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Sororidad frente a la violencia machista

Feminismo y venganza van de la mano en ‘Alas de plata’, la segunda entrega de la serie Faye creada por la escritora sueca Camilla Läckberg.

Gloria Aznar

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La escritora sueca de novela negra, Camilla Läckberg.

La escritora sueca de novela negra, Camilla Läckberg.

Violencia y venganza. Solidaridad, determinación y erotismo. Todo esto es Faye, una mujer con un pasado perturbador y un presente no menos angustioso que protagoniza Alas de plata, la segunda entrega de la serie que lleva su nombre creada por la escritora sueca Camilla Läckberg. Un thriller publicado en castellano por Maeva con traducción de Carmen Montes. Y en catalán editado por Amsterdam, traducido por Marc Delgado.

Faye es implacable y cruel. Así lo atestigua el nombre de su compañía, Revenge. Sin embargo, al mismo tiempo se muestra amable y dulce. Una mujer con dos rostros, peligrosa, que no duda en ejecutar para proteger a los suyos. A saber, a su madre, a su hija y, por supuesto, a ella misma.

La historia arranca con dos hechos paralelos. Por un lado, en Suecia dos presos condenados por asesinato consiguen huir aprovechando un traslado. Por otro, en Italia, una Faye segura se siente feliz y libre de problemas. Pero la tranquilidad es efímera, ya que tras ella va un depredador económico que busca arrebatarle su imperio de cosméticos. 

Si una palabra define Alas de plata esta es sororidad, esa solidaridad femenina ante el patriarcado. Incluso me atrevería a decir que un tanto desmesurada, por aquello de No hay hombre bueno. Pero lo que es innegable es que bajo el envoltorio de thriller, la autora hace una denuncia sin ambages de la violencia de género, que evidencia que también es un lastre por aquellos lares, por si se nos ocurre pensar que están más avanzados.

Bajo el envoltorio de thriller, la autora hace una denuncia sin ambages de la violencia de género.

Así, en Alas de plata hay agresiones, hay violaciones y tensión, mucha. Escenas familiares en las que el ambiente se puede cortar con un cuchillo, en las que el lector puede llegar a sentir la angustia y el dolor de ver cómo a una víctima de malos tratos se le saltan todos los dientes. Descripciones sobrecogedoras que recuerdan que en algún rincón del mundo ese es el día a día de una mujer. O de varias. O de muchas.

En este sentido, Camilla Läckberg manifiesta que es precisamente la sociedad y sus ciudadanos los que tienen la obligación de proteger a las mujeres cuando son víctimas de abuso. «Debería ser mucho más sencillo denunciar los delitos o, mejor dicho, mucho más seguro hacerlo. Creo que muchas mujeres no los denuncian porque los hombres pueden perseguirlas e incluso aumentar el nivel de abuso». 

Faye, Ylva, Alice, Johanna... Todos los personajes femeninos de Alas de plata, principales y secundarios, han sufrido su cuota particular de violencia física o psicológica. Es la mujer como objeto, «tratada de forma diferente en un consejo de dirección, en la calle o en los centros educativos», como reflexiona Faye. Y la mama, esa mama que no podía escapar de su realidad. «Creo que es habitual que la víctima justifique y racionalice el comportamiento del maltratador y que, además, asuma una parte de culpa y responsabilidad», destaca Camilla. «Desgraciadamente, la víctima se siente avergonzada y quizás por esta razón no está dispuesta a hablar de ello». Es también la revictimización, la respuesta que da el sistema a una víctima.

«Creo que muchas mujeres no denuncian los abusos porque los hombres pueden perseguirlas e incluso aumentar el nivel» (Camilla Läckberg).

La mujer y su papel en la sociedad es una constante en muchas de las novelas de la autora sueca. Así, feminismo, sororidad y venganza también centran Mujeres que no perdonan, thriller que lleva el mensaje implícito de que juntas, podemos

Si bien Alas de plata es la continuación natural de Una jaula de oro, los continuos guiños narrativos ponen en contexto al lector. Relatada en dos momentos temporales diferentes, la novela intercala la actualidad de Faye con unos funestos sucesos en Fjällbacka, unos hechos que dejan intuir la identidad de sus protagonistas, aunque no se desvelará hasta el final. Dos historias que convergerán en una resolución un tanto apresurada, que permite coger aire para volver a perderlo en el inquietante final.

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