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El superventas Kim Ho-yeon: "En Corea del Sur los jóvenes no tienen las mejores oportunidades"

'Las maravillas de la tienda de Cheongpa-dong' es la segunda parte del éxito internacional 'La asombrosa tienda de la señora Yeom' en la que continúa explicando pequeñas historias humanas cotidianas

Kim Ho-yeon.

Kim Ho-yeon.Son Hong-Ju

Glòria Aznar

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Tras el éxito internacional de La asombrosa tienda de la señora Yeom, el escritor presenta la segunda parte, Las maravillas de la tienda de Cheongpa-dong (ambas publicadas por Duomo), una novela con más de dos millones de ejemplares vendidos en Corea del Sur desde su publicación en 2022 y con la que continúa explicando historias cotidianas que le ocurren a todo aquel que pasa por una peculiar tienda de 24 horas del barrio de Seúl y que vuelve a incidir en la importancia de las segundas oportunidades. Una novela humana, que aboga por la empatía, en tiempos de soledad.

¿Las carencias de la tienda 24 horas son una metáfora de las de los empleados o del propietario?

Es la tienda faltan muchas cosas, es cierto. Es un establecimiento incómodo, al que van a comprar clientes incómodos. Con ello quería mostrar de manera compacta en un pequeño lugar todos los aspectos que tiene Corea. Un microcosmos con sus problemas, las carencias y las incomodidades que tiene como país.

Todos los personajes tienen problemas generacionales entre padres e hijos.

Al fin y al cabo, si nos damos cuenta, si vamos a la raíz de los problemas de todas las personas que visitan la tienda, siempre tienen algún problema con la familia. Y en este libro me enfoco, sobre todo, en la relación de una madre con su hijo. Porque cuanto más cerca de alguien estamos, más conflictos tenemos con esa persona. Como en España la familia es muy importante, creo que eso ha permitido que se empatice más con la novela.

Aquí la cultura coreana está triunfando, las series, la literatura... ¿Cómo llevan ustedes la entrada de novedades occidentales?

Igual que en España, solemos estar muy abiertos a todo. Aceptamos y permitimos que todas las influencias entren en el país porque como saben, Corea está oculto, por decirlo de alguna manera, por Corea del Norte, por lo que podemos identificarnos como si fuéramos una isla. Si no nos preocupamos y no nos esforzamos en recibir la cultura exterior, todo lo que nos rodea, podríamos empezar a perdernos esas cosas tan importantes sobre cómo funciona el mundo universalmente. Por eso nos esforzamos en aceptar lo que llega del exterior. Por ejemplo, si hablamos de Hollywood, mundialmente muchas veces somos los primeros en estrenar sus películas en el país. 

¿Y la tecnología?

Corea está avanzando mucho tecnológicamente. Probamos cualquier novedad. Al mismo tiempo, también somos muy buenos haciendo tecnología, se nos da bien encontrar errores, encontrar fallos. Y el resto del mundo admite a los coreanos como buenos trabajadores.

En ese contexto, ¿qué ocurre con los jóvenes? Usted dibuja un panorama un tanto desalentador.

Me apena y me frustra un poco el hecho de saber que hoy en día en la sociedad coreana los jóvenes no tienen las mejores oportunidades y les cuesta mucho encontrar trabajo. Están teniendo una vida muy dura porque pensaban que su vida podría ser un poco mejor al terminar su carrera, pero lo que se encuentran no es lo que esperaban. Les cuesta vivir, encontrar un empleo. Pero, sobre todo, pienso que no se les da las oportunidades que se merecen. Como persona adulta, creo que debería ayudarlos más y en ocasiones me siento mal. Me gustaría pedir perdón. Entonces, como autor y como novelista, lo que puedo hacer es explicar estas dificultades. Poder profundizar un poco más para saber qué es lo que realmente desean, cómo piensan, para poder entenderlo yo un poco más y mostrarlo a los demás a través de mis novelas, para que los jóvenes lo lean y puedan darse un respiro. Para que sepan que no están solos, que no son los únicos que están sufriendo y que se puede salir adelante. Ese es mi trabajo.

Habla de empatía. ¿Cree que se está perdiendo a nivel global?

No estamos siendo suficientemente empáticos. Yo escribí este libro en 2021/2022 siendo consciente de todas las dificultades por las que estaban pasando los jóvenes. Pero también viendo la sociedad y la política de Corea, cómo funciona… me di cuenta de que los jóvenes cada vez desconfían más del país, de la sociedad. Sienten que todo es injusto porque existen oportunidades muy mal repartidas. Entonces ellos se quejan y los dirigentes políticos no están siendo suficientemente empáticos para poder satisfacer sus necesidades.

En la tienda de la novela contratan a un dependiente que no para de hablar y el resto se siente molesto. ¿Cómo llevan la incomunicación actual?

Como es una novela, he recogido situaciones que no nos ocurren diariamente, poco cotidianas. Pero es cierto que como autor me ha gustado hacer una recopilación de cómo reaccionan las personas, estudiar los personajes para mostrar diferentes aspectos de la sociedad y he disfrutado con ello. Como podemos ver, el dependiente del que hablamos tiene un corazón muy grande, se mete hasta en lo que no debe, en sentido positivo y aunque sea muy forzadamente intenta entablar conversaciones, algo que en cualquier país a mucha gente le puede llegar a incomodar. Con ello buscaba mostrar la importancia de la comunicación a través de esos aspectos.

¿Se queda con algún personaje?

Me gusta mucho el hijo de la señora Yeom. El hecho de que es una persona sin respuestas. Tiene un final bastante abierto y yo mismo pienso qué pasará con él, qué cambiará, cómo crecerá. Por eso me llamó más la atención.

Entonces, ¿habrá una tercera parte?

De momento no está en mis planes. Muchos lectores coreanos también me lo han preguntado, pero ahora mismo me quiero enfocar en otras historias. Quizás en algún futuro llegue a ocurrir. Si la tienda incómoda se necesita de nuevo, la volveremos a abrir, pero ahora mismo estará cerrada para poder organizar mis ideas.

¿Usted compra en tiendas de conveniencia?

He ido mucho a tiendas de conveniencia a propósito, para poder estudiar qué tipo de compradores van y qué tipo de dependientes trabajan allí, aunque no sé si existe una tienda como la de la novela en la vida real. Sobre todo he visto que los clientes hablan entre sí, se preguntan cosas. Es cierto que quizás no exista un dependiente como Dogko, el protagonista de la primera novela, pero quizás sí que pueden existir este tipo de comunicaciones, este tipo de relaciones que parecen tan instantáneas, pero a la vez necesarias. Quizás no es imposible una tienda así.

Incide mucho en la caducidad de los productos. ¿Cómo lo gestionan?

En Corea las panaderías y supermercados hacen lo mismo que en España. Es decir, bajar el precio de los productos que están a punto de caducar a última hora del día o también lo donan. Pero en el caso de las tiendas de conveniencia es diferente porque todo funciona más rápido. Son pequeñas, pero están en todos los lugares, son muy numerosas. Si pasa un poco la fecha de caducidad y se lo regalan a alguien y se pone enfermo, puede haber problemas legales, por lo que suelen ser más estrictos.

¿Le gustaría destacar alguna cosa que no le haya preguntado?

No es una novela que tenía planeada. Pero cuando vi que la gente se consolaba a través de mis libros consideré necesario escribir esta segunda parte. También muchos lectores me lo pidieron y ahora que ha salido en España me gustaría que la disfrutaran.

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