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Un bicho llamado cáncer

Ensayo. La tarraconense Steffi Mallebrein comparte con el lector su día a día con la enfermedad en ‘Mi vida con el bicho’

GLORIA AZNAR

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Steffi Mallebrein con ‘Mi vida con el bicho’, en Tarragona. FOTO: Alfredo González

Steffi Mallebrein con ‘Mi vida con el bicho’, en Tarragona. FOTO: Alfredo González

«Uno de los motivos por los que he escrito este libro es para que todas aquellas mujeres que están pasando por lo mismo que yo sepan que no están solas. Y el segundo objetivo es concienciarlas, a todas, porque cada vez somos más, de que se hagan autoexploración, ya que fue así como yo me lo noté en las dos ocasiones». Steffi Mallebrein explica en Mi vida con el bicho (Ediciones Oberon. Grupo Anaya) su día a día desde que le diagnosticaron cáncer de mama. El relato narra su experiencia en primera persona, sus emociones y sentimientos, así como su tratamiento.

¿Por qué un bicho? La palabra cáncer continúa impresionando y no fue diferente para esta tarraconense de origen alemán. «Todavía me cuesta decirla», comenta. Más aún cuando se le tiene que explicar a una hija de apenas tres años. «Le dije que tenía un bicho, de tal manera que de cinco pasamos a ser seis en la familia». Un bicho que la sorprendió durante una de sus autoexploraciones, esas tan indicadas por los facultativos para que cada mujer se las haga en casa. «Ahí empezó toda la historia. Aunque también tengo que decir que tuve un ángel de la guarda porque si bien en un primer momento no parecía maligno, el ginecólogo decidió hacer una biopsia». A partir de entonces, toda una vorágine física y emocional pasó a protagonizar su nueva vida.

Steffi se muestra alegre y positiva. Sin embargo, ¿qué pasa por la cabeza en el momento en que te dan una noticia de estas características? «No fui catastrófica. No pensé que iba a morir. Lo único que me preocupó fueron mis niños, que se quedaran sin madre. Y cómo decírselo a mis padres. No sabía por dónde empezar», reconoce. No obstante, puntualiza que «si hubiera sido otro tipo de tumor, metastásico, no sé cómo hubiera reaccionado. Lo digo en el libro, nunca digas nunca jamás. Nunca sabes cómo vas a reaccionar». Ella encontró la energía y el positivismo para salir adelante de la mejor manera posible. Porque si una cosa tiene clara es que no es un tumor de color rosa, como el lazo que lo representa. «Es otra de las razones por las que escribí el libro. Porque mucha gente me decía frases como Te ha tocado el mejor cáncer o No es tan grave. Y es que no se sabe lo que hay detrás hasta que no lo vives. Yo oía lo de una de cada ocho mujeres lo padecerá y pensaba que nunca me tocaría», sostiene.

En este sentido, explica que un tumor de mama va mucho más allá de verse calva. «En primer lugar, hay muchos tipos. Y aparte de la quimioterapia o la radioterapia, si es hormonal te castran químicamente, tienes que tomar una medicación y a veces recibir un pinchazo para anular los ovarios. Son muchas las cosas relacionadas con los efectos secundarios de las que nunca se habla y que están ahí durante muchos años». Entre ellas, el cambio de carácter, los dolores musculares, la lívido... «Los demás te ven con pelo y piensan que estás curada», destaca. Nada más lejos de la realidad, pues son momentos en los que su vida aún transitaba entre revisiones, pruebas y mucho estrés. «¿Realmente estaba tan estupenda como la gente me veía», se pregunta Steffi. En su caso se trató de un cáncer hormonal, con cirugía, 21 sesiones de radioterapia, «donde me quemaron», y un tratamiento de cinco a diez años de una pastilla diaria. «No es tan rosa».

Una libreta como psicólogo

La idea de un bicho literario se fue gestando de forma paulatina. De manera natural, Steffi fue escribiendo todo lo que le iba ocurriendo, sus impresiones, pruebas y resultados. «Fue mi psicólogo. Y se lo aconsejo a cualquier persona que no se encuentre bien por la situación que sea. Hay quien prefiere olvidar, pero yo quería tener un manuscrito con el que recordaría lo que me había ocurrido. Y ahí entró mi marido, quien un día me propuso escribir un libro». Ya con la idea en mente, de forma inesperada apareció La bicha, «más puñetera», que la obligó a aparcar el proyecto. Un segundo cáncer en el otro pecho, que le exigió volver a empezar. Aunque lo hizo de otro modo. El 19 de octubre, día internacional del cáncer de mama, Steffi abrió la cuenta pública @steffistories, en la que empezó a contar su segundo proceso, lo que le permitió conocer online «a gente maravillosa, a la que tengo muchas ganas de ver presencialmente», manifiesta. Y no fue hasta que se encontró bien de La bicha, cuando se apuntó a un curso de Story Telling. Manuscrito en mano, lo reinventaba según las directrices de la profesora. «Y lo pude mejorar. No lo cambié, pero incluí diálogos, otros títulos más divertidos» y detalles que descubrió en las sesiones de escritura. Un relato que se complementó con las ilustraciones de la reusense Alina Ballester, familiar de Steffi. Unos dibujos repletos de estrellas. «A Steffi le gustan y las utiliza mucho», dice Alina. «Utilizo la metáfora de la energía de las estrellas y muchas veces las coloco dentro de una persona». Estrellas que recorren el relato y lo acompañan desde la cubierta.

Mientras, los demás también forman parte de Mi vida con el bicho. La familia también sufre y en ocasiones, amigos y conocidos no encuentran las palabras adecuadas para hacer frente a la situación. ¿Tabú? «Más que tabú, son las reacciones, que sorprenden. Creo que la gente no quiere oír malas noticias. No lo hacen con mala intención, pero algunos comentarios hieren», relata. Y así lo plasma en el libro. La gente no es que sea fría. Es que no saben qué decir, qué hacer, les supera la situación en cuanto se enteran de lo que te está pasando. Dicen algo para salir del paso y lo único que hacen es empeorarlo.

Mi vida con el bicho es una historia real dirigida a mujeres, a todas, con las que Steffi espera encontrarse presencialmente en cuanto la pandemia lo permita. También a sus acompañantes, amigos y conocidos. Para saber y comprender. Pero, ante todo, hace efectiva la expresión que dice, nunca dejes para mañana lo que puedas hacer hoy. Nunca dejéis para más adelante la duda de un bulto en el pecho.

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