo había leído en español hacía un tiempo y me sorprendía que no se hubiera traducido nunca al catalán porque tiene una calidad innegable. Pero me guío solo por mi opinión.

Hay voces que defienden que si solo se habla de la trama, no es una buena obra, ¿qué opina?
Es exactamente así, porque las tramas hace muchos años que están inventadas. Hay dos grandes temas, el amor y la muerte. Pero si el grueso de la novela es solo la historia, no es literatura. Es otra cosa.

Los cuatro volúmenes que ha publicado hasta el momento Mònica Batet como editora de Nits Blanques. Foto: Pere Ferré

Amor y muerte, pero también odio o venganza...
Son sentimientos negativos del amor.

¿Todo se reduce a esto?
Sí, pero no lo digo yo. Lo han dicho millones de personas antes que yo. De lo que se trata es de ser original en la estructura, en dosificar la información y en tener una voz que sea tuya, sin imitar a nadie.

¿Por qué esta atracción por los países nórdicos?
He pasado veranos allí. Me interesa el paisaje, tan diferente al nuestro; el clima, la organización social o la arquitectura, que no tiene nada que ver con la nuestra. Y su paisaje urbano, con los ferris como medio de transporte para conectar las numerosas pequeñas islas que tienen, sobre todo Suecia y Noruega. Además, si no eres una persona que te guste el calor, el verano nórdico es perfecto.

¿Se iría a vivir allí?
Sí, siempre que ganara el mismo sueldo de la gente de allí.

¿Qué le interesa como lectora?
Siempre me ha interesado la literatura centroeuropea y la polaca. Creo que hay muy buena literatura polaca. De hecho, mi último libro trata de Polonia.

‘Dins del cor de Chopin’.
Es una recopilación de cuentos durante el estado totalitario. Estuve en Polonia por primera vez en 2017, invitada como escritora por Alfons Gregori, que es un tarraconense que imparte clases de filología catalana en la universidad de Poznan y durante el curso sus alumnos leyeron dos de mis novelas. Una vez allí descubrí un mundo nuevo que me interesaba y sobre el que quería escribir. Así nació Dins del cor de Chopin.

¿El cuento está infravalorado?
Sí, aunque no sabría decir el motivo. Así como en Estados Unidos o Latinoamérica se valora mucho el escritor de cuentos, aquí nos gusta el libro a peso y el libro a peso es una novela. Creo que es como un círculo vicioso por el que se considera que los cuentos son un género de segunda, cuando escribir cuentos es mucho más difícil que una buena novela.

¿Por qué?
García Márquez decía que en una novela siempre podía haber una frase coja, que en algún momento decayera para volver a subir el ritmo. Pero el cuento no puede decaer. Por ejemplo, hace tres años me dieron una beca para ir a una residencia de escritores en Nueva York. Me la otorgó el Institut Ramon Llull, pero me seleccionaron desde Nueva York y allí coincidí con autores de diferentes nacionalidades, la mayoría de ellos escritores de cuentos. En aquel momento tomé conciencia de dos cosas. Una, que a pesar de que daba clases en la Universidad, mi esencia es ser escritora. Y la segunda, que quería escribir una recopilación de cuentos, que es lo que acabé haciendo.

«Las tramas hace muchos años que están inventadas. Si el grueso de la novela es solo la historia, no es literatura, es otra cosa».

¿En qué consiste la beca que le han dado ahora?
El Ayuntamiento de Barcelona otorga la beca Montserrat Roig para que durante dos meses pueda crear en un recinto emblemático de la ciudad, que en mi caso es la Biblioteca Nou Barris. Son veinte becas, diez en primavera y otras diez en otoño y a mí me ha tocado en otoño. Me pagarán por escribir, que es lo ideal, que te paguen por el trabajo que haces.

¿La literatura es esencial para conocer otros mundos?
En el caso de la nórdica, hay un campo amplísimo por explorar y es lo que estoy haciendo, buscando cosas que no sean las de siempre. Por ejemplo, en Noruega se hablan dos tipos de noruego, algo que mucha gente no sabe. Y Gunnhild Øyehaug, la autora de Nusos, escribe en nynorsk, la variante más minoritaria, que solo habla el 10% de la población. Curiosamente, toda la buena literatura noruega que se escribe en la actualidad es en nynorsk. Con estas obras lo que hacemos es dar a conocer unas realidades que se desconocían completamente.

¿Le gustan las noches blancas?
Sí. Justamente ahora las están viviendo, hasta el 23 de junio, que es el punto más alto. Es cuando el cielo se torna de un color gris, que no se acaba de volver negro y a las 11 de la noche es de día, pero también a las tres de la madrugada. El grueso de mi novela Nou illes al nord transcurre durante esa época y la primera estructura de la obra la escribí durante las noches blancas, en un viaje de Tallin a Riga, después de visitar Oslo, en 2016.

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