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Manel Loureiro: «Hay quien sigue teniendo una conexión tan fervorosa como insana con las reliquias»

El escritor gallego llega con La ladrona de huesos, un thriller con el Camino de Santiago (Editorial Planeta) como centro. Una historia de santos, espías y la antigua URSS

| Actualizado a 09 agosto 2022 18:37
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‘La ladrona de huesos’ es la nueva novela de Manel Loureiro (Editorial Planeta), escritor, abogado y presentador de televisión. En ella, Laura, la protagonista, se verá empujada a robar las reliquias del Apóstol Santiago para poder salvar a su amado. Para conseguirlo, recorrerá los lugares más emblemáticos del Camino de Santiago, aunque sus pesquisas también la llevarán a otros puntos del planeta, entre espías rusos y la casa real saudí.

¿Es tan fácil robar los huesos del Apóstol como el Códice Calixtino?
En teoría, no porque hay demasiada gente mirando durante todo el rato. Pero parafraseando un poco a Arthur Conan Doyle, que decía por la boca de Sherlock Holmes aquello de «lo que un hombre puede ocultar, otro puede descubrirlo», en una cita un poco libre, apunto que «lo que un hombre puede proteger, otro puede robar». No hay nada que no pueda ser robado y tampoco los huesos del Apóstol.

«El Camino de Santiago es un símbolo, conecta con lo emocional, más allá de lo material»

¿A quién le puede interesar hoy en día robar una reliquia?
Es una de las claves que trata de responder La ladrona de huesos. Si contestara directamente, haría un espóiler brutal, así que me lo voy a reservar. Pero hace unos años, también en Galicia, robaron una pequeña reliquia, La virgen de cristal, y todavía hoy nadie sabe quién ni por qué. Existe un mercado de reliquias y aunque actualmente no poseen la importancia que tenían hace 400 o 500 años, hay gente que sigue teniendo una conexión tan fervorosa como insana, en algunos casos con ellas, que estarían dispuestos a hacer cualquier cosa por poseer una.

Laura es una mujer poliédrica, no es lo que parece.
La protagonista de La ladrona de huesos parte con un problema enorme. Ella no recuerda nada de su pasado, tiene amnesia retrógrada. Todo lo que haya sucedido un año antes en su vida, para ella no existe.

¿Esto es necesariamente negativo?
No tener memoria es, por una parte, una maldición y por otra, una bendición. Porque si no tienes memoria no tienes remordimientos y eso es estupendo, ya que todos tenemos algo en nuestro pasado que trataríamos de cambiar. Pero al mismo tiempo, el no tener pasado es una puñeta porque somos la suma de todas nuestras experiencias y nuestros actos. No saber quién eres te impide saber qué puedes hacer y cómo, quiénes son tus amigos, quiénes tus enemigos. En ese sentido, el personaje de Laura es muy complejo porque se va construyendo a lo largo del camino. Eso, narrativamente es maravilloso, pero a la hora de escribirlo fue una pesadilla.

$!Manel Loureiro: «Hay quien sigue teniendo una conexión tan fervorosa como insana con las reliquias»

¿Quién va por delante, ella o el lector?
Van de la mano, a medida que ella descubre cosas, lo hace el lector. Pero el que va detrás, jadeando y con la lengua fuera es el autor, que tiene que conseguir que todas esas pelotas que están en el aire, coincidan y que caigan en su sitio. Al final es muy satisfactorio, aunque también un desafío.

Con ella el lector viaja a Rusia, tristemente de actualidad, al KGB y a esas fronteras que Putin reclama.
Tengo una cierta tendencia a ser una especie de Nostradamus de hacendado, de bolsillo. En el año 2017 escribí una novela que habla sobre una pandemia que se extiende por todo el mundo y que afecta sobre todo a los más mayores. Dos años después, pandemia. En el año 2020 publico otra que habla de ese mundo rural de Galicia que se está muriendo porque nadie lo visita y al año siguiente, récord de visitas absoluto en la Galicia rural. Año 2022, publico una historia en la que aparecen espías rusos, programas como el Pegasus, instalado en el teléfono de la protagonista y lo mismo. Esto me lleva a ser muy cuidadoso con el tema que escoja para mi próxima novela porque tengo una cierta tendencia a meter el dedo en la llaga. Sé que es una casualidad, pero tantas seguidas me empiezan a agobiar un poco.

