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Albert Puig, un embajador del fútbol

El cambrilense combina su vocación de educador de futbolistas con el puesto de segundo técnico del New York City, de la MLS Soccer estadounidense

Marc Libiano

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Albert Puig, un embajador del fútbol

Albert Puig, un embajador del fútbol

Suele definirse Albert Puig (Cambrils, 1968) como un educador más que como un entrenador, aunque su extrema vocación por el fútbol le ha llevado a ocupar todos los rasgos. El último y el actual se encuentra en la inmensa Nueva York, el centro del mundo, la ciudad que aglutina un millón de culturas y en la que este cambrilense y la familia, Silvia, su pareja, y Estel, su hija, han instalado una nueva vida, en el barrio de Tribeca, en Manhattan

Domènec Torrent se ha erigido en un personaje clave en la nueva aventura de Albert Puig. Torrent siempre fue uno de los scouts de confianza de Pep Guardiola, en el ciclo histórico que el prestigioso técnico vivió en el Barcelona (2008-12). Hasta el punto que le convirtió en mano derecha durante la etapa en el Bayern Múnich, también bañada de éxito, una palabra que suele acompañar a Guardiola, quizás el estratega más revolucionario del fútbol moderno. Torrent y Pep compartieron experiencia durante tres años en Alemania, hasta que la franquicia del Manchester City se cruzó en sus vidas.

Cuando Guardiola tomó el mando del proyecto citizen en 2016 no se olvidó de su punto de apoyo más íntimo. Domènec ejerció de assistant coach hasta este mismo verano. La propuesta de expansión del City le modificó los planes. La dirección empresarial de la entidad le propuso la responsabilidad técnica del New York City FC, club que milita en la MLS Soccer estadounidense, de propiedad del City en un 80 por ciento del accionariado. Torrent entendió esa proposición como una puerta abierta para posicionarse. Hizo las maletas no sin antes coger el teléfono y marcar el número personal de Albert Puig. Quería al cambrilense como segundo entrenador. Aceptó.

Torrent y Puig se han reunido de nuevo tras una relación que se gestó en la Ciudad Deportiva del Barça, cuando en los despachos se creó una especie de sanedrín futbolístico fascinante. El cambrilense ejercía de director del fútbol formativo azulgrana (2010-14). Antes había laborado de entrenador de la Masia. En 2007 obligó al alevín B a marcarse un autogol como gesto de fair play ante el Espanyol, en un torneo de Semana Santa Santa en Peralada. El gesto dio la vuelta al mundo. Comulga a la perfección con el ideario de Guardiola y Torrent.

En Nueva York, este formador con un ramillete de descubrimientos talentosos indiscutible, ha precisado adaptarse a otra rutina. La de campo diario, de la contacto permanente con actores profesionales, ya curtidos en el oficio y con otro tipo de códigos. Se levanta pronto para invertir una hora de carrera continua por las calles de Manhattan, justo antes de partir hacia la Ciudad Deportiva. 

La Academia del New York City se encuentra a 40 minutos en auto de Manhattan y Puig accede a su trabajo sobre las 8.00 de la mañana, donde se junta con el resto del cuerpo técnico para desayunar y preparar la sesión de entrenamiento. El cometido no sólo se centra en el campo, existe una labor de análisis posterior, tanto de rivales como de la propia plantilla. De ahí que el staff se vacíe en los despachos hasta ya entrada la tarde, cuando Puig regresa a casa y dedica el resto del día a su familia. «Todo lo que estoy haciendo desde que salí del Barça no solo se trata de un proceso deportivo. Es un proyecto de vida con mi familia», admite.

En el estadio de los Yankees
El equipo de Torrent y Puig, en el que había militado David Villa hasta la pasada temporada, se exhibe como local en el Yankee Stadium, la casa de los Yankees de Nueva York, el mítico club de béisbol de la ciudad. Dispone de una capacidad para 60.000 personas y para los días de soccer, el New York City suele llenar la mitad del aforo, con 30.000 hinchas que poco a poco se van identificando con el fútbol, al que le cuesta emerger en Estados Unidos. El New York ocupa la cuarta plaza de la MLS, un campeonato de organización milimétrica y cada vez más atractivo. Albert Puig comprueba en USA esa cultura del espectáculo con la que se enfoca el deporte. «Si ganas está bien, pero no es una prioridad absoluta». Un modelo distinto del deporte.

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