Andreu Claret: «En Catalunya hay una tendencia a soñar, a imaginar mundos»

El escritor y periodista presenta este martes día 18 en Tarragona, en la Llibreria La Capona, ‘1939. La caiguda de Barcelona’, una novela sobre la tragedia colectiva del exilio en una retirada caótica.

| Actualizado a 16 enero 2022 07:33
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El ejército franquista está a las puertas del Llobregat y miles de refugiados inician una triste y larga marcha hacia Francia, entre ellos, Lluís Companys, abandonado por todos. La caótica retirada de Catalunya durante la Guerra Civil centra 1939. La caiguda de Barcelona, una novela de Andreu Claret, editada por Columna, el tercer libro que el autor dedica a la contienda. Andreu Claret la presentará este martes día 18 en la Llibreria La Capona de Tarragona (19 horas), con la presencia del filólogo Salvador Matas.

Vuelve a la Guerra Civil por tercera vez.
La Guerra Civil es uno de los episodios de la historia europea del siglo XX más tratado por los historiadores. Sin embargo, desde el punto de vista de la literatura y en particular la catalana, hay relativamente poca producción de la retaguardia. ¿Qué pasaba en Catalunya? Seguramente porque duele recordar.

Un poco de vergüenza... 
Exactamente. Fueron unos años muy desgraciados, con una guerra dentro de la guerra. Los catalanes se mataron por la calle y hubo una parte, la gente más adinerada, que apoyó el alzamiento franquista. También mucha división dentro de la izquierda, así como en el campo nacionalista, que es un tema que trato bastante en la novela.

 

«El exilio es muy interesante porque es un mundo de frustraciones, aunque también es un escenario de muchas ilusiones»

¿La guerra la ganó Franco o la perdió la República?
En el exilio había muchos debates sobre qué había pasado y porqué. Y este es un input que me viene de mi padre. Él siempre decía que la guerra no la había ganado Franco, sino que la había perdido la República. Es una cosa que oí de muy joven y que me marcó mucho.  

Usted se crio en el exilio, ¿qué le explicaban?
Explicaban la tragedia que había representado la retirada. Estuvo muy mal organizada. Toda esta riada de gente caminando, como mi madre, que se fue de Manresa hasta el Pertús, este viaje dantesco de casi medio millón de personas intentando llegar a Francia... Esto lo tenían muy grabado, el hecho de que el final de la guerra fue una catástrofe para Catalunya, sin ninguna posibilidad de defenderla. No hubo ninguna capacidad de resistencia, el ejército estaba diezmado tras la batalla del Ebre y, sobre todo, más que una falta de armas, que también era evidente, lo que había era una falta de moral.

En diversos momentos de la novela dice que el Llobregat no era el Manzanares.
En Madrid hubo una resistencia heroica durante meses y a los franquistas les costó mucho llegar. Pero en Barcelona el ejército republicano ni siquiera tuvo la capacidad de poner explosivos en los puentes para retrasar el avance de las tropas franquistas. Fue una situación que pesó mucho sobre estas generaciones, como la de mi familia.

Este derrotismo lo personifica en Companys.
Lluís Companys sufría un drama doble. Por una parte, el político, el de un hombre que se había quedado sin poder, aislado, al que incluso mucha gente de ERC lo responsabilizaba de todo lo que había ocurrido. Pero también vivía un drama personal, ya que tenía un hijo muy enfermo ingresado en un sanatorio en Francia. Su historia me sirve de metáfora de la tragedia catalana del 39. Sin embargo, él acaba de manera heroica. 

 

 

Muere con toda la dignidad...
Esto es muy importante. Los seres humanos se definen mucho en el momento de la muerte, especialmente si esta es trágica. Y no hay ninguna duda de que fue así en el caso de Companys. Toda la peripecia, desde que es detenido por los alemanes en la Bretaña hasta que llega a Barcelona, pasando por París y Madrid, donde fue torturado, es muy conocida porque la explicaron algunos de los franquistas que estuvieron cerca de él. Companys la vivió con una enorme dignidad y este hecho me ayuda, como escritor, a acabar la novela con una reivindicación de la resistencia. Pero también los personajes ficcionados.

Presenta historias de amor imposibles.
Pero muy fuertes. Yo he vivido algunas guerras como periodista y   aunque la gente piensa que se reduce a armas y muerte, hay momentos de mucha ternura, de mucha pasión, en la retaguardia, en las trincheras, porque se vive con todos los sentimientos a flor de piel. Y estas historias de amor son muy auténticas.

Tiene una cita de Antoni Rovira i Virgili sobre que vivían en un mundo imaginario. ¿En qué contexto lo dijo?
Hace referencia a todo el período de la República y la guerra. Está escrita en sus memorias y es una cita extraordinaria porque siempre es válida. En Catalunya hay una tendencia a soñar, a imaginar mundos, a no tener en cuenta suficientemente la realidad, la correlación de fuerzas, los problemas sociales y esto se ve claramente. Había un sector de ERC, sobre todo de estado catalán, que todavía soñaba con que aprovechando la guerra, Catalunya podría buscar una paz por separado con Inglaterra y, de paso, ser independiente. Y este sueño llevaba a la desmovilización y a no hacer lo que era necesario para organizar la retirada. Por lo tanto, es una cita que nos viene muy bien a los catalanes. 

En ‘1939’ llega hasta la Segunda Guerra Mundial. ¿Continuará por aquí?
No sé exactamente qué haré. Es posible que escriba sobre el exilio. Es muy interesante porque es un mundo de frustraciones, aunque también es un escenario de muchas ilusiones.

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