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Albert Casanovas, jugador Mundial

El defensa del Reus le da el título de campeón del Mundo a la selección española con el gol definitivo en la tanda de penaltis ante Portugal. Su aportación en el campeonato ha resultado diferencial, ha marcado en todos los partidos decisivos y se ha consagrado como pieza indispensable. Raúl Marín,el otro rojinegro de España, suma su segundo campeonato

Marc Libiano

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La selección española celebra el título de campeona del Mundo. Foto: FEP

La selección española celebra el título de campeona del Mundo. Foto: FEP

Albert Casanovas (Reus, 1985) ha resistido el paso del tiempo, la oportunidad no le ha llegado hasta los 32 años, probablemente en la plena madurez de su carrera. Como su rol huye del ruido y de los resúmenes televisivos, ha necesitado esperar más tiempo de lo que seguramente merecía. El rendimiento de Casanovas lleva un puñado de años asomando por el máximo nivel. La llamada de Alejandro Domínguez, justo después de Semana Santa, le abrió las puertas de la selección. Antes del desafío mundial en China, se encargó de conquistar el continente como jefe de filas de su Reus.

Domínguez se arriesgó a cambiarle el paso al combinado. Dejó atrás el rastro imborrable de la mejor generación de la historia para diseñar una lista revolucionaria, que incluía la figura del reusense en la columna vertebral. Estamos hablando de un hockista que no entra por los ojos con rapidez, pero que en su extensa nómina de servicios incluye el suturar equipos. Casanovas es un dominador de tiempos, un tipo que entendió que para convertirse en imprescindible precisaba acaparar la intendencia. No exageramos si consideramos que en su cerebro se ha hallado el éxito de España.

En su primera aparición internacional ha aportado infinidad de papeles, incluso el del gol, alejado de su perfil a menudo. Casanovas ha marcado en todos los partidos de la fase final, ante Colombia, Italia y en el día elegido ante Portugal. En la final pareció manejar el guión. Marcó el 1-0 y escogió el último de la tanda de penaltis para sentenciar. Anotó ante un viejo amigo, un especialista como Pedro Henriques, el poderoso arquero luso que destrozó pronósticos en Reus. Ni siquiera pestañeó en la ejecución. Acudió a su pala para convertir con una tranquilidad de hielo. España recupera el trono con un nuevo héroe en casa; Albert Casanovas.

Los chicos de Domínguez necesitaron digerir una decisión arbitral sospechosa para atrapar el título. En ella se vio involucrado Raúl Marín (Reus, 1986), el otro rojinegro citado por Domínguez. A cuatro segundos para la conclusión y con 3-2 para España, una falta en el rincón a Diogo Rafael se convirtió en tiro directo sin aparente sentido. El empate de Helder Nunes oscureció la figura de Marín, que no regresó al juego, aunque no lamentó males mayores y celebró. Ya colecciona hasta Mundiales. Casanovas decidió echarle una mano a su socio en esa tanda fratricida, que huye a menudo de la justicia. No sólo culminó un penalti. Coronó un campeonato mayúsculo y se confirmó como un jugador Mundial.

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