Aquí tiene una academia muy curiosa, el Nido. ¿Un espía nace o se hace?
Un espía se hace. Esos centros de formación existen. Yo tropecé con esta historia hace unos años y me la guardé en un bolsillo porque sabía que tarde o temprano tendría que utilizarla. En los años 40, Stalin estableció una red de espías por toda Europa, que se llamaba la Orquesta roja. Era la primera vez que existía una red de estas características con esa consistencia y densidad. Y con el paso de las décadas ha ido mutando, transformándose.

Hasta llegar a ‘La ladrona de huesos...’
Ya no existe la Unión Soviética, pero sí Rusia y no nos olvidemos de que el presidente ruso es un exespía de la KGB. Esa red de espionaje que salpica a La ladrona de huesos es un reflejo de la mentalidad rusa. Rusia es un país que siempre se ha hecho contra algo y eso es muy sorprendente porque revela muchos rasgos de su personalidad colectiva y de cómo ven el mundo. Por qué consideran que el resto es una amenaza, que tienen muy poco aliados, lo que explica muchas de las cosas que vemos hoy.

Como su percepción de la seguridad.
Claro. Todo lo que viene del Este, para ellos históricamente ha sido malo, ha sido destrucción. Y todo lo que viene del Oeste, es decir, nosotros, somos unos primos raros y muy difíciles de entender, porque el concepto de las democracias liberales choca mucho con el modelo autocrático que ha imperado allí. Entonces, nos ven como un ser extraño y por eso desconfían tanto.

Esta mujer también recala en Arabia Saudí, país con pocos escrúpulos.
Lo que un novelista tiene que hacer es rebotar ecos de la realidad en aquello que escribe porque es lo que le va a dar más consistencia a la obra de ficción. Por ejemplo, una reliquia ya no vale lo que valía en la Edad Media, cuando se creía que el mero contacto con ella te podía curar. Hoy en día tiene el valor del símbolo y los símbolos en una sociedad tan agnóstica como la que tenemos hoy en día, son cada vez más escasos. Sin embargo, el Camino de Santiago tiene una vigencia absoluta porque lo hacen cientos de miles de personas cada año y no todas por fe.

¿Por qué se hace?
Porque es un símbolo, porque nos conecta con algo que nos retrotrae a nuestro pasado cultural, a nuestro pasado emocional. Y esos símbolos a veces chocan con otros que pueden venir de ese mundo de la Rusia postsoviética o de la Rusia soviética, en el caso de La ladrona de huesos o de ese mundo árabe, totalmente distinto. Y es ahí, en ese conflicto, ese choque de símbolos donde el eje de esta historia coge fuerza y atracción.

¿Por qué el camino francés?
Porque es el más conocido de todos. Hay un montón de maneras de llegar a Santiago, pero el camino francés es quizás el que tiene mayor tradición porque vertebra toda Europa. Es como una especie de espina dorsal que baja prácticamente desde el norte de Alemania hasta un rincón perdido de la península ibérica. El camino no es solo una serie de lugares, sino una experiencia. Todo el mundo que lo hace acaba transformado de alguna manera. No sé por qué es. Conecta con algo emocional que está más allá del nivel material. Yo, que he vivido en Santiago muchos años y he visto llegar peregrinos en oleadas, siempre me llamaba la atención la expresión que veía en sus ojos. Una sensación como de triunfo personal. Merece la pena verlo y supongo que merece la pena hacerlo.

¿Usted no lo ha hecho?
Un trozo, pero no lo suficiente como para ganarme la Compostela, ese documento que atestigua que eres peregrino, que has recorrido la distancia mínima. Pero sí fue suficiente para saber cuál es la sensación, el espíritu peregrino. Creo que me he imbuido lo suficiente de esa esencia como para poder plasmarla en una novela.

«Todos tenemos algo en nuestro pasado que trataríamos de cambiar»

¿El ambiente lúgubre de una Catedral invita a un robo o a algo peor?
Cuando era estudiante universitario utilizaba la Catedral como atajo. En Santiago llueve mucho, por lo que por las mañanas la cruzaba para no mojarme. A veces era tan temprano que todavía era de noche y a esa hora no había nadie, ni las más beatas. Yo me veía solo y tenía la sensación de que podría hacer cualquier cosa, que podría llevarme cualquier cosa que no estuviera atornillada o clavada en una pared. Evidentemente, nunca lo hice. Pero sin embargo, años después alguien se llevó el Código Calixtino. No obstante, fui consciente de que todo aquello tenía, como en todos los templos de toda Europa, un nivel de protección o de conservación de las obras de arte que no es el mismo que el que puede haber en un museo. Y era algo que siempre me fascinó y siempre tuve guardado en la recámara. Y cuando me estaba documentando para esta novela, una de las cosas que conseguí fue poder visitar aquellas partes de la Catedral que no están abiertas al público.

¿Qué se esconde tras lo visible?
Las catedrales son artefactos enormes que se van construyendo con el paso de los siglos, lo que las dota de muchísimos secretos, incluso para sus propios vigilantes y tenedores. Mientras la visitaba y recorría esos pasillos que llevan cerrados al público desde siempre o desde décadas, estaban haciendo una reforma en la cubierta de la Catedral. En un momento determinado, el arquitecto me llevó a una esquina en la que acababan de encontrar una puerta que conducía a una habitación, en la que entré. Esa habitación llevaba cerrada, tapiada siglos. Estaba vacía. Nadie sabía quién había construido aquel cuarto ni para qué. Y nadie sabía tampoco quién lo había tapiado, cuándo y por qué. Y aquello me parecía maravilloso porque demuestra que las historias potentísimas, mágicas, que cautivan, te pueden asaltar en cualquier rincón y momento. Y por eso en la novela los protagonistas se encuentran un tabique que, al derribarlo, les lleva a otro lado.

«Tengo una cierta tendencia a ser una especie de Nostradamus de hacendado, de bolsillo»

No había ningún cadáver...
Automáticamente eso hubiera hecho que no hubiera escrito esta novela, sino otra. Me hubiera cambiado los planes.

¿Qué van a encontrar sus lectores, los fieles y los nuevos?
Una novela diferente porque pienso que uno tiene que ir evolucionando y conseguir que los lectores te acompañen de la mano. Se encontrarán entretenimiento, una experiencia que les va a merecer la pena. Es un libro que les va a mantener sentados en el borde de la silla obligándoles a pasar páginas hasta llegar al final porque ese es el objetivo de un thriller, de la literatura de entretenimiento, que sea divertido, que se lo pasen muy bien. Espero que cuando lo terminen tengan esa sensación de pérdida que te viene cuando eres lector y terminas un libro que te ha gustado mucho. Si consigues hacer eso, estás haciendo magia y hacer magia hoy en día es tan complicado que eso es lo que trato de conseguir en cada historia y es lo que pretende La ladrona de huesos, que sea una experiencia que no puedan olvidar.

Y si alguien se anima a echar a andar...
Ya me han escrito docenas de personas que me han dicho que se van a animar a hacer el Camino. Es el poder evocador que tiene la literatura, consigues que mucha gente decida empaparse un poco de la experiencia que has querido transmitir en una historia. A mí me parece maravilloso. Y este año es Año Jacobeo, lo que implica que está abierta la Puerta Santa, si tú cruzas la Puerta Santa, que solo se abre en Año Jacobeo, tus pecados se quedan enganchados en ella, con lo cual haces un reset genial. Y vuelves sin pecados.

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