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Nativel Preciado: «A los africanos se les quita todo y cuando vienen a Europa les decimos que aquí no caben»

La periodista viaja hasta el corazón de África con la novela El santuario de los elefantes, un alegato a favor de la riqueza del continente y contra la codicia del llamado primer mundo.

Gloria Aznar

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Una pareja de multimillonarios organiza un viaje a Tanzania con sus potentados amigos. El objetivo no es otro que invertir en unos lucrativos terrenos para blanquear su riqueza, procedente de ganancias turbias. Pero el viaje, mezcla de negocios y de placer, se convierte en un infierno. Enfermedades, accidentes y crueles enfrentamientos entre ellos se adueñan de los expedicionarios, en lo que parece una venganza de un continente sangrante. Esta es la trama de El santuario de los elefantes (Editorial Planeta), de la periodista, novelista y analista política Nativel Preciado, obra galardonada con el Premio Azorín de Novela 2021.

Inicia ‘El santurario de los elefantes’ con una cita de Kapuscinski. ¿Es lectora del maestro?
Sí. Entre Kapuscinski y Javier Reverte me he paseado por África mejor que presencialmente, al menos en algunos países. Soy admiradora, lectora y seguidora.

¿Ha viajado a Tanzania?
A donde van mis personajes no he estado. He viajado a muchos otros países, sobre todo en África occidental y el Magreb, que lo conozco bien, ya que por motivos de trabajo he ido muchas veces y alguno por placer. Pero no he visitado ni el Ngorongoro, ni Arusha o Dar es salaam, ni tampoco esos parques naturales maravillosos. O sea, que es un viaje pendiente. He volado con la imaginación mientras estaba confinada entre cuatro paredes. Y no sé por qué me fui al otro extremo de lo que conozco tan bien.

¿No lo tenía previsto?
La verdad es que no. En un primer momento lo que quería era narrar cómo era el mundo de unos personajes muy concretos. Pero en el confinamiento tuve necesidad de dejar más suelta de lo habitual mi imaginación. Vi infinidad de documentales sobre furtivos, que a raíz de lo que ocurrió con nuestros dos compañeros asesinados es un asunto que está muy de actualidad. Y también sobre otros muchos temas africanos. Me influyeron mucho, por lo que quise dar a los protagonistas un destino diferente, ponerlos en el lado opuesto de la mezquindad que representan algunos.

Nativel Preciado. Foto: Victoria Iglesias

Es inevitable que se venga a la cabeza el rey emérito con la foto del elefante. ¿Pensó en él?
No. Los personajes no representan a ninguna persona concreta. Pero el rey emérito inevitablemente aparece en una de las conversaciones, en la que comentan que aquella desgraciada foto fue el principio del fin de una trayectoria. También es muy impresionante que una persona que lo tuvo todo y fue tan importante en la historia de España, por su mala cabeza se encuentre en la situación tan penosa a la que ha llegado. Pero sinceramente, detesto hacer leña del árbol caído, por lo que no es personaje de mi novela.

¿De qué manera entró en este grupo, mayoritariamente mezquino y amoral?
Tenía curiosidad. Llevo 50 años contando historias en los periódicos o en los libros y he tenido ocasión de estar de espectadora en alguna cena que me llamó poderosamente la atención. Yo quería narrar cómo es el mundo de estos tipos, que no es el de los ricos, ni mucho menos. Estos personajes, que no aparecen en la prensa del corazón ni en las revistas glamorosas, siempre están ocultos y tienen mucho que defender. Son desaprensivos, pero lo que a mí me llama más la atención es que sean insaciables. Por lo general se enriquecen de forma ilícita, pero todo lo que poseen les parece insuficiente. Quieren más y más. ¿Qué pueden llegar a hacer para multiplicar su fortuna? Son capaces de cualquier cosa.

«Es muy impresionante que una persona que lo tuvo todo y fue tan importante en la historia de España, por su mala cabeza se encuentre en la situación tan penosa a la que ha llegado» (sobre el rey emérito).

¿Las leyes están hechas para los millonarios que plantea?
El poder es insaciable, como estos personajes alegóricos y lo vemos con los derechos. Por ejemplo, con las mujeres está muy claro. En España hemos conseguido grandísimos avances, sobre todo comparado con la época en que yo era jovencísima. Y sin embargo, en cuanto bajamos la guardia siempre hay alguien que se apodera de esos derechos, los pisotea o pasan las atrocidades que están pasando ahora con las mujeres. Entonces, el problema es que hay que estar defendiéndolos siempre y saber interpretar las pequeñas intromisiones porque cuando se cruza una línea, ya podemos darnos por perdidos, se cruzan todas. Por eso hay que tener muy a raya la ambición, la avaricia y el poder, más allá de que nosotros mismos individualmente cumplamos con nuestra obligación. Aparte de eso, los que tienen capacidad de decisión tienen que marcar límites muy claros y establecer leyes que conlleven una penalización grave si se saltan. Hay que estar siempre con las riendas del mundo y de nuestra propia vida en las manos para no saltarse los límites.

