Cultura Narrativa

'Querido Miguel', una de las mejores novelas de Natalia Ginzburg

La autora italiana, que cultivó muchos géneros, destaca por por un profundo deseo de comprensión del alma humana

Aloma Rodríguez

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'Querido Miguel', traducción de Carmen Martín Gaite. Foto: Acantilado

'Querido Miguel', traducción de Carmen Martín Gaite. Foto: Acantilado

Es el día del cumpleaños de Adriana, que cumple 43 y lleva diez días en su nueva casa, en el campo. Se sienta a escribir una carta a su único hijo varón para alertarle de que su padre, del que ella lleva años separada, está enfermo. Estamos en Italia, a finales de 1970. No le habla solo del padre a ese hijo que no le escribe ni le llama ni va a verla, le habla del matrimonio terminado con el padre y de una chica, Mara, que acaba de tener un bebé -¿no será su hijo el padre?- y de cosas aparentemente cotidianas: se ha mudado con ella la hermana de su exmarido, el hombre que fue su pareja durante años acaba de tener un bebé con una mujer mucho más joven que ella -“¿Por qué, Dios mío, seguirán naciendo tantos niños, si la gente está harta y no los puede aguantar? Están demasiado vistos, los niños”, escribe a su hijo Adriana-.

Natalia Ginzburg
Natalia Ginzburg

Ese es el comienzo de Querido Miguel, una de las mejores novelas de la escritora italiana Natalia Ginzburg (Palermo, 1916-Roma, 1991), que cultivó muchos géneros: novela, cuentos, teatro, artículos, ensayos o crítica de cine. Escrita en 1973, destaca por varios motivos: por un profundo deseo de comprensión del alma humana, en ese sentido, sigue a uno de sus escritores referentes, Anton Chejov, del que precisamente Ginzburg admiraba la dignidad que otorgaba a sus personajes. Otra de las razones que explican la singularidad de esta novela es la forma: el grueso de la historia -salvo algunas escenas en las que hay un narrador en tercera persona y sí se pone a algunos personajes en su contexto desde fuera- está contado a través de las cartas que se envían los personajes. La madre al hijo, el hijo a la madre, la hermana al hijo; el núcleo familiar se va expandiendo y se van añadiendo el amigo de Miguel, Mara, un novio que se echa Mara, la exmujer de Osvaldo, otro amigo de Miguel…

Miguel está en el centro, su ausencia une a todos los demás personajes. Empieza la novela en un sótano en Roma, de ahí va a Londres, Leeds, Brujas y Roma; pero es un personaje inasible, seguramente a disgusto en su propia piel y por eso huye. Querido Miguel es la historia de la red que hay alrededor de Miguel, pero en realidad, es como si Ginzburg nos estuviera diciendo que todas las vidas arrastran otras vidas y que un afecto lleva a otro y que todo se complica y se lía, pero es bonito y merece la pena que sea así, y además, no podemos hacer nada para evitarlo.

Querido Miguel es conmovedora en su sencillez, en el retrato de los personajes y en la claridad de su prosa. Parte de ese mérito hay que entregárselo a la excepcional traducción de Carmen Martín Gaite, a quien este libro seguro apelaba también de manera especial por razones personales. Leer por primera vez este libro es el mejor regalo que uno puede hacerse, solo comparable al placer de volver a leerlo.

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