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Revivir todo aquello que nos robaron hace tiempo

Crónica. El concierto de Els Pets, música y teatro en el Saavedra y una Plaça de la Font llena. Parecía un fin de semana de fiesta mayor

CARLA POMEROL

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Concierto de Els Pets, el pasado sábado, en el Auditori del Camp de Mart. FOTO: JORDINA ESTOPÀ MASDEU

Concierto de Els Pets, el pasado sábado, en el Auditori del Camp de Mart. FOTO: JORDINA ESTOPÀ MASDEU

Costó mucho, pero valió la pena la espera. Después de dos intentos fallidos, llegó el momento de revolucionar la ciudad y el Camp de Mart. Los responsables de hacerlo, Els Pets. Los amantes de esta banda de Constantí lo dimos todo. El alma mater del grupo, Lluís Gavaldà, lo avisaba segundos más tarde de entrar en escena: «Este no es un concierto cualquiera». Éramos conscientes de sus palabras. Ni era un concierto cualquiera, ni tampoco era un fin de semana cualquiera. Las casualidades quisieron que la actuación de Els Pets coincidiera con la relajación de las medidas covid y con la llegada del buen tiempo. Combo perfecto para revivir todo aquello que nos robaron hace tanto tiempo. Vivirlo sí, aunque siempre con prudencia.

Els Pets ofrecieron un concierto remember, aunque también pudimos escuchar algunos de los temas del último álbum, Som. A medida que iba avanzando la actuación, las canciones se volvían más vintage. Hasta llegar a temas como Segon plat, S’ha acabat o Pantalons curts i els genolls pelats. Un repaso melancólico a nuestras vidas. Y es que la música de los de Constantí ha marcado generación tras generación. Ha sido la banda sonora de muchos tarraconenses. Todavía me recuerdo a mí, en brazos de mi padre, alucinando con el cañón que disparaba confeti al ritmo del clásico y casi recién estrenado Bon dia. Era en el Parc de la Ciutat, la Santa Tecla de 1998. Yo tenía tan solo ocho años, pero lo recuerdo como si fuera ayer.

Volvamos a la actualidad. Sin ninguna duda, los protagonistas de la tarde del sábado fueron Els Pets. Pero no los únicos. El equipo de seguridad también se hizo notar en el lugar. Los fans más eufóricos ya se levantaban de su asiento desde el principio del concierto. Así lo pedía Gavaldà, quien, micrófono en mano, gritaba: «¡Amunt Tarragona!». Los acomodadores y seguratas pedían con insistencia que se sentaran. Por seguridad, nadie podía estar bailando de pie por un tema de que se expulsan más aerosoles y bla bla bla. Incluso hubo algún que otro enfrentamiento espectador-segurata. Nada que no pudiera solucionarlo una de las canciones reconciliadoras de Els Pets.

Cuando parecía que el concierto llegaba a su fin, los tres mosqueteros –Lluís Gavaldà, Joan Reig y Falin Cáceres, el alma de la banda– consiguieron hacernos llegar al éxtasis. Nos erizaron la piel y nos cayeron las lagrimas. Se plantaron la mítica americana con la bandera de Tarragona para encarar el tramo final de la actuación. La música, a petición del público, continuó al menos media hora más. Era lo que faltaba para que el público estallara. Era prácticamente imposible mantenerse firme en el asiento. Solo lo consiguió estoicamente el alcalde Ricomà. El resto bailamos el Bon dia como si fuera el último baile, como si nos hubiéramos trasladado a esa Santa Tecla de 1998.

No me parecería justo terminar este artículo sin nombrar a los organizadores del concierto, a los valientes que programaron a lo largo del fin de semana tres actuaciones: Sidonie, Els Pets y Crim. Se trata del proyecto Sala Tarragona, capitaneado por la Sala Zero Tarragona y Lo Submarino de Reus.

Sabor a Santa Tecla

Pero todavía había más. A la salida del Camp de Mart, la sensación mejoraba por momentos. Me encontré a conocidos que hacía tiempo que no veía por las calles de la ciudad. Aquellos ciudadanos que no se pierden ni una. Nos saludábamos, siempre manteniendo distancias, pero dejando claro que, poco a poco, volvíamos a vivir.

Desde el Parc Saavedra salía una música que evocaba a las mejores noches de las fiestas de Santa Tecla, a aquellas que vas de plaza en plaza, sin rumbo y con la única garantía de pasarlo bien. No era La Terrasseta –proyecto que ha ocupado el Saaveedra en las últimas Santa Tecla–, eran los compañeros de Tornavís Teatre, que celebraban su décimo aniversario con un fin de semana lleno de actividades.

Seguimos andando hasta la Plaça de la Font. El murmullo de gente se escuchaba desde las Escales d’en Arbós. Se auguraba una buena escena. Ni una silla vacía. Los bares y restaurantes estaban llenos a reventar. Eso sí, nadie se saltaba las medidas. Prueba de ello es que la Urbana no registró incidencias en ningún establecimiento. A las once y cuarto apenas quedaban mesas en la plaza.

El ambiente era de reencuentro con todo aquello que hemos echado de menos. Con la ciudad, con nuestra música, con los vecinos y con las calles. Esperemos que el fin de semana no haya sido un pequeño oasis entre tantas tormentas. Vivir sí, pero con prudencia. Que ya se sabe: La vida és bonica, però a vegades complicada.

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