Cultura Entrevista

‘Todos necesitamos descansar de nosotros mismos un rato’

Entrevista con la escritora Aloma Rodríguez a propósito de la publicación de su último libro de relatos, ‘Siempre quiero ser lo que no soy’

Marc Caellas

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La escritora Aloma Rodríguez

La escritora Aloma Rodríguez

¿Cuál fue el impulso que disparó la escritura de Siempre quiero ser lo que no soy? 

En realidad, dos. De un lado, reunir algunos cuentos que había ido escribiendo y que se habían publicado en diferentes sitios, que no quedaran abandonados por ahí, y por otro añadir material para componer un libro que tuviera sentido como conjunto. Hay algunos cuentos que tenía escritos y no había publicado en ningún sitio y quería buscarles buena compañía, que se complementaran unos a otros y sacarlos. Publicar para mí es una manera de cerrar.

Aloma Rodríguez - Siempre quiero ser yo
Siempre quiero ser lo que no soy

¿Sigues creyendo que la literatura sirve para vivir las vidas que no has vivido? Como lectora desde luego, igual que el cine como espectadora. Y como escritora me sirve para imaginar pequeñas variaciones sobre mi propia vida, pero también para ponerme en la piel de otros. También creo que sobre todo me he dado cuenta de que la vida se va haciendo a base de pequeñas decisiones y circunstancias que tienen que ver con el azar. Si no vivir, desde luego, la literatura permite asomarse a otras vidas y coquetear un rato con la idea de ser otro, y ese juego es liberador: todos necesitamos descansar de nosotros mismos un rato.

¿Cómo piensas que encaja tu libro en la narrativa española actual? ¿Con qué afinidades o tendencias o autores dialoga tu libro?

Me cuesta mucho mirar el plano general porque estoy dentro y porque se publica mucho y no me da tiempo de leerlo todo. Veo una tendencia a la víscera -que no me interesa nada-, que es como la conclusión natural del triunfo del basado en hechos reales, que no me parece ningún valor literario en sí mismo, pero que se usa como si lo fuera. A veces me da la sensación de que se confunde literatura y mercado, y veo más afinidades de mercado que literarias. Hay otra tendencia, más presente en los cuentos que en las novelas, a una especie de tremendismo: atmósferas inquietantes, escenas tremebundas… la disfruto como lectora pero no es mi tradición. Me gusta mucho lo que hace Bárbara Mingo, estoy deseando leer la novela de Laura Fernández, confío y admiro a Natalia Carrero y Alejandro Simón Partal; en el libro hay un cuento que dialoga con un poema de Elena Medel; admiro a Berta García Faet, quiero leer a Ángela Segovia y me siento cercana en algunas cosas a Mercedes Halfon. Y supongo que mis cuentos entroncan con una tradición en la que están Ignacio Martínez de Pisón, Cristina Grande, Daniel Gascón, Miqui Otero, Eider Rodríguez o Laura Ferrero, pero también Carmen Martín Gaite, Natalia Ginzburg, Lucia Berlin o Alice Munro. Me interesan también las complicidades que se tejen con cineastas o músicos.

¿Qué te atrae del formato relato para preferirlo a la novela?

No es que lo prefiera, es que es lo que puedo hacer ahora mismo por una cuestión de tiempo. Pero de los cuentos me gusta la exigencia, la idea de que no admiten titubeos; también, al ser más breves, se prestan más a la experimentación y a probar cosas. A veces pienso que los cuentos son como una carrera de 100 metros, y las novelas se parecen más a las carreras más largas. Me gusta la idea, que es de mi padre, de que un buen cuento es como atrapar un ciervo. No creo que lo haya conseguido en todos, pero al menos, espero que el paseo sea agradable.

Tienes una amplia trayectoria como periodista cultural, ¿cómo crees que eso influye en tus ficciones?

Me abruma la cantidad de novedades, me ayuda a valorar cada entrevista, cada nota, cada acercamiento al libro y agradecerlo sinceramente: es tal la cantidad de libros que hay… Por otro lado, ahora mismo leo mucho, y aprendo mucho, de lo que quiero hacer y también de lo que no quiero hacer.

En el libro haces un perequiano homenaje a Félix Romeo, ¿cómo ha influido su figura en tu escritura, y en la escena literaria de Zaragoza?

Félix Romeo es absolutamente insustituible, para mí y para muchos otros: como escritor, pero también por su empuje, su capacidad para darle a cada cual el libro, la película, la canción o el pintor que necesitaba o le inspiraba; le gustaba pasear y discutir, y te obligaba a argumentar, le gustaba hablar y escuchar, dar ideas, ayudar, sugerir títulos, dar una pista, abrir un camino de creación… Fue importante para la escena cultural zaragozana por dos razones que podrían parecer contradictorias: muchos escritores venían a Zaragoza porque estaba Félix y al mismo tiempo él era la demostración de que se podía ser cosmopolita y moderno sin estar en Madrid o en Barcelona. Con respecto a la escena literaria zaragozana, llevo 10 años fuera, acabo de volver y el año pasado fue extrañísimo, pero sí hay una escena, quizá mermada por algunas ausencias -Félix Romeo, Sergio Algora…-, pero viva gracias a las editoriales (Xordica, Contraseña, Pregunta, Olifante, entre otras) y las librerías (Antígona, Cálamo, entre las más veteranas).

Leo que en la presentación del libro en Zaragoza regalaste una mixtape a sus primeros compradores, ¿cómo se filtra la música que escuchas en tu escritura? Hizo la selección Octavio Gómez Milián, escritor y front-man de un grupo de spoken word, entre otras muchas cosas. Me gusta que haya referencias no solo literarias, del cine o de la música; la escritora Natalia Carrero lo llamó orígenes sucios, y me parece un piropo, además de una buena definición, porque la idea es precisamente esa: que no sea literatura que bebe de literatura solo. Meto canciones y películas porque está en la vida y nos proyectamos en ellas, también los personajes de ficción Las canciones me parecen además herramientas poderosísimas para transmitir una emoción o una atmósfera. Igual es que quería ser Nico.

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