¿Cree que en la vida real una persona como Adriana se puede interesar por otra como Julia?
Por supuesto. Lo raro es que no se interesen más porque a mí Julia me parece un personaje muy curioso. Además, Adriana es la más sensible de todos los que inician la expedición, tanto que percibe los cambios, los mensajes, la naturaleza... se da cuenta de que en muchas cosas lleva una vida muy equivocada. Y Julia es el elemento que se me ocurrió introducir para que fuera el contrapeso de la mayoría de los personajes de la expedición. Es una mujer que viene de otro mundo, completamente diferente. Se empotra, como decimos en las guerras, y hace saltar por los aires los nervios de varios personajes, sobre todo de Carlos.

El que supuestamente es su pareja…
Es la que le pone en evidencia. Hace un poco de catalizador. Aparece ella y empiezan a pelearse un poquito más. Y Adriana, que es una mujer sensible e inteligente, se fija en ella y la ayuda. A mí no me extraña nada.

Precisamente el peor de todos es Carlos.
Empecé describiéndolo como un personaje interesante, anticuario y de repente se me fue de las manos y cada vez le cogía más manía. Si estás muy encerrada escribiendo la novela como me ha pasado a mí, interactúas con ella. Y no le he castigado mucho, solo un poco. Esa justicia poética que nos tomamos los autores, que es muy divertido. Quizá en la realidad no pase, pero desde luego en mi novela los buenos van a ganar y los malos van a perder.

«Los furtivos africanos cazan elefantes y trafican con el marfil porque tienen que dar de comer a sus hijios. Para ellos esa situación es un drama absoluto, ya que matar a un elefante es algo que les horroriza».

La naturaleza es el personaje principal.
Y los elefantes y los africanos. También todos los Helani, el guía de la novela. Esta gente que tiene muy claras las cosas y que los expedicionarios no tienen en cuenta, ni siquiera se fijan en ellos. Sin embargo, tienen una profundidad tremenda y tenemos que aprender muchas cosas de ellos porque también están incrustados en la naturaleza y viven de acuerdo al entorno. Respetan lo que tienen. Pero los furtivos africanos, que han matado a dos compañeros nuestros, cazan elefantes y trafican con el marfil porque tienen que dar de comer a sus hijios. Para ellos esa situación es un drama absoluto, ya que matar a un elefante es algo que les horroriza y además ellos no se llevan prácticamente nada. Solo lo hacen para mantener a la familia más o menos dignamente, mientras que los demás no tienen para comer. Entonces, sucumben a esa tentación.

¿Qué peajes pagan por ello?
Primero, piensan que puede haber una venganza de la naturaleza por matar elefantes. También están malditos por sus comunidades o sus tribus, un furtivo está mal visto en su comunidad. Entonces, es tremendo que por culpa de la codicia de los que trafican con marfil y se enriquecen, por el capricho de los que anhelan unas figuras, suceda esa cadena de atrocidades. África es lo opuesto a estos personajes desaprensivos. Viven en la naturaleza y esta es mucho más generosa, a veces salvaje y brutal. Es difícil romper el equilibrio porque se toma la revancha, como vemos en tantas cosas.

«Hay que estar defendiendo los derechos siempre y saber interpretar las pequeñas intromisiones porque cuando se cruza una línea, ya podemos darnos por perdidos».

¿El mensaje podría ser 'A Europa algún día le pasará factura'?
Ya está pasándonos la factura de lo que estamos haciendo. Los africanos no pueden vivir porque les arrebatan las tierras para plantar productos que son rentables, biocarburantes; les quitan las materias primas para fabricar todo lo que necesitamos; hay guerras porque tienen dictaduras y no les llegan las ayudas. Los dictadores están muchas veces mantenidos por las grandes potencias para poder cumplir sus intereses... A los africanos se les quita todo y cuando vienen a Europa, jugándose la vida, les decimos que aquí no caben. Lo que está pasando es disparatado.

¿Alguna vez África será de los africanos?
Sí, lo que pasa es que las llamadas de atención quizás sean imperceptibles. Hay pequeños indicios por parte de Biden, el G7 ha decidido aumentar los impuestos, la OCDE esté pensando en tomar medidas… Pero o estos cambios son un poco más radicales, las vacunas se reparten y se deja a los africanos que vivan por lo menos con la mitad de su riqueza o esto, evidentemente, es insostenible.

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