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A la playa con un clásico

Cal Carré publica dos delicados, refinados y coloridos relatos minis, en contenido y formato, de George Eliot y Stendhal

Glòria Aznar

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David Faux quiere ser pastelero. Piensa en manteca, harina y azúcar, pero también piensa en dinero y éxito. Faux es hijo de una familia humilde, en un momento en que el ascensor social no funciona. La solución, decide él, pasa por hacer las Américas, donde lo recibirán –cree firmemente– como un hombre blanco de éxito, rodeado de negros. Para llegar hasta allí, se las tiene que ingeniar y lo consigue de manera poco ortodoxa, nada ortodoxa en realidad, que aquí no desvelaremos. Pero ese será solo el principio de sus aventuras y desventuras.

David Faux es uno de los personajes principales –que no el único, como los lectores descubrirán– de En Jacob i el seu germà, un relato corto que George Eliot publicó por primera vez en 1864 y que ahora reedita en catalán Cal Carré en una edición mini, colorida y muy atractiva, ideal para acabar en la bolsa de las toallas en dirección a la playa o en la maleta de viaje. 

Mary Ann Evans, que es como se llamaba en realidad George Eliot (1819-1880), encuadra esta pequeña obra en el género de fábula moral. Sin embargo, En Jacob i el seu germà va más allá de una simple moraleja. Su prosa destila un humor sutil, sarcasmo refinado y una sátira aguda de las costumbres victorianas de provincia y sus prejuicios. Entre estos últimos, desconfianza instintiva hacia lo extranjero («La gent que venia de ves a saber on, ves a saber què podria arribar a fer») y el desprecio hacia los platos precocinados, con una acérrima defensa de lo artesanal o preparado en casa. Ambas actitudes, aparentemente inconexas, funcionan como síntomas de un mismo mal: el autoengaño moral de una sociedad que se considera refinada, íntegra y tradicional, pero que es en realidad superficial, cerrada y fácilmente manejable, que se mueve por las apariencias. Finalmente, será Jacob –el mismo del título– el que actuará como némesis. Un «idiota» bonachón que destapará todo el pastel con honestidad frente al engaño.

La cristalización de Stendhal

Sin referirse a la confitería, pero igualmente delicioso, es otro de los títulos, minis, publicados por Cal Carré para hacer un poco más llevadera la canícula. Se trata de Ernestine o el naixement de l’amor, de Stendhal (1783-1842).

Ernestine es una joven que vive en un castillo aislado bajo la tutela de un anciano tío. Un buen día, ve un cazador en la lejanía y empieza a suspirar por él. Este, a su vez, en un gesto poético, deja un ramo de flores frente a un gran roble junto al lago y a partir de ese momento la imaginación y el corazón de la joven se exaltan. Esta pieza delicada ejemplifica la teoría de la cristalización de Stendhal, elaborada en los primeros capítulos de De l’amour, que explica cómo enamorarse es comenzar a ensalzar al ser amado: cómo el amor nace en la mente, no en el cuerpo, gracias a la idealización y el deseo. En definitiva, el amor psicológico. Algo tan común hoy como entonces, cuando él lo formuló, hace más de 200 años.

Según Stendhal, este proceso no ocurre de inmediato, sino en fases sucesivas: admiración, esperanza, amor, la primera cristalización, luego la duda y, finalmente, una cristalización más intensa y peligrosa. Por todas ellas pasa Ernestine y quién sabe si también el cazador.

En Jacob i el seu germà y Ernestine o el naixement de l’amor son dos cuentos elegantes y divertidos, aunque no por ello ajenos a la reflexión. Igual de relevantes hoy como cuando se escribieron.

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