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Álvaro García, de símbolo a profesor

El excapitán del CF Reus ha vuelto al club para dirigir al juvenil B. La pasada semana perdió a su padre y sus jugadores le homenajearon en el vestuario

Marc Libiano

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Álvaro, agachado en el centro, recibe el apoyo de toda la plantilla del juvenil B rojinegro. Foto: Cedida

Álvaro, agachado en el centro, recibe el apoyo de toda la plantilla del juvenil B rojinegro. Foto: Cedida

«El fútbol me dejó a mí, no yo a él. Me cuesta ir al Estadi, porque no lo he asimilado. Yo me siento futbolista, quiero jugar». Álvaro García (León, 1981) cultivó una pequeña leyenda vestido de rojinegro, defendió el escudo del Reus durante nueve temporadas (2004-2013), las seis últimas como líder y capitán de aquel vestuario de amigos, que devolvió al Reus a Segunda B en tiempos de escasez y peligros de desaparición. Dos ascensos a la categoría de bronce (2005, 2011) culminaron una historia de sentimiento indiscutible. Sólo una lesión degenerativa en la rodilla derecha le obligó a bajarse del barco, mucho antes de lo que él imaginó. Ocurrió en junio de 2013.

Álvaro ha necesitado retener ese entusiasmo por el fútbol en la posición más cercana al césped, la del entrenador. Dispone de los dos primeros niveles exigibles por el papeleo y la normativa. Aprendió a dar los primeros pasos en el Vilafortuny, donde reside desde la infancia. Ascendió al equipo de Cuarta a Tercera Catalana en la experiencia inaugural. En todo caso, él necesitaba adrenalina profesional. Máximo compromiso y un respaldo institucional de prestigio. Tardó en volver a casa, a su Reus, pero una llamada de Marc Carrasco, compañero de aventuras en aquel equipo histórico y uno de los coordinadores del fútbol base rojinegro le cautivó. Hace sólo tres semanas. 

El reencuentro
Marc Carrasco e Iván Taranilla manejan la cantera del Reus desde hace año y medio, tras el legado que cosechó Xavi Castro. Taranilla conoce al milímetro el carisma de Álvaro. También convivió con él, lloró y celebró derrotas y conquistas en edad de apogeo futbolístico. El fichaje del excapitán se resolvió en un almuerzo distendido, en el que la negociación duró cinco minutos. Álvaro aceptó tomar las riendas del juvenil B, un auténtico caramelo para empezar a impartir magisterio. 

«El Reus nos hará siempre mejores a nosotros, no al revés. Nadie está por encima del club», así se presentó en ese vestuario donde conviven un puñado de chavales soñadores, aspirantes a derribar esa puerta sagrada del Estadi. Álvaro sólo aspira a ayudarles en la fase crucial de la formación, en la antesala del querer o no querer dedicarse al fútbol. También del poder o no poder. Los valores que mostró aquel vestuario que él mismo capitaneó tienen mucho que ver en la educación de su nuevo plantel.  No en vano, el club ha rescatado piezas comprometidas con la causa como Ferran Asensio, en la dirección deportiva, o David Sangrà, técnico del alevín, para mantener señas de identidad y arraigo indispensables. 

El juvenil B del CF Reus acumula tres fechas sin conocer la derrota, con dos victorias y un empate, y ve más cerca el desafío de consolidarse en la categoría Preferente, la que vio peligrar hace algunas semanas. Admirador del arte que exhibe cada domingo el portugués Vítor Silva, Álvaro no oculta sus preferencias. Apuesta por un estilo de ataque, por algo actuó como mediapunta en su tiempo de gloria. 

Un detalle inesperado
Hace justo siete días, el nuevo técnico de la fábrica de talento del Reus perdió a su padre José y la tristeza caló en el vestuario del juvenil B. Hasta el punto que los chicos prepararon una sorpresa inesperada para el ‘jefe’. Este fin de semana, el Reus se medía al Sant Ildefons y Álvaro, a pesar del duro golpe emocional que sufrió, no se quedó en casa. Acudió a sus obligaciones técnicas y dirigió al Reus hacia el éxito, en un partido sufrido, pero que acabó con sonrisas. El 2-1 final decoró un detalle que el entrenador no olvidará. Sus jugadores se encerraron en la caseta para organizar dos camisetas firmadas, una por toda la plantilla y otra en la que destacaba un lema grupal fascinante. «Yo soy nosotros». 

Cuando el míster apareció por el vestuario, los abrazos y el acto de unión colectiva ante la dificultad compensaron esas primeras tres semanas de trabajo y aliviaron un dolor que, a Álvaro, le consumía por dentro. Ese regalo culmina un regreso esperado por la familia rojinegra. «Para mí no deja de ser un sueño», reafirma el excapitán de aquel barco imborrable. Un tipo que no pierde de vista lo que fue y que vislumbra lo que será. Un símbolo que

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