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¿Convives con una persona tóxica?

La reputada psicóloga Silvia Congost publica una guía para identificarlas y poder alejarse de ellas

| Actualizado a 15 mayo 2022 15:11
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«Todos podemos ser tóxicos para alguien, de igual manera que todos hemos lidiado en algún momento de nuestra vida con alguien tóxico», asevera Silvia Congost, una de las psicólogas de referencia, experta en relaciones y dependencia emocional. En todo caso, la profesional reflexiona que «lo más importante es tener la capacidad de entender e identificar de qué hablamos cuando nos referimos a personas tóxicas para así poder detectarlas rápidamente y tener muy claro que, ante ellas, el único camino es huir. Lo antes posible. Y como siempre digo, sin mirar atrás». No obstante, no siempre es fácil, por lo que para ayudar a este cometido, Congost publica el volumen Personas tóxicas (Zenith. Editorial Planeta) en el que aporta diferentes herramientas para valorar cada situación.

Cómo reconocerlas

La especialista manifiesta que «se sabe que una persona es tóxica para ti porque la relación con él o ella te hace sufrir. Ya sea porque te crea angustia, te genera inseguridades, destruye tu autoestima, te provoca miedos o hace que te alejes de ti». Sin embargo, estos nexos no se circunscriben únicamente a la pareja. Pueden ser amigos, una madre, un padre, hermanos, hijos o, en el ámbito laboral, compañeros de trabajo o incluso el jefe.

Víctimas susceptibles

Aquellos que tienen menos información y menos educación sobre este tema son más susceptibles de caer en una relación tóxica, «es decir, casi todo el mundo», afirma Congost. Asimismo, también «aquellos que han tenido una relación de este tipo en casa, que lo han visto por parte de sus padres, con lo que lo tienen normalizado y lo entienden como una forma de amor. Estos últimos no lo van a identificar y además puede que, sin darse cuenta, lo busquen».

Nace o se hace

La persona tóxica se hace. «Otra cosa es padecer un trastorno de personalidad, que suele accionarse fruto de haber sufrido unas experiencias determinadas en la infancia. No se nace así, sino que se activa el trastorno y una vez activado, ya no se puede desactivar y por ello dañará a cualquiera con quien se vincule». Estos son el trastorno límite de la personalidad (TLP); el de personalidad antisocial; psicopatía o trastorno de personalidad psicopática o el trastorno de personalidad narcisista, siendo estos últimos los más frecuentes. «En la consulta vemos muy a menudo las consecuencias que sufren las víctimas de los perfiles con trastorno narcisista. Tienen la autoestima destruida, una inseguridad enorme, no creen en sí mismas y como resultado de todo ello tienen miedo a hacer un cambio». Es destacable que un narcisista no cambiará jamás. «Tienen su propia versión de los hechos y carecen de la capacidad de cuestionarse».

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Ego y toxicidad

La valoración que cada uno tiene de sí mismo también es clave en ambas partes, tanto en el castigador como en el castigado. En este sentido, Congost señala que «cuando tú crees que estás por encima de los demás, esto te lleva a sentir que puedes manipularlos o abusar de ellos, a transmitirles que están por debajo y a tratarles mal. Se trata de conductas muy peligrosas que debemos identificar a tiempo para distanciarse lo antes posible».

Maltrato psicológico

La psicóloga alerta de la normalización social del maltrato psicológico. «Es un escándalo. Le quitamos toda importancia y nos olvidamos del nivel de gravedad que deberíamos atribuirle. Algunos de los patrones de los maltratadores son: ningunear; comportarse de una forma concreta para despertar celos o inseguridades; hacer sentir que las preocupaciones de la otra persona son insignificantes o forzar a tener sexo tras una discusión.

‘Luz de gas’, ‘Ghosting’, ‘caspering’ y otros...

En los últimos tiempos se han etiquetado otras formas de maltrato psicológico. Así, luz de gas sucede cuando una persona descalifica a otra psicológicamente, hasta el punto de que se cuestiona su propia realidad; El ghosting se refiere a aquellos con los que se inicia una relación y, de repente un día, sin más, desaparecen; Hoovering hace referencia al hecho de ser aspirado por la otra parte para que se regrese a la relación tóxica de la que ya se había salido; mientras, benching significa «tenerte en el banquillo». Es decir, cortar con una persona, pero sin dejarlo como algo definitivo, confiando en que se mantenga ahí, a la espera, aunque nunca se tenga intención de volver.

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La pareja

«Si nos empeñamos en mantener una relación con alguien a quien tratamos de cambiar, seremos tóxicos porque no le dejaremos ser quien es», señala Silvia Congost. Con ello, la psicóloga no quiere decir que se trate de malas personas, sino que «no encajan, lo que les llevará a sufrir y a sacar lo peor el uno del otro. Pero si esa persona encuentra a otra afín a ella, no será tóxica y probablemente todo le irá de maravilla».

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Los padres

Padres y madres que insultan, denigran, menosprecian o faltan al respecto, existen. En el libro ‘Personas tóxicas’, Silvia Congost recoge algunos casos reales, vínculos de sangre que parecen ser indisolubles, pero con los que hay que terminar para poder seguir adelante «y emprender otra dirección».

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El jefe

En caso de que los problemas se vivan en el ámbito laboral, la especialista sugiere «empezar a buscar otro trabajo», ya que «dependiendo del tipo de maltrato que se esté recibiendo, seguir en este empleo implica sentirnos cada día peor, tener que acabar con una baja laboral o tomando antidepresivos porque esa relación no cambiará ni lograremos sentirnos mejor. Nosotros decidimos qué es lo más importante».

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Los hijos

Los límites son una buena herramienta para evitar que los hijos sean tóxicos, especialmente en relación con sus padres. Aprender a decir «no» es también evitar que abusen y «nos hagan daño». Si es necesario, la experta recomienda «pedir ayuda terapéutica para trabajar la culpa, la pena o el miedo que se activen en ese padre o en esa madre, pero es necesario cambiar la forma de relacionarse con el hijo».

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