Fútbol
La crónica del Murcia-Nàstic: Hay cosas que no cambian (3-2)
El Nàstic cae en el primer partido de la era Parralo ante un Murcia que penalizó con dureza sus desconexiones defensivas. Los granas comenzaron ganando, pero terminaron volcados y sin gol

Montalvo ante Ekain en el Enrique Roca.
El Nàstic de Tarragona regresaba 155 días al escenario que le había colocado a dos pasos de la gloria. El Enrique Roca pasó de infierno a paraíso cuando los hombres de Luis César lograron vencer por 0-1 y meterse en la final del play-off por el ascenso a Segunda División, que luego perderían ante el Sanse. Cinco meses después, los granas volvían al lugar del crimen, aunque con solo siete jugadores de aquella plantilla. Ni siquiera repetía el técnico gallego al frente del Nàstic, pues el destino fue caprichoso y fue cesado en el último partido antes de la visita al Murcia. La derrota por 0-3 frente al Atlético Madrileño fue motivo suficiente para decir basta. La era Parralo vivía su día uno.
El Enrique Roca era un escenario que tenía ganas de jaleo. El inicio de temporada había sido duro e inesperado. Todo el mundo colocaba al Murcia en las quinielas del ascenso, pero la realidad dictaba que, en la undécima jornada, comparecían copando la penúltima plaza de la clasificación. Adrián Colunga, técnico interino, había firmado una victoria copera y otra liguera frente al Betis Deportivo antes del duelo frente al Nàstic.
Jardí golpea primero
El Real Murcia comenzó nervioso, consciente de la situación que atravesaba. Las piernas pesaban y bastaron 12 minutos para que cometiera uno de esos errores que lo habían metido en el pozo. El Nàstic estuvo listo porque salió con un plan ambicioso, tal como había adelantado Parralo en la rueda de prensa. Mordía cada vez que perdía la pelota. En un saque de banda sin aparente peligro en el costado izquierdo, Jardí envió un balón al área que parecía inocente, pero que, entre Montalvo y Antonio David, se convirtió en mortífero. El primero se anticipó y el segundo despejó tarde y mal, sin tocar la pelota y llevándose por delante al de Riudoms. Domínguez Cervantes no dudó y señaló penalti. Jardí recogió el balón y lanzó la pena máxima con la confianza habitual, pegándola a su palo diestro y engañando por completo a Gazzaniga.
Ese gol fue una liberación para un Nàstic que, durante unos minutos, bailó en las brasas del Enrique Roca. Jugaba con las dudas de un rival superado por la situación. Los de Parralo recuperaban la pelota con facilidad y construían con riesgo, pero con criterio. No llegaban las ocasiones, pero el control del partido era total… o al menos eso parecía.
Dos minutos fatídicos
Parecía que los granas subestimaron al Murcia antes de tiempo. Dejaron pensar al ataque murciano y se encontraron con dos bofetadas en apenas dos minutos. En ambas fue protagonista Pedro Benito. En el primer gol culminó una buena jugada colectiva con un remate ajustado de primeras que superó a Rebollo. Sin tiempo para digerirlo, a Kaptoum le faltó activación en la medular y el Murcia montó una transición en la que Benito condujo y asistió a Flakus, que encontró la espalda de la zaga grana. Alba intentó interceptar, pero su disparo salió mordido y cruzado, suficiente para batir a Rebollo y poner el 2-1 en apenas dos minutos.
El Nàstic se vio por debajo en el marcador sin quererlo. Fue un mazazo de realidad para un equipo que, si es el que más goles ha encajado del grupo II, es por algo. Las desconexiones individuales cuestan caras y, en días como ayer, el oficio volvió a brillar por su ausencia. Pese a todo, el equipo con balón había ofrecido mejores sensaciones y aún quedaba toda una segunda mitad por delante.
La ley del ex
La segunda mitad evidenció que Parralo tiene trabajo por delante. El Murcia volvió a golpear al Nàstic porque los granas volvieron a mostrarse frágiles en su área. Corría el minuto 50 cuando Bustos tuvo todo el tiempo del mundo dentro del área para saltar sin oposición y cazar una chilena de un balón llovido que salió disparada a portería sin que Rebollo pudiera hacer nada. La ley del ex imperaba porque otra vez había faltado contundencia.
Morgado daba esperanza
Cuando peor pintaba la cosa, Morgado apareció para despertar la esperanza. El central grana conectó un cabezazo inapelable tras un gran centro de Jaume Jardí para batir a Gazzaniga (3-2). Había que seguir creyendo porque quedaba un mundo y al Murcia le podían entrar dudas tras ver el partido casi sentenciado durante un par de minutos.
El Nàstic fue creyendo que puntuar era posible con el paso de los minutos, porque detectó que el miedo aparecía en el rostro de un Murcia al que su grada empujaba a no conformarse con resistir. El ambiente estaba raro y más aún cuando el partido tuvo que parar durante 12 minutos por una emergencia médica en la grada. Fue calma en medio de la tormenta.
Un final sin fe
El Nàstic tuvo hasta 18 minutos de descuento para intentar cazar en río revuelto, pero no pudo. En ataque no generó nada en los últimos minutos, en los que el Murcia se atrincheró y los tarraconenses no fueron capaces de amenazar ni de manera colectiva ni individual. La era Parralo comienza con derrota y queda claro que hay cosas que no se cambian solo con un entrenador.