La llama inmortal de Stephen Crane

Paul Auster rinde un sentido homenaje a uno de los grandes autores del siglo XIX

| Actualizado a 29 noviembre 2021 07:44
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Stephen Crane vivió en el último tercio del siglo XIX y solo unos meses del XX. Falleció a los veintiocho años, pero antes logró escribir una obra sobre la guerra civil estadounidense que le dotó de gran popularidad, ‘La roja insignia del valor’, además de dos novelas cortas, tres docenas de relatos, dos recopilaciones de poemas y más de doscientos artículos periodísticos. Periodista, poeta, novelista, corresponsal de guerra... fue muy polifacético, e influyó en la literatura de manera irremediable en autores como Joseph Conrad, Henry James o Ernest Hemingway.

Paul Auster, autor contemporáneo con varios premios sobre sus espaldas, homenajea en las más de mil páginas que componen ‘La llama inmortal de Stephen Crane’, la vida y obra de este autor que en la actualidad no goza de los honores que merece, pues, en palabras de Auster: “No era nadie. Y luego fue alguien. Muchos lo adoraban, muchos lo despreciaban, y luego desapareció. Lo olvidaron. Volvieron a recordarlo. De nuevo lo olvidaron.

Con una narrativa casi de novela western, Auster recorre los pasos de Stephen Crane desde que nació, el mismo día de los difuntos, en Mulberry Place, en Newark (Nueva Jersey), en el seno de una familia metodista, hasta su fallecimiento en la Selva Negra en junio del año 1900, junto a su mujer Cora. 

Fueron veintiocho años intensos en los que escribió, se enamoró, viajó, naufragó y peleó… Vivió en una época en la que la clase obrera empezaba a luchar por sus derechos, en la que la desigualdad social era profunda, y el umbral de pobreza descomunal. 

Él mismo vivió la penuria en sus inicios, vagando de un sitio a otro, con ropa vieja y pocas monedas, con el único deseo de dedicarse a la escritura, algo que jamás dejó de hacer: escribir de manera compulsiva, aunque lo que le pagaran a cambio no le diera ni para comer.

El estilo narrativo de Crane, demasiado moderno para su tiempo, pero analizado con esmero y alabado por Auster, se basaba en denunciar de manera lírica la realidad que tan bien se molestaba en conocer desde dentro, haciéndola visible, revelándola sin clemencia ni filtros, tan auténtica que resultaba incómoda para el que la leía (cosa que no agradaba a todo el mundo).

Esa especie de invocación la lograba gracias a su insólita capacidad para describir de manera visual el entorno, proporcionando todos esos detalles que permitían al lector sentirse en las carnes de los protagonistas. Y no es muy distinto lo que Paul Auster está logrando hacer con esta biografía llena de admiración: dar visibilidad a quien algunos decidieron quitársela.

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