El análisis del Nàstic-Algeciras
Luis César enseña sus primeras cartas: un Nàstic con dos estructuras
El Nàstic fue un equipo que se arropó en dos sistemas: atacó con un 4-2-3-1, mientras que en fase defensiva mutó a un 5-2-3 con Pau Martínez actuando de carrilero zurdo y no de extremo. Una puesta en escena con claros y oscuro

Pau Martínez fue clave en el sistema mutable del Nàstic.
Existían muchas dudas sobre el plan de partido que tenía Luis César para el debut liguero. El técnico gallego había utilizado la pretemporada como banco de pruebas. El Nàstic se había arropado en diferentes estructuras y había repartido minutos de manera constante entre todos los jugadores de la plantilla, lo que provocó que nunca se viese un once continuista en los amistosos.
Sin embargo, la hoja de alineaciones repartida a poco menos de una hora de comenzar la Primera RFEF ante el Algeciras empezó a despejar incógnitas. Luis César apostaba por un once reconocible, que mezclaba seis fichajes con cinco supervivientes de Zubieta y en el que, sobre el papel, solo quedaba la duda de si el Nàstic iba a jugar con un 4-2-3-1 o un 5-2-3.
Dos sistemas en uno
Al final, el Nàstic de Luis César no jugó con un único sistema, sino que lo hizo con dos, en función de la fase del juego. Para atacar se organizó en un 4-2-3-1, mientras que para defender se replegó en un 5-2-3. ¿Cómo logró esa mutabilidad? Hubo una pieza clave: Pau Martínez actuó como un híbrido que atacó como extremo y defendió como carrilero, lo que permitió que David Juncà, hasta su lesión, y César Morgado se alternaran como centrales zurdos en defensa de cinco y se proyectaran como laterales en la fase ofensiva.
Más allá de los dibujos, el conjunto grana mostró sus primeras armas. Todavía debe darles continuidad para ser más peligroso, pero las intenciones ya se vislumbran: un equipo que quiere tener control, sin alocarse, pero con movilidad en ataque y dinamismo en todas sus piezas. No pretende ser estático, sino desordenar al rival, aunque eso requiere automatismos que solo se adquieren en competición real. Es normal que se viera un Nàstic todavía algo verde, pero el camino está más cerca de lo mostrado en la primera mitad que en la segunda.
Presión tras pérdida y repliegue con cinco
Otra seña de identidad es la presión tras pérdida. Luis César quiere un equipo que muerda, que no conceda metros y que recupere rápido la pelota para atacar de nuevo antes de que el rival recupere el orden posicional. Cuando no lo logra, se repliega en un 5-2-3 en bloque medio-bajo con el que busca cerrar grietas.
En la victoria ante el Algeciras, el Nàstic defendió con criterio y apenas sufrió desconexiones. El gol encajado llegó en una acción aislada en la que faltó algo de contundencia, un mal que tanto daño hizo el curso pasado. La llegada de defensas como Sergio Camus, César Morgado y David Alba —los tres brillaron en su debut— debe servir para corregir esa debilidad.
Crecer desde la victoria
El Nàstic ya prepara la segunda jornada desde la tranquilidad que aporta la victoria. Esa que le permitirá seguir puliendo virtudes y corrigiendo defectos. Lo importante es que hay talento ofensivo y defensivo, y futbolistas que ya han demostrado ser diferenciales en Primera RFEF. Este equipo tiene mimbres para pelear el ascenso. De eso no hay dudas. Ahora toca paciencia, victorias y progreso.
El Nàstic ha enseñado las primeras hojas de su libreto y ha dejado claro que tiene material para ilusionar. Ahora solo le queda lo más difícil: mejorar y sostener la idea en el tiempo y convertir esa identidad en un hecho natural que lleve a los granas al camino de la victoria.