Cultura Entrevista

Pablo Martín: «Reivindico la vejez como un valor del que a veces nos olvidamos»

El escritor y traductor reusense publica la novela ‘Diario de un viejo cabezota. Reus, 2066’, una distopía con un grupo de atrincherados en el Pere Mata

Gloria Aznar

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El escritor y traductor Pablo Martín en una imagen de archivo, en el Institut Pere Mata. Foto: Alba Mariné

El escritor y traductor Pablo Martín en una imagen de archivo, en el Institut Pere Mata. Foto: Alba Mariné

Pablo Martín Sánchez (Reus, 1977) es doctor en Lengua y Literatura Francesas por la Universidad de Lille y doctor en Teoría de la Literatura y del Arte y Literatura Comparada por la Universidad de Granada. Miembro del Ouvroir de Littérature Potentielle (Oulipo), trabaja como traductor y profesor. Ha publicado el volumen de relatos Fricciones y, entre otras, las novelas El anarquista que se llama como yo y Tuyo es el mañana. Ambas forman parte de la trilogía que ahora cierra Diario de un viejo cabezota. Reus, 2066 (Editorial Acantilado), aunque se pueden leer de forma independiente. En este particular diario, un Pablo Martín en su senectud plasma sus recuerdos vividos en la capital del Baix Camp desde el Pere Mata, que ya no es un hospital. Allí permanece atrincherado con un variopinto grupo de personajes. Son el último bastión de la península ibérica tras la Tercera Guerra Mundial. Una distopía... No tan distópica.  

La dedicatoria dice, ‘Para aquellos que, sin ser de Reus, casi lo parecen’...
Me resguardo en que es una cita que Dalí dijo en una entrevista. Era un pequeño guiño a Dalí, en ese caso, y a los reusenses que no lo son. Mi propia identidad de la patria chica es de Reus. Pero me fui a los 18 años y ya no he vuelto y hay una relación entre conflictiva y un poco nostálgica de mi pertenencia a Reus. Quizá esta novela venga a ser un poco la manera de hacer las paces con mi propio pasado. 

«Hay una reflexión sutil sobre la libertad y la pertenencia, sobre quién tiene derecho a estar en un sitio porque ha llegado primero o no»

En este diario están todos los reusenses ilustres.
A alguien me habré dejado. Por ejemplo, los que todavía no se han hecho célebres, pero pueden serlo de aquí al 2066.

Hay muchos elementos que estamos viviendo que no son tan distópicos, como las mascarillas y el marburgo. ¿Valora dedicarse al tarot? 
Son cosas que ya estaban escritas antes de la pandemia, en el 2018. Hacer futurología es un riesgo grande y eso lo han sufrido todos los escritores que han hecho anticipación, desde el propio Julio Verne, que acertó muchas cosas, pero otras muchas no. Lo bueno es que solo se recuerdan las que adivinó. Pero no se trata nunca de adivinar lo que pasará exactamente, sino de expresar los miedos que en ese momento de la escritura se tienen sobre cómo puede ser el futuro.  

¿Como el marburgo?
Buscaba un virus que fuese bastante letal y que se expandiera de manera rápida y mortífera. Estuve investigando y encontré este, que había sido utilizado ya como arma bacteriológica o biológica por los militares en los años 70 u 80. Me pareció que era poco conocido y que podía dar bastante juego. 

El Pere Mata es el último bastión de la península ibérica.
Es un lugar muy apropiado para situar una historia como esta. Buscaba un espacio cerrado, en el que los personajes se pudiesen  aislar del exterior, de ese miedo que siempre nos da el otro, el miedo a la alteridad. Ellos hablan de los foráneos. Y el Pere Mata me iba muy bien porque es un recinto ideado para que los que están dentro no salgan, pero que ellos lo reinterpretan en clave defensiva, que los que están fuera no entren. Y además también tenía toda una historia personal. 

¿De su infancia?
Estudié justo enfrente del Pere Mata. Íbamos allí, como se cuenta en la novela, a hacer teatro, a jugar a fútbol, a comprar chicles y para mí tenía algo íntimo, un poco como si fuese muy teatral. Poner a los personajes en un espacio cerrado, como A puerta cerrada, de Sartre y ver cómo se desarrollan sus relaciones.

«Buscaba un virus que fuese letal y que se expandiera de manera rápida. El marburgo había sido utilizado como arma biológica por los militares en los años 70 u 80»

El Gabriel Ferrater lo convierte en un rascacielos.
Además, un rascacielos que la burbuja inmobiliaria ha dejado a medias. Todo muy precario, como me imagino el futuro. 

La diversidad existe dentro del Pere Mata en ‘Diario de un viejo cabezota’.
Buscaba que fueran particulares. Los resistentes son la mitad tullidos y la otra mitad octogenarios. También hay un par de extrabajadores. Tiene un punto de Acción Mutante, de Álex de la Iglesia.

