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Aliado grana en Mallorca

Josep Mallol llegó a ser uno de los 300 socios más antiguos del Nàstic, a pesar de que reside en Baleares desde hace 28 años. Su tío, el Jaumet del Serrallo, le insufló su pasión grana

Jaume Aparicio López

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Josep Mallol lleva el Nàstic y el Serrallo en el corazón pese a la distancia. FOTO: CEDIDA

Josep Mallol lleva el Nàstic y el Serrallo en el corazón pese a la distancia. FOTO: CEDIDA

La imagen en sepia sitúa a Josep Mallol en el Estadi de la Avinguda Catalunya. Con apenas tres añitos, su tío Jaume, futbolero y nastiquer de soca-rel , se encargaba de llevarlo a cada partido del Nàstic en Tarragona.

Tomaban el autobús en ese Serrallo que los despedía con besos salados y augurios de pescadores. Josep recuerda con precisión la ubicación en el campo. «En el córner que quedaba entre la grada que da la espalda al mar y la zona de Tribuna», detalla con un fuerte acento marcado por sus 28 años residiendo en Mallorca.

Desde allí veía como su tío el ‘Jaumet’ del Serrallo –el mismo que quedó inmortalizado como en uno de los Capgrossos de la Colla Gegantera del Serrallo, Jaume ‘El Cagueta’– «chillaba, ya fuera al línier o al jugador rival que se acercaba para patear el saque de esquina».

La relación de Josep Mallol con el Nàstic pasó a convertirse en patrimonio sentimental. Tanto que cuando en 1988 la vida le hizo cambiar la costa tarraconense por Mallorca se llevó consigo el carnet de socio del club grana.

Durante 20 años mantuvo la afiliación a la entidad pese a las dificultades de cualquier relación a distancia. Mientras amigos y familiares aprovechaban su carnet para acudir al Nou Estadi, él se tenía que conformar con las escasa visitas de los grana a Mallorca para poder disfrutar del equipo en directo.

Lo pudo hacer en Primera división como invitado de lujo. Josep se puso en contacto con el club pidiéndoles un par de entradas. «Era socio y no podía ir nunca al Nou Estadi, al menos, una vez que venían a mi casa, poder ir sin tener que pagar», explica. La directiva respondió a su petición regalándole «dos entradas de Tribuna que fui a buscar al hotel donde se concentró la plantilla».

Ese 1-0 favorable a los bermellones fue la última ocasión en la que vio el Nàstic en directo. Luego, la relación fue enfriándose hasta que no hará ni 7 años dejó de ser socio.


‘Portant’ del Serrallo
El Nàstic no fue la única unión que se llevó a Mallorca. Josep Mallol es portador del paso del Sant Enterrament del Gremi de Marejants del Serrallo. Aún hoy en día asiste religiosamente a cada uno de los ensayos y consiguientes procesiones. «Cojo el avión el viernes a hora baixa para ensayar y regreso el sábado», explica Josep Mallol.

Nada le haría dejar esos ratillos junto a pescadores, amigos de toda la vida y gente del barrio que entre cartas y fichas de dominó le ponen al día de todo lo que sucede en el barrio. Para Josep sus orígenes son indestructibles.

En Mallorca ha formado su propia familia. Llegó bebiendo los vientos por la que hoy es su mujer y a la que conoció en la Universidad de Barcelona. Él estudiaba Económicas, mientras que ella lo hacía en la Facultad de Medicina.

«Estoy feliz en Mallorca, donde tengo a toda mis hijos y nietos, pero es imposible dejar atrás mis orígenes».

Casi toda la familia, puntualiza. Su hija Naira ha recorrido el trayecto a la inversa de su padre. Nacida en Mallorca puso rumbo a Tarragona y ahora reside en Valls, desde donde dirige los Xicots de Vilafranca, de la que es Cap de Colla. Y es que los castells siempre han estado presentes en la familia Mallol. Josep junto con Isidre, otro tarraconense afincado en la isla, pusieron los cimientos de los Castellers de Mallorca.

El aroma del Serrallo impregnó los inicios de los colla. Se hermanaron enseguida con els Xiquets del Serrallo y como color de camisa eligieron... el grana.

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