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Una escritora anarquista

Libros adelantados a su tiempo

Marc Caellas

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Ursula K. Le Guin.

Ursula K. Le Guin.

Como sucede cada tanto con alguna escritora, Ursula K. Le Guin, ha renacido en el planeta literario de nuestro país. Un documental sobre su figura, disponible en Filmin, nuevas ediciones de sus libros en castellano y catalán, más los elogios de críticos y lectores contemporáneos han puesto de nuevo en el candelero a una autora que no sólo trató temas como el feminismo, el anarquismo o las identidades de género hace más de cincuenta años sino que lo hizo dentro de un apartado, la ciencia ficción, poco acostumbrada a brillanteces estilísticas como las suyas.

Sus libros se originan en su vida, pero Ursula K. Le Guin no escribía para “expresarse”. Su ficción era experiencial, pero no confesional. Así, en Los desposeídos (Raig Verd, 2018), K. Le Guin inventa una sociedad anarquista en la que sus fundadores crean una nueva lengua porque se dan cuenta que no pueden instaurar una nueva sociedad con un lenguaje antiguo. Aunque basada en la lengua anterior, la nueva es sustancialmente diferente. El personaje de Shevek transmite en ese nuevo lenguaje la experiencia intelectual que su creadora sentía, más allá de que en su vida “real” fuera casi todo el tiempo una ama de casa convencional cuya principal preocupación era la educación de sus hijos.

Los desposeídos está considerada la primera novela utópica anarquista. Su protagonista es un físico que quiere compartir sus hallazgos con colegas de otros planetas, pero se topa con muros reales y mentales que ven su actitud como una amenaza a la sociedad aparentemente libre que sus compatriotas lograron desarrollar durante ciento sesenta años. Es un libro fundacional, imprescindible para cualquiera activista social que se precie. El libro trata de esos interrogantes que algunos llevamos tiempo planteándonos, si es posible vivir sin patria, religión ni policía, por ejemplo, y recoge lecturas atentas de pensadores como Kropotkin -de quién se conmemora en 2021 el primer centenario de su muerte- quién expone que los hombres vivieron muchos años en sociedades sin estado y que éste se creo para impedir la asociación directa entre los hombres, para obstaculizar el desarrollo de la iniciativa individual y local, para aplastar las libertades existentes, para impedir su nuevo florecimiento, y todo para someter a las masas a la voluntad de unas minorías.

El lenguaje es un objeto físico

Ursula K. Le Guin pensaba que el anarquismo era una forma de pensar profundamente radical, muy fructífera y propositiva. Al leer numerosos libros sobre anarquismo, se dio cuenta que era la única gran teoría política sobre la que no se había escrito una novela utópica. Pero la utopía de Los desposeídos es imperfecta, y la novela incluye su propia traición a los postulados que defiende. Otra novela mítica escrita hace más de cincuenta años, pero reeditada recientemente (Minotauro en castellano, Raig Verd en catalán), es La mano izquierda de la oscuridad. En ella K. Le Guin diseña un planeta cuyos habitantes tienen una particularidad que los hace únicos: son hermafroditas. Los guedenianos adoptan uno u otro sexo exclusivamente en la época de celo, en la semana denominada kémmer. Durante las otras tres semanas del mes su género es neutro, y no tienen características ni comportamientos de hombre o mujer. Dependiendo de los niveles de feromonas emitidos, se transforman en macho o hembra, y así pueden procrear. Un mismo individuo es hombre un mes y mujer el siguiente.

La mano izquierda de la oscuridad es una historia filosófica que trata sobre el diálogo entre diferentes. Aquí no hay batallas interestelares ni persecuciones entre constelaciones planetarias sino una trama amena y profunda que reflexiona sobre la otredad y los prejuicios hacia el diferente. En Conversaciones sobre la escritura (Alpha Decay), libro fundamental para quién quiera aprender herramientas clave para escribir, Ursula K. Le Guin insiste en la importancia del sonido del lenguaje, en lo fundamental de oírse cuando se escribe. La autora considera el lenguaje un objeto físico y lamenta que en su enseñanza se olvide “y así tenemos prosa que suena pom, pom, pom y no sabemos dónde está fallando”.

Ursula K. Le Guin también deplora la creciente mercantilización de la escritura que da más poder a los departamentos de ventas que a los editoriales. Las modas pasan y la buena literatura, para muestra la suya, queda. Sus reflexiones sobre la conveniencia de usar el pasado o el presente son de una brillantez y concisión admirables, producto de toda una vida de ejercer un arte como si fuera un oficio, con un nivel de auto exigencia elevado y unas certezas aprendidas incluso con errores, como el cometido con el pronombre neutro en La mano izquierda de la oscuridad, que K. Le Guin explica, que no justifica, por la época, 1968. El escritor David Naimon pregunta con inteligencia y las respuestas de K. Le Guin iluminan debates actuales sobre el uso del lenguaje inclusivo y nos acercan a una autora sobre la cuál seguiremos hablando en el futuro.

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