¿Vamos en esa dirección?
Hay negros, blancos, mujeres, hombres, transexuales, heterosexuales… La fusión no solo está en la música, sino que en la propia sociedad vamos a tender hacia eso y ya me parece bien.

¿Qué esperan en el Pere Mata?
Ellos desearían que no los desalojaran. La península ibérica tiene que ser desalojada y hay una serie de resistentes que paradójicamente deciden confinarse hasta que los obliguen definitivamente a irse aunque sea con los pies por delante. Es una novela de reivindicación de la libertad del ser humano para decidir su propio futuro, a dónde quiere ir o dónde quiere quedarse. Hay una reflexión bastante sutil sobre la libertad y la pertenencia, sobre quién tiene el derecho a estar en un sitio porque ha llegado primero o no.

«El Gabriel Ferrater es un rascacielos que la burbuja inmobiliaria ha dejado a medias. Todo muy precario, como me imagino el futuro»

Plantea una Guerra Mundial y un tercer referéndum catalán.
La cuestión política supura todo el clima que hemos estado viviendo los últimos años. Hay una Avinguda dels tres referèndums.

Y un hospital 1 de octubre.
Fue interesante porque diría que yo no había estado nunca en el nuevo hospital. Recuerdo unas navidades que me fui a Reus a hacer todo el recorrido de los personajes de mi novela y acabé en el hospital. Allí intenté imaginármelo vacío, destartalado y sin luz.

El personaje de Pablo Martín se jacta de que tras el ‘Gran Apagón’, los mayores sobreviven mejor porque no son tecnológicos.
Si la novela es un homenaje a alguien es, ante todo, a los reusenses y las reusenses, pero más allá de eso, a los viejos. La reivindicación de la vejez como un valor del que a veces nos olvidamos. Me apetecía mucho que los héroes fuesen los viejos, demostrando que la evolución tecnológica puede llegar a explotar y aquellos que sobrevivirán serán los que menos adaptados estaban a las nuevas realidades. 

Tiene alephones, trajes especiales y... Gaudí es de Riudoms.
Un poco de polémica, de salsa. No he hecho mucha incidencia en la clásica disputa Reus-Tarragona.

Además de la visita de Alfonso XIII al Pere Mata, ¿le sorprendió alguna anécdota?
En el documental El Desarraigo, sobre los hermanos Panero se dice que Leopoldo María Panero estuvo internado en el Pere Mata cuando era joven. El propio Leopoldo explica que cuando le preguntaban que por qué no había tenido amores de juventud decía que porque estaba en el Pere Mata y los locos se la chupaban por un paquete de tabaco.

¿También le pareció a usted que se removía mucho la momia de Prim?
Todos estos personajes que son tan propios de la historia de Reus, de alguna manera tenían que aparecer. A mí me interesó mucho el libro que cito, de Baiges, De Prim a Plim, es maravilloso y descubrí cosas interesantes como las iniciales grabadas en los calcetines de Prim. Y eso da mucho juego. Encima, en su lecho de muerte estaba el doctor Pere Mata. 

Me apetecía mucho que los héroes fuesen los viejos, demostrando que la evolución tecnológica puede llegar a explotar y aquellos que sobrevivirán serán los que menos adaptados estaban a las nuevas realidades

En la trilogía recorre dos siglos, desde el garrote vil. ¿Con qué se queda?
Aunque sea una distopía, si nos retrotraemos al garrote vil, por mucho que ahora estemos en el garrote coronavirus, creo que podemos tener un mínimo resquicio a la esperanza. A pesar de todas las críticas que se le puedan hacer hoy en día a los dirigentes y al sistema político capitalista y neoliberal que tenemos, diría que algo hemos evolucionado desde el garrote vil de Alfonso XIII al rey emérito en Oriente Medio.

¿Qué es Oulipo?
Es un grupo de trabajo para hacer evolucionar la literatura en direcciones quizá insospechadas. Para intentar experimentar con nuevas formas o reglas de composición literaria. No somos una vanguardia porque también nos interesa mucho el pasado, descubrir las que se habían usado en otros siglos. Somos 41 miembros contando a todos los muertos, entre ellos a Italo Calvino. 

¿Cómo se entra a formar parte?
De repente un buen día recibes una invitación. Yo fui el primer español en recibir esa invitación. Y solo existe una manera de salir de él, pero que nadie ha puesto en práctica todavía porque es un poco dura de realizar. Es suicidándote ante un notario que certifique que lo haces para salir de Oulipo. Es un grupo muy lúdico, para nosotros la literatura es un juego muy serio, pero un juego al fin y al cabo.  

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