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Alejandro Catena, un mariscal inesperado

Su fichaje, procedente del Marbella de la Segunda B, llamó poco la atención este verano. El central sólo ha necesitado 10 fechas para consagrarse como un descubrimiento fascinante. Debuta en la categoría, pero se expresa con una autoridad inusual

Marc Libiano

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Alfredo González

Alfredo González

Alejandro Catena (Madrid, 1994) se esconde bajo una aparente fragilidad, aunque la apariencia no suele ser sincera. A simple vista se acerca más a un jugador de baloncesto que otra cosa. Podría pasar perfectamente por un interior de los Bulls, sus 194 centímetros le delatan. La anatomía que la he ofrecido la naturaleza no le ayuda a pasar desapercibido. En contra de los pronósticos, Catena se decidió por el fútbol y hace unos meses llamó la atención de Sergi Parés y Ferran Asensio, los jefes de la parcela deportiva. Le hicieron un marcaje milimétrico mientras se expresaba en el Marbella, de la Segunda B. La marcha de Pichu obligaba a otro descubrimiento ingenioso. De nombre, Alejandro Catena Marugán.

Cuando el Reus publicó de forma oficial esa adquisición, los adeptos pensaron más en un complemento que en un actor star system con cierta lógica. Catena no contaba con tradición en el fútbol profesional, aunque en el último verano había destacado en la promoción de ascenso a Segunda A con el Marbella. Precisaba dar un salto cualitativo a su carrera, impulsar su juego. Con sólo 23 años, el Reus le abría una puerta irrechazable. 

Espigado, flaco, de impresión descuidada, el guardián no invita a la fiabilidad a primera vista, pero se ha acostumbrado a romper prejuicios. Parece lento, pero no lo es. Descordinado, pero no lo es. Tierno, pero no lo es. Catena, en 10 apariciones, ha borrado sospechas. Se ha aposentado en el once con una personalidad fascinante. Se ha exhibido por los estadios con un juego de altura inesperada. Eficaz en el registro defensivo, dominador indiscutible del juego en las alturas, ha enseñado además destreza para manejar la pelota. En la salida del balón también actúa con orden y coordinación. Se comporta con una autoridad inusual.

La carta de presentación de Alejandro Catena avala el trabajo de campo que llevan a cabo durante las horas de oficina y ordenador Sergi Parés y Ferran Asensio. Como con Pichu Atienza han descubierto otro central para tiempo, todavía más jovial si cabe. El madrileño no ha cumplido los 24 años. La gestión deportiva nunca ha estado bajo discusión. Los resultados hablan por ella. Catena tiene contrato por tres temporadas.

La tarde perfecta
El central corroboró todas las excelentes impresiones que había dejado en la décima fecha. No pudo elegir mejor escenario, lució virtudes en el Estadi, en el partido de la reconciliación con el éxito. Además, dispuso de un papel primordial. Catena dominó todos los registros del juego. Ante la exigencia de los rápidos atacantes del Rayo, sobre todo Aitor, mantuvo la firmeza. Dominó las alturas con jerarquía y no paró de postularse para el origen de los ataques. Muchos nacieron en sus botas. A toda esa hoja de servicios añadió un remate crucial para el devenir de la tarde. 

A los 50 minutos, el Reus volvía a remar contracorriente. Su enemigo, el sorprendente Majadahonda, había tomado ventaja sólo un suspiro antes del saque de esquina que, como siempre, ejecutó Gus Ledes, en la parte derecha de la ofensiva rojinegra. Gus envió una pelota llovida al corazón del área, como cuando el base le lanza un alley oop goloso al pívot de baloncesto. En este caso, Catena remachó la acción con testa, desde la novena planta de su edificio. Fue gol y valió un empate, además de una dosis de autoestima descomunal para el equipo.
La gesta la culminó Juan Domínguez en una dulce agonía, aunque la tarde perfecta la firmó Catena, el nuevo mariscal del Reus.

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