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Mónica Rouanet: «A las mujeres se nos sigue educando para que no nos violen»

La cultura del patriarcado y la violencia de género es el centro de la nueva novela de la alicantina, ‘Nada importante’, publicada por Roca Editorial

| Actualizado a 28 agosto 2022 19:48
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Una noche de 1991 Minerva aparece salvajemente acuchillada en la calle. Junto a ella, el cadáver de su pareja. Sin más preámbulos, el crimen se trata como un caso de violencia de género. Sin embargo, no todo está claro. Es el arranque de Nada importante (Roca Editorial), la última novela de Mónica Rouanet. Agresiones sexuales, una sociedad de miles de años de patriarcado y la revictimización de la víctima. Temas muy actuales que Rouanet trata en una evolución social, desde los años 90 del siglo pasado hasta la actualidad.

¿Por qué ha decidido abordar la violencia de género?
Cuando estábamos confinados y solo salíamos a la ventana a las ocho a aplaudir, decidí ver series míticas que no había visto antes, como Twin Peaks o Expediente X. Y en esta última, por fin había una pareja mixta en la que ella, no solo era la jefa y la cabeza pensante, sino, sobre todo, la templanza. Y de pronto al final de un capítulo de la primera temporada, cuando pide información sobre un sospechoso, el policía le responde, cumplió condena por agresión sexual y drogas. Nada importante. Acababa de decir agresión sexual y nada importante en la misma frase.
De ahí el título...
Exactamente. Seguro que si hubiera visto la serie en el 94, esa frase me habría pasado desapercibida. Si te violaban en los 90, qué mala suerte. Pero es que ¿por qué has vuelto sola?, ¿por qué de noche?, ¿por qué ibas con minifalda?... Tenías que pensar si denunciabas o no porque toda la culpa social iba a caer sobre ti y luego ibas a tener que demostrar que realmente te ocurrió. Te tenías que defender, de lo contrario, si no te pegaban es que habías consentido. Por eso decidí empezar la historia en los 90 y que acabara en la época actual para ver cómo todo eso había ido cambiando.
¿Ahora tampoco es importante?
Sí. Es muy importante. Creo que algo hemos avanzado. No obstante, ¿tanto como creemos? Personalmente, creo que no. A pesar de todo, mi novela no tiene moraleja. La gente la puede interpretar de distintas maneras. De hecho, los mensajes privados que me envían varían en edades y, sobre todo, en género.
¿Qué le dicen?
Las mujeres de mediana edad, las que tenían 20 años en los 90, saben que es cierto lo que estoy contando y me dan las gracias por darle voz. Víctimas de violencia se han puesto en contacto conmigo porque la novela les ha ayudado a dejar de normalizar cosas que no son normales como comentarios y gestos. Lo que ocurre es que tanto a nosotras como a ellos nos han educado en esa normalidad del machismo. Hay muchos hombres que actúan así porque se les ha enseñado y no conciben la vida de otra manera, sin que la mujer esté a su servicio y sin que ellos estén protegiéndola a todas horas; Luego tenemos las jóvenes, que se ofuscan y se cabrean porque no lo han vivido. Y se preguntan por qué no se hizo nada. Pero sí que lo hicimos, por eso están ahora como están. No es una revolución de la noche a la mañana y mucho menos en aquella época; Finalmente, las mayores de 70 y 80 años se vienen arriba con el inicio de la novela, pero cuando finaliza se defienden.

$!Mónica Rouanet: «A las mujeres se nos sigue educando para que no nos violen»

El inspector Campos tiene mucho de la sociedad patriarcal con comentarios que todavía hoy se pueden oír.
Pero no solo él, también Sagrario, la madre de Minerva, la joven atacada, que es casi quien más lo tiene. En realidad, a Campos ya le va bien. Es decir, le parecen bien todos los beneficios que tiene solo por ser hombre.
¿Las madres perpetúan esa sociedad patriarcal?
Sagrario educa a su hija en el miedo. Y a las mujeres se nos sigue educando para que no nos violen, para que no nos agredan, para que no nos peguen, para que no nos maltraten. No te pongas ese escote, no salgas de noche, no vengas sola, no vengas borracha. No provoques. Pero no se les educa a ellos para no violar, para no acosar. Porque si no saben salir de casa sin drogar a una mujer para violarla, si no saben salir de casa sin acosar a una mujer y decirle barbaridades, sin pegarse a ella por detrás, sin golpear a su pareja si les lleva la contraria, entonces, que no salgan de casa. La novela no es una historia con moralina. No se juzga absolutamente a nadie. Todos y todas salimos escaldados. Cuento cómo es la sociedad en general, hombres y mujeres, con respecto a este tema. Y el que esté libre de haber pensado alguna vez cosas como las que piensan mis personajes, que tire la primera piedra.
Unos policías que violaron a una joven eluden la prisión a cambio de recibir un curso de educación sexual. ¿No parece que vayamos para atrás?
En algunos puntos sí y en otros estamos, por lo menos, visualizando, algo que ya es muy importante. Ella ha decidido no denunciar porque le hacen pensar que dio pie. Y en este sentido, quiero destacar una escena en la novela, cuando una mujer entra en su casa y en el portal, a las seis de la mañana, un hombre entra detrás y la viola. El juez le pregunta, y esto lo he sacado de un caso real, ¿de dónde venía usted? Pero qué tendrá que ver. ¿Por qué no le pregunta a él de dónde venía? Si viene de fiesta con sus amigas y borracha, culpable; de bailar toda la noche, culpable; de trabajar, inocente; de buscar una farmacia de guardia porque su hijito no paraba de toser, súper inocente. Mientras, el violador era el mismo. Estaba esperando en la calle a la primera que viniera, le daba igual de dónde. Pero le preguntan a ella qué ha hecho antes.

Si no saben salir de casa sin drogar a una mujer para violarla, si no saben salir de casa sin acosar a una mujer y decirle barbaridades, entonces, que no salgan de casa.

Su asesino es un justiciero.
Sí. La historia es la de un psicópata, asesino en serie, él mismo se llama salvador de la humanidad y decide eliminar a los que no cumplen con el precepto social que Dios les ha asignado. Para él, el hombre y mujer son pareja y tienen que compartir. Pero ella siempre tiene que estar a su servicio, pendiente de las necesidades del marido. Si esto no es así, a ella hay que matarla, pero a él también, por calzonazos. Porque su deber está en gobernarla y decirle lo que tiene que hacer.
En esta novela cambia la voz narrativa.
Me empezaron a llamar la autora camaleónica –y me encanta- porque en cada novela utilizo una voz narrativa distinta, un tiempo verbal diferente, una perspectiva completamente opuesta a la anterior porque quiero aprender y experimentar. Quería tener una tercera persona subjetiva con la que puedo ir viéndolo todo desde arriba, pero adivinando lo que piensa el personaje, incluso lo que siente. Me ha gustado escribir así. Me gusta jugar con el lenguaje, con todas las técnicas literarias, narrativas. Y todavía me queda escribir una en futuro.

Hay muchos hombres que actúan así porque se les ha enseñado y no conciben la vida de otra manera, sin que la mujer esté a su servicio y sin que ellos estén protegiéndola a todas horas
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