Cultura

Verano

Bar Sport, un oasis pintoresco en Torredembarra

Es una terraza imperdible y uno de los lugares más genuinos de nuestra costa

Un camarero muestra algunos de los platos de Bar Sport.

Un camarero muestra algunos de los platos de Bar Sport.Alba Mariné Torrell

Miquel Bonet
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La terraza del Bar Sport no llama la atención por sus virtudes estéticas. No dispone de mobiliario de teca o de palisandro, ni de sombrillas, pérgolas u otras comodidades burguesas de resort caribeño; las sillas son de propaganda de cerveza. En Sport no están para hostias y van por faena. Hay carteles disuasorios en la entrada que ahuyentan a los biquinis y a los bañadores o a los que les gusta pagar a escote. Son del palo poca-solta, carácter histórico de los pescadores tarraconenses, y no tienen mucho reparo en maltratarte un poco y echarte de la mesa, si conviene. Con todos estos handicaps, el Bar Sport sigue siendo una terraza imperdible y uno de los lugares más genuinos de nuestra costa. Medio resguardada, paralela al paseo marítimo y a la vía del tren, ocupa todo el ancho de la calle Indústria de Baix-a-Mar, en Torredembarra. El antiguo barrio de pescadores que, con el traslado de las barcas de luz a Tarragona hace ya varias décadas, abandonó la actividad pesquera para dedicarse básicamente al turismo. Hoy queda algún vestigio de ese pasado pescador: la parroquia de Sant Joan, la antigua cooperativa marítima (con la fachada hecha trizas y un supermercado en sus bajos) y unos botes de madera pintorescos tirados en la playa, que se ve recortada desde la terraza del bar y completa la pátina de autenticidad del paisaje. 

Baix-a-Mar, por su configuración, dejadez y un cierto anclaje en el pasado, es aún un barrio donde se respira un aire de marinería clásica que, por desgracia, en otros sitios se ha perdido. Como se ha perdido, en beneficio de la estandarización turística, el ambiente popular que en Bar Sport pervive. Con una combinación de fieles lugareños de Baix-a-Mar y visitantes, el Bar Sport está siempre lleno. Hay que ir preparado, en verano, para hacer un poco de cola para sentarse. Su situación entre las sombras de los edificios (con suerte correrá un poco de brisa entre los callejones) lo hace indicado para guarecerse de la canícula y tomarse un vermut o un refrigerio a media tarde. Hay dos horas punta: la de los desayunos –recomiendo encarecidamente el ranxet de pulpo con romesco, si hay, no lo olvidaréis– y la cena a partir de las nueve, cuando la closca y la fritura de pescado toman protagonismo. Producto excelente, bien tratado y un recetario de pescadores como toca, sin tartares de atún, aguacates y demás marcianadas. Ojalá un Bar Sport en cada puerto.

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