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La crónica del Nàstic-Marbella: El Nàstic respira gracias a Baselga (1-0)

Un solitario gol de Marcos Baselga devuelve a los granas a la senda de la victoria en un partido de poco brillo, pero con oficio

Marcos Baselga celebra su gol ante el Marbella.

Marcos Baselga celebra su gol ante el Marbella.Marc Bosch

Juanfran Moreno

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El Nàstic de Tarragona se llevó un sufrido triunfo frente al Marbella en el que hubo más oficio que brillo. Un solitario gol de Marcos Baselga fue suficiente para tumbar a un Marbella que planteó resistencia, pero no supo hurgar en las dudas granas.

El fútbol es un estado de ánimo y el Nàstic, ahora mismo, no es que esté inmerso en una fiesta. Va al trabajo con miedo porque anticipa la bronca del jefe antes de que ocurra. Juega con temor, y eso se nota. Los granas son esclavos de unos resultados que no acompañan y que han dejado a un entrenador por el camino recientemente.

El Marbella, que estrenaba a Movilla en el banquillo, no tardó en destapar sus intenciones en el Nou Estadi. Si la situación del Nàstic no es buena, la suya es directamente alarmante. Por eso plantearon un encuentro de refugio desde el inicio. Cada minuto que pasaba era aire puro para los marbellíes.

Una primera media hora de dudas

El Nàstic navegó durante la primera media hora entre dos aguas. No quería precipitarse ante el orden del Marbella, pero tampoco quería alargar las posesiones en la base de la jugada. Que no pasaran cosas no beneficiaba a los tarraconenses, pero sí a un rival que buscaba precisamente eso.

Apenas había amenazado el Nàstic en esa primera media hora y el ambiente estaba enrarecido. Una mezcla de impotencia y desespero revoloteaba por el feudo grana. La afición esperaba más, pero la llegada de un entrenador no suele ser milagrosa. Si hay problemas, tardan tiempo en subsanarse. No hay bisturí mágico y no todo es querer.

Baselga pone orden

El Marbella comenzaba a disfrutar del confort del empate, pero el Nàstic apareció en una de las primeras jugadas en las que supo hacer bascular la pelota. La acción nació en la derecha y terminó en la izquierda. Allí emergió el triángulo formado por Montalvo, Jardí y Delgado. Fue el de Riudoms quien, tras trabajar la jugada en ese costado, decidió meter un centro al corazón del área. Cedric y Baselga esperaban. El primero recibió y quiso hacer un control orientado que terminó convertido en asistencia. Mejor dicho: Baselga lo convirtió en un pase de gol. El comandante intuyó la acción antes de que sucediera y, tras llevarse el cuero y sortear al portero, disparó con poco ángulo, pero de forma certera. Se le fichó para eso, pero entre dinámicas y lesiones todavía no ha podido hincar el colmillo con la continuidad que desearía. Pese a ello, ya lleva dos… y los que quedan. No lo duden.

En la segunda mitad, el Nàstic salió en plena siesta y casi le cuesta caro. Los granas se vieron sorprendidos por un Marbella más decidido, consciente de que el paso del tiempo ya no le beneficiaba. Por fortuna para los locales, Rodri Ríos mandó a las nubes una de esas jugadas en las que el delantero rival recibe y remata demasiado solo. Un error que no pasó a la historia porque no acabó en gol, pero que reflejó claramente los males defensivos del Nàstic en este inicio de temporada. Por algo es el equipo más goleado. Nada es casualidad.

Parralo tuvo que intervenir viendo lo que estaba ocurriendo. La tragedia se mascaba. Un cambio fue obligado y el otro, intencionado. Primero entró Mángel por Óscar Sanz, tocado, y luego Álex Jiménez por Marcos Baselga. Hombre por hombre. Más energía para un Nàstic que la pedía a gritos, porque con lo que había en el campo daba la sensación de que el partido iba a terminar con sufrimiento. Mucho miedo a no ganar, y el Marbella cada vez tenía menos que perder.

Sufrimiento con premio

Los minutos finales fueron una agonía. El Nàstic sabía que tocaba sufrir y hacer algo que no domina: defender con uñas y dientes su portería. El Marbella fue con todo ante un conjunto grana que vio la tragedia ante sus ojos en varias ocasiones, pero que también tuvo la sentencia en dos acciones claras. En una faltó precisión y en la otra apareció Manu García para evitar el gol de Pau Martínez.

El Marbella amenazó hasta el final. Puso suspense en el partido e incluso pidió VAR por un posible penalti por agarrón que el árbitro no consideró. Ya en el descuento, el duelo se jugó en el alambre. Escassi casi se marca en propia y Adrián pudo ser verdugo grana, pero su taconazo salió muy flojo a las manos de Dani Rebollo.

El Nàstic volvió a ganar tras tres partidos sin hacerlo en liga. Salió de una emboscada con más oficio que fútbol, pero era un día para volver a ganar más que para volver a brillar. Una victoria para sentar unas bases sobre las que crecer.

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