Reus
Dos golpes y un muro (Reus 1-2 Poblense)
El conjunto rojinegro cae ante la mejor defensa del grupo tras conceder un gol antes y después del descanso. A remolque, costó superar a la zaga mallorquina y solo Ricardo Vaz lo consiguió en el 85', ya tarde para materializar la remontada

Sergi Casals lucha un balón dividido en el carril izquierdo.
Al Reus se le pegaron las sábanas ante el Poblense. Dos errores —uno antes y otro después del descanso— costaron dos goles, y atacar a la mejor defensa del grupo se convirtió en una quimera. Los rojinegros, a remolque, intentaron resolverla a base de dominio y paciencia, trenzando posesiones que rozaban la esperanza, pero solo Ricardo Vaz logró materializar el intento en el 85’, encendiendo una chispa cuando el cuerpo ya pesaba y los de Óscar Troya se atrincheraban con todo. El despertar llegó tarde: los reusenses, que acabaron asediando, nunca perdieron la fe, aunque los fallos atrás y la muralla mallorquina acabaron siendo un peaje demasiado caro.
El duelo tenía aroma de cita grande. Aunque la clasificación aún sea anecdótica, un primero contra segundo siempre tiene magnetismo. Dos equipos valientes, con hambre de balón y vocación de protagonismo. Así lo concibieron Marc Carrasco y Óscar Troya. El técnico rojinegro apostó por dos puntas resguardados por tres centrocampistas, delante de la línea de tres centrales y dos carrileros. Troya, pragmático, reforzó la banda a costa del centro, buscando el equilibrio que tan buenos frutos le ha dado.
Desde el inicio, el Reus buscó imponerse por dentro, con el balón como argumento. El conjunto balear apenas inquietó con un disparo lejano de Joan Prohens en el 4’ que se marchó a córner. Los reusenses, en cambio, gobernaban la pelota con autoridad, tanteando, midiendo, mostrando sus cartas.
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La primera ocasión clara nació a balón parado: córner desde la derecha picado por Xavi Jaime en el 17’, chut de Ramon Folch y parada milagrosa de Vicente Sabater. Pol Fernández cazó el rechace, pero el meta visitante volvió a sacar una mano salvadora, para alivio de Troya y los suyos.
A partir de ahí, el Poblense empezó a asentarse. Con calma, desde el repliegue, fue ganando terreno y confianza. El Reus seguía mandando, presionando alto e intentando robar cerca del área rival. De una de esas presiones nació una ocasión: Joan Torrents encontró a Ricardo Vaz, que desde el flanco derecho soltó un latigazo que Sabater desvió a córner.
El decorado era rojinegro, y Xavi Jaime quiso rubricarlo con su sello inconfundible. En el 31’, lanzó una falta desde la frontal que rozó la escuadra, con la parábola exacta que tantas veces ha firmado el capitán. El dominio se tornaba en colmillo, pero el Poblense aguardaba agazapado, paciente, con esa serenidad que caracteriza a los equipos seguros de sí mismos.
Y entonces, justo antes del descanso, arañó el primero. Tras una mano de Sergi Casals, Xesc Fullana colgó un balón al corazón del área desde la derecha. Martí Payeras se anticipó en el primer palo y cabeceó un envío que besó el poste antes de colarse. 0-1 y el plan de Troya en marcha: férreos atrás, letales al resquicio.
El segundo golpe llegó nada más empezar la segunda parte. Toni Penyafort cabalgó por la derecha, puso un centro tenso y Andy Alarcón, desafortunado, se marcó en propia puerta. El Reus pagaba a precio de oro cada desliz. El castigo, severo para lo visto sobre el césped.
Con el marcador a favor, el Poblense jugó cómodo, con esa autoridad que da la ventaja. Carrasco agitó el tablero: entraron Aitor Serrano y Miquel Ustrell en el 59’ por Pol Fernández y Joan Torrents, y el sistema mutó a un 4-3-3 más ofensivo. No era solo un cambio de piezas, sino de espíritu.
El dominio empezó a equilibrarse, y el Reus buscó el gol con insistencia, sobre todo a balón parado. Pero el tiempo corría, y los de Troya, fieles a su estilo, defendían con uñas, dientes y cabeza. El Reus, en cambio, pecaba de ansiedad, queriendo correr más rápido que el reloj. Tenía la voluntad, pero le faltaba el filo. El Poblense, sabio, intentaba dormir el partido desde la posesión.
Sin embargo, los rojinegros no dejaron de creer. Con intensidad, fueron hundiendo al conjunto mallorquín, que ya sabía que le tocaba sufrir. Llegaron las ocasiones: un córner rematado por Lluís Recasens en el 62’, un disparo desde la frontal de Xavi Jaime en el 67’ y un centro peligroso de Aitor Serrano en el 72’ que Ramon Folch no pudo dirigir con fuerza.
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En el 80’, Carrasco dio su último paso: Josep Ramon Sardà por Sandro Toscano, y un 4-2-3-1 lanzado al asalto final. Y la fe, al fin, encontró premio en el 85’. Aitor Serrano centró desde la izquierda y Ricardo Vaz, con alma y precisión, empujó al fondo de la red. La asistente levantó el banderín, pero el colegiado dio validez al tanto. 1-2 y el Reus volvía a latir.
El árbitro añadió seis minutos, convertidos en un asedio final. Los rojinegros cercaron al Poblense, que resistió con oficio y jerarquía, demostrando por qué es la mejor defensa del grupo. El Reus, fiel a su identidad, dominó, creyó y peleó hasta el último suspiro, pero pagó caro los errores y la falta de inspiración en los metros finales. La frustración se cerró con la expulsión de Miquel Ustrell en una tangana tras el pitido final. El fútbol, a veces, castiga al que más propone.