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Una comedia en cinco folios

El tarraconense Vicente Cañón gana el premio de textos teatrales de la compañía barcelonesa Carro de Baco

Javier Díaz

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El dramaturgo y actor Vicente Cañón, en la plaza Imperial Tarragona. FOTO: Pere Ferré

El dramaturgo y actor Vicente Cañón, en la plaza Imperial Tarragona. FOTO: Pere Ferré

«El viernes recibí una llamada: ‘Tengo una buena noticia que darte’. Pensaba que me habían cogido en un casting que hice para una película que se va a rodar en Tarragona. Escuchaba aplausos de fondo y me dijeron que había ganado el primer premio del concurso de teatro de textos teatrales que organiza la compañía Carro de Baco», recuerda el dramaturgo y actor tarraconense Vicente Cañón. Su obra, La visita, se impuso entre más de 250 propuestas de España y Sudamérica.

Se trata de una comedia sobre esa visita que, tarde o temprano, todos recibimos: la muerte. «Al ser una comedia creía que no tenía muchas posibilidades. El año pasado, ganó un drama sobre abusos a una enferma por parte de su cuidador. Las comedias están menos valoradas que los dramas, se cree que llorar es muy difícil, pero es mentira, hay muchos trucos», afirma Cañón, que ya fue finalista el año pasado -recibió una mención especial-.

Asegura que lo más difícil a la hora de escribir La visita fue condensar la trama en solo cinco folios, tope que marcaban las bases del concurso. «La hubiese hecho más larga, pero no se podía. Tuve que ir cortando palabras, limitando las acotaciones... Una de las cosas que el jurado alabó es que está bien estructurada», cuenta.

Las primeras ideas y frases sueltas se le ocurrieron durante el confinamiento. En verano dio forma a la primera versión y en febrero la envío después de darle vueltas y hacer varios retoques. «Como autor no dejas nunca de cambiar cosillas». Cañón presentó otro texto titulado Lo intentamos, una comedia sobre dos hombres, uno positivo y otro negativo, que coinciden en la sala de espera de un psiquiátrico. «Esta obra me gusta más que la que ha ganado, es más original, aunque hoy en día todo está visto», comenta.

La gala de entrega de premios se ha retrasado a septiembre por la pandemia. Se celebrará en el Teatre Segarra de Santa Coloma de Gramenet, de donde es la compañía Carro de Baco -el Ayuntamiento de este municipio barcelonés también colabora-. El galardón consiste en 200 euros y la representación de la obra el día de la ceremonia. «Será la primera vez que la vea puesta en escena. Al ser tan corta durará unos ocho o diez minutos», dice Cañón, que en la próxima edición de este concurso, la novena, será miembro del jurado: «No me dejan presentarme otra vez», bromea. También se publicará un libro con su texto y otros finalistas.

Escribir ayudó a Cañón a ‘sobrevivir’ los meses de encierro obligatorio en casa. Es una persona muy inquieta, y la falta de actividad y la incertidumbre le sumieron en un estado de desánimo e hipocondría. «Fue un punto de inflexión porque o me ponía a crear o estaba todo el día viendo noticias y enchufado a Netflix. Necesitaba canalizar mi energía en algo y solo pensar en la obra me animó bastante», explica.

Obras suyas por el mundo

Aprovechó, además, para actualizar su web (www.obrasteatro.com) y colgar todas las funciones que ha escrito, dirigidas a un público infantil y juvenil. Están a disposición de cualquier escuela o instituto que, de forma gratuita, las quiera representar. Ya se han interpretado por toda España y en países como Francia, Chile, Argentina, Puerto Rico o México.

«Hace poco se pusieron en contacto conmigo desde Ecuador para mostrarme su gratitud y, en Costa Rica, un grupo de niños representó una obra mía con playmobils en sus casas durante el confinamiento. Me han mandado vídeos y es una pasada», cuenta Cañón, que es monitor de teatro en colegios y trabaja en el Institut Municipal d’Educació de Tarragona (IMET). En Andorra ha sido elegido por los institutos como único autor de las obras que hagan allí.

«Antes cobraba por ceder mis creaciones, pero ahora prefiero ponerlas gratis en mi página web y que quien quiera las pueda leer y representar. Incluso asesoro sobre cómo llevarlas al escenario a quien me lo pide. Pensé: ‘si me voy para el otro barrio, que al menos mi obra siga presente. La mayor recompensa son los mensajes de agradecimiento que recibo desde distintas partes del mundo», concluye.

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