Una maternidad en conflicto

La primera película de Maggie Gyllenhaal adapta una novela de Elena Ferrante que se adentra en la ambivalencia de la maternidad 

| Actualizado a 26 febrero 2022 20:24
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Maggie Gyllenhaal, la estupenda actriz, está nominada en los Oscars al Mejor Guion adaptado por su debut como directora en el cine con La hija oscura, adaptación de la novela de Elena Ferrante.

Gyllenhaal, que forma parte de una familia de cineastas, se había puesto detrás de las cámaras ya en The Deuce, la serie de David Simon que protagonizaba. En la adaptación de la novela de Ferrante, fiel en lo esencial, pero con cambios en detalles que no lastran la trama, Gyllenhaal aparece como guionista y directora –también productora– y deja que el peso de las interpretaciones lo lleven Olivia Coleman y Jessie Buckley dando vida a Leda, la protagonista, en dos momentos diferentes de su vida, y Dakota Johnson.

Las tres están espléndidas y ajustadas a lo que la historia y la película reclama de ellas; Coleman y Buckley optan a la estatuilla en la categoría de Mejor Actriz Protagonista y Mejor Actriz de Reparto, respectivamente. Se unen al elenco Ed Harris, Paul Mescal, Dagmara Dominczyk Alba Rohrwacher, entre otros.

La hija oscura cuenta una historia en dos tiempos: en el presente, Leda es una catedrática de vacaciones en una isla griega que se dispone a leer en la playa y trabajar a un ritmo menos exigente y con mejor tiempo que es su lugar habitual de residencia, Cambridge, cerca de Boston, como repite en la película.

Su tranquilidad se ve bruscamente interrumpida con la llegada de una familia enorme y ruidosa de greco-americanos, con negocios no del todo limpios y de modos tampoco demasiado agradables. De entre todos los miembros de esa familia ruidosa y un poco chabacana, se fija en Nina: madre joven de una niña lindísima y caprichosa (pleonasmo), que no se despega de su muñeca ni en el agua.

La relación de Nina con su hija, que Leda observa primero desde la distancia, despierta en ella recuerdos de la crianza de sus hijas, Marta y Bianca, 23 y 25 años ahora. La tensión entre Leda y la familia de Nina se hace más que evidente durante el cumpleaños de Calli, cuñada de Nina, embarazada de siete meses.

La hija de Nina desaparece y Leda la encuentra y la lleva con su madre: es la primera vez que Leda y Nina hablan. Lo que no aparece, para gran disgusto de la niña y disturbio familiar, es la muñeca de la niña. Leda tiene su propio tema musical, entre sensual y misterioso, compuesto por Dickon Hinchliffe que firma parte de la banda sonora, la otra le corresponde a Monika. Suena Judy Garland y Leda se desgañita cantando a Talking Heads y “Livin’ On A Prayer”, de Bon Jovi. Los recuerdos de Leda tienen una respuesta física en ella: mareos y malestar al recordar la insistencia de las niñas pequeñas, tan demandantes y absorbentes como encantadoras o una especie de adormilamiento al recordar episodios sexuales con su exmarido.

La maternidad es el tema central de la película: en el caso de Leda, las niñas le quitaban tiempo para dedicarse a su incipiente carrera universitaria, en el caso de Nina ni siquiera hace falta esa contraposición: simplemente a veces necesita un respiro.

Parte del mérito de Gyllenhaal es trasladar a otro lenguaje lo que estaba en la novela de Ferrante: la ambivalencia con respecto a la maternidad, cómo se puede tener la sensación de estar ahogándose, casi desapareciendo, y al mismo tiempo ese amor inexplicable. Y hacerlo además con sutileza e inteligencia y llevando la película más hacia el thriller que hacia el melodrama.

La película sugiere también que los costes de tener hijos son diferentes para mujeres y para hombres; también, en los casos que aparecen en la película, es diferente para unos y otros el coste de eludir responsabilidades. Otro de los temas recurrentes de las novelas de Ferrante es el deseo femenino y el cuerpo: en sus novelas hay mucha carnalidad y las mujeres son sobre todo y ante todo cuerpo.

El mundo interior y el deseo de conocimiento de sus protagonistas (está en Leda, pero también en la saga de La amiga estupenda) es una anomalía, algo que se sale de la norma, y de hecho es la causa de su inadaptación. En cuanto al cuerpo y al deseo, la película de Gyllenhaal conserva esa carnalidad, no solo mostrándola (Leda en el agua, la piña que le cae en la espalda y le hace un moratón; los trajes de baño de Nina, su cuerpo regado en la hamaca por la niña), también hay algo en el ambiente que se transmite: está el personaje de Ed Harris y la tensión sexual entre Leda y él con el clímax de la noche del baile; está Will, el camarero al que Leda invita a cenar.

La maternidad arrasa también con la sexualidad. Gyllenhaal filma las escenas sexuales con planos cerrados y sugerentes, que hacen la carnalidad evidente, que también destacan una cierta violencia. La hija oscura es una película que rezuma conocimiento del oficio y que se atreve a romper la imagen idealizada de la maternidad.

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