La terraza
Blau, un palco en el teatro portuario de Cambrils
Aquí se viene a rehidratar el cuerpo con los antídotos clásicos del verano y lo mejor, el espectáculo humano que lleva incluido de serie

El bar Blau está parapetado en la plaza Catalunya.
Podéis llamarme antiguo, pero yo aún valoro la especialización en las terrazas, y en la hostelería en general. Hubo un tiempo cuando se tomaba horchata en las horchaterías, tapas en las tabernas y bocadillos en los frankfurts. Hoy parece que todo el mundo tiene que servir de todo, sea comida o bebida, en el mismo espacio. Y, normalmente, es el camino más directo a hacerlo todo mal.
El café es bueno, te atienden sin casi darte tiempo a sentarte y en catalán. Tres básicos que se han convertido en rarezas en nuestro ecosistema turístico
Nos vamos hoy al bar Blau, una terraza con solera en el corazón turístico de Cambrils, donde no se puede comer. Más allá de la tríada sagrada del aperitivo compuesta por las patatas, las olivas y los berberechos, aquí se viene a rehidratar el cuerpo con los antídotos clásicos del verano, desde la cerveza a la sangría pasando por los zumos, los mojitos y, en una concesión mínima a la modernidad, los consabidos smoothies.
Los hermanos Francesc y Rosa, con la participación de nuevas generaciones familiares, dominan este enclave privilegiado desde 1992. El café es bueno, te atienden sin casi darte tiempo a sentarte y en catalán. Tres básicos que se han convertido en rarezas en nuestro ecosistema turístico. Hay que añadir a esta efectividad una cordialidad justa y medida, que es lo que esperas de un lugar de paso. Pero lo mejor de sentarse en la terraza del Blau es el espectáculo humano que lleva incluido de serie.
Parapetado en la plaza Catalunya, en las sombras de la segunda línea de costa, con vistas espléndidas sobre el gentío que arrastra los pies por Consolat de Mar, un buen sitio en esta terraza siempre concurrida permite relajarse, descansar del paseo por Cambrils y observar (sin ser muy visto) los que van y vienen por el barrio del puerto, los que compran en los comercios contiguos, los guiris que han tomado demasiado el sol, los maños que gritan demasiado y ese señor de Terrassa que le susurra a su mujer: «Montserrat, tendríamos que ir tirando que si no nos comeremos la retención de la AP7». Miles de historias vivas que sacarán el sociólogo de pacotilla que lleváis dentro y que en invierno, cuando recordéis con nostalgia las vacaciones, os facultarán para hacer el cuñado en las sobremesas. Porque el veraneo también es un teatro y hay que buscar el mejor sitio para disfrutarlo. Os recomiendo Blau, plenas garantías.