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Guillem Morales: «El hombre lobo es inquietante y como monstruo, trágico»

El cineasta y escritor publica ‘La hora del lobo’ (Plaza & Janés), novela en la que aúna elementos de terror y de thriller psicológico

| Actualizado a 03 agosto 2022 17:15
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Miles tiene nueve años y una imaginación desbordante, que le lleva a sufrir continuas pesadillas. La vieja casa de la abuela, en la que reside con su familia, no le ayuda. Tampoco la afición de su hermano mayor por el cine de terror. Cuando Miles descubre una vieja película, el hombre lobo se convertirá en una auténtica obsesión. La hora del lobo es una novela del cineasta Guillem Morales (Plaza & Janés) en la que aúna elementos de terror y de cine psicológico.

¿Los terrores de Miles son los suyos?
Yo sufrí terrores nocturnos entre los 7 y los 8 años, por lo que sé de qué va. Tienes pesadillas, te despiertas en mitad de la noche y casi te conviertes en sonámbulo. Das muchos sustos a tus padres. Es como vivir una antología de terror cada noche. Por eso le di a Miles un par de rituales míos.

Como el spray.
No recuerdo si yo llegué a utilizar el spray. Pero sí me tapaba con la sábana, que me protegía. No obstante, evidentemente, sus terrores son suyos, me los inventé, son muy personales. Quiero decir que en la vida lo que le da miedo a alguien no le da miedo a otra persona. Entonces, traté un poco de personalizarlos.

Juega con muchos elementos clásicos. La casa que se rebela contra los visitantes, el bosque que se ve desde la ventana; esta no se puede cerrar... ¿Siempre funcionan?
Va un poco con la manera de pensar un thriller. Yo he dirigido comedia, aunque independientemente del género, lo que me ocurre cuando dirijo y supongo que también cuando escribo, es que diseño los espacios de una manera bastante psicológica. No solo es una casa, sino que va a tener una historia emocional, va a ser un lugar muy potente psicológicamente. O el bosque, que va a tener misterio. Esto viene del thriller, más que de lo clásico, es una manera de enfatizar los lugares, de hacerlos un poco más amenazadores, seductores, atractivos o misteriosos. Es un gaje del oficio.

Hay algo que me preocupa bastante cuando veo a los niños y es una cosa que quizá nosotros, en nuestra generación teníamos y ellos no tanto. Es la posibilidad de aburrirse

¿Superar los miedos es para Miles pasar de la infancia a la adolescencia?
En un momento de la novela los monstruos que le daban miedo a Miles, los monstruos que imaginaba en su habitación, debajo de la cama, saliendo de detrás del armario, esos monstruos le resultan infantiles y entrañables y lo único que queda es el hombre lobo, que no puede superar. Es el monstruo que supone la transición de la infancia a la adolescencia y en este caso yo creo que es una transición bastante prematura. Pero es el monstruo que le va a romper la infancia y que lo va a transformar en adolescente porque es un monstruo diferente.

¿El hombre lobo es el menos terrorífico de los monstruos?
Para mí es el más inquietante. El hombre lobo es un ser humano, menos en las noches de Luna llena, que se transforma en monstruo, muchas veces en contra de su voluntad y cuando esto sucede normalmente destruye a la gente que tiene más cerca, que suelen ser sus seres queridos. Si lo miramos bien, no solo es terrorífico, sino incluso trágico, como monstruo. Luego hay otros más evidentes, que los ves llegar, los ves cruzando la calle. Este no, por eso también me interesaba explorar el mito del hombre lobo.

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¿Cree que actualmente se les edulcora la infancia a los niños?
La infancia no existía hace 300 años, no había. Es un invento moderno. ¿Cómo son los niños de hoy en día? No sé si realmente la infancia está retrocediendo o se edulcora.

¿Retrocediendo, en qué sentido?
En parte, por la cantidad de información que hay en nuestra sociedad, que hace que los niños tengan acceso y entonces la inocencia de la infancia se pierde. Al mismo tiempo, hay muchos padres que tratan de conservar la infancia del niño y acaban perdiendo, evidentemente, por la sociedad en la que vivimos, digital y de información. Entonces, se produce como una batalla. Sí que hay algo que me preocupa bastante cuando veo a los niños y es una cosa que quizá nosotros, en nuestra generación teníamos y ellos no tanto. Es la posibilidad de aburrirse. Los niños no se aburren y creo que es muy importante aburrirse porque cuando te aburres empiezas a imaginar, es un músculo para la imaginación y esto se ha perdido un poco porque el mundo va más rápido.

Como Miles, que se imagina cosas. Pero usted juega con el lector. ¿El hombre lobo toca o no a Miles? ¿Lo ve realmente o no?
Eso es lo que supone que el lector continúe pasando páginas. Es intrínseco al género, es algo que me gusta utilizar, como ya hice con mi primera novela, que es que tienes un narrador que no es nada fiable, como Miles. Él tiene nueve años. Puede entender algunas cosas, hasta cierto punto y además tiene, que también es una estrategia a nivel dramático, la frustración de saber que hay cosas que no comprende porque es demasiado pequeño, pero igualmente las quiere entender. Sabe que están ahí, pero que no puede acceder a ellas. También quería contagiar un poco al lector de esta frustración. A mí me encanta tener personajes en los que no puedes confiar al 100% ni en lo que ven ni en lo que sienten. No puedes confiar al 100% en la realidad que ellos te cuentan y eso es muy interesante a nivel de relato.

¿Usted entraría a vivir en una casa como la que plantea en la novela?
Yo no iría, pero ellos no están ahí porque quieren. Es una casa vieja, que conecta con una parte de la familia, es una casa que encierra misterios, secretos, no es agradable. Es una casa con muchos problemas.

Utilizo elementos de género, como un idioma, como un vocabulario, como una manera de contar historias, pero no tengo en la cabeza el objetivo de dar miedo, no me lo he planteado

¿Se considera más cineasta o más novelista?
Si me tengo que definir, siempre seré cineasta, con lo que tiene de bueno y de malo. Me gusta escribir libros, es una experiencia diferente y disfruto muchísimo escribiendo, pero por dentro soy un cineasta.

¿Escribir es más barato que hacer realidad un guion?
Sí y también es un ejercicio más íntimo. Puedes tener el presupuesto que quieras, la libertad creativa de contar lo que quieras y como quieras. No tienes un equipo detrás con la presión del tiempo y del dinero, que supone cada día el rodaje. No hay otras voces con las que tienes que llegar a un consenso, inversores, productores, etc. Es otro tipo de experiencia. Para mí supone una isla de creatividad, que me gustaría visitar tantas veces como quiera porque me reconforta. Y además, la experiencia de alguien que ve una película es muy diferente a la de alguien que lee un libro.

¿Mejor o peor?
Diferentes. El libro tiene tantas versiones como personas lo hayan leído porque sugiere muchísimo más que una película, que es más concreta, en la que tú vas manejando visualmente la mirada del espectador. El libro se deja muchísimo más a la imaginación del lector. La gente subraya lo que le interesa, por ejemplo. Cuando hablo con algún lector, siempre me llama la atención dónde ha puesto el énfasis, lo que está subrayando en la historia, que igual para mí no era tan importante, pero para esa persona lo es. Entonces, es una experiencia más interesante. Hay muchos libros en un libro, muchísimos, tantos como lectores, lo cual para mí es fascinante.

¿Con qué da más miedo, con una novela o con una película?
Con una novela. Su potencia es más interesante por lo que sugiere. Tú te lo tienes que imaginar.

¿Qué referentes terroríficos tiene?
Los de mi generación tenemos un referente muy claro que es Stephen King. Crecí leyendo a Stephen King, por lo tanto, para nosotros las novelas que nos impresionaron más y que nos aterrorizaban fueron las suyas. Luego sí que lees a Lovecraft, otros clásicos, que te inquietan, pero él es nuestro referente.

¿Ve una película en ‘La hora del lobo’?
Sí, claro.

¿Por qué ha escogido dar miedo?
No he escogido dar miedo. Las historias te escogen a ti, tú no las escoges a ellas. Se quedan en tu cabeza, permanecen ahí y, al menos en mi caso, lo que quieres es deshacerte de ellas, compartirlas con otras personas para que te dejen de obsesionar y esto es un poco también lo que me permite escribir libros porque las películas tardan mucho tiempo en hacerse. Yo utilizo elementos de género, como un idioma, como un vocabulario, como una manera de contar historias, pero no tengo en la cabeza el objetivo de dar miedo, no me lo he planteado. Aunque ahora, después de haber hablado con diferentes personas, quizás en mi tercera novela debería escribir algo con el objetivo de que costara leerla del miedo que diera hacerlo de noche.

Siempre existe la posibilidad de cerrar el libro y continuar al día siguiente, con luz.
Sí, pero estaría muy bien obligarte a cerrar el libro. Igual me lo propongo